lunes, 14 de noviembre de 2022

UN EJEMPLO DE HONESTIDAD EN PERUCHO



Perucho es una parroquia rural que se encuentra en el corredor turístico de la “Ruta escondida” del cantón Quito.

Es la más antigua del distrito metropolitano de Quito en la provincia de Pichincha.

Este lugar ecuatoriano, conserva aún su iglesia patrimonial de madera (roble, cedro y especies desconocidas) construida en entre 1650 a 1700 y destruida en 1868 a causa del terremoto de Ibarra suscitado en ese año.


En la plaza central de este pueblo encontramos una curiosa placa descriptiva con la síntesis de un relato escrito por el padre Severo Gómez en la que pone de manifiesto la honradez de los habitantes peruchanos.

La placa en mención dice así:

PLAZA “LOS TRES MANUELES”

En honor a Manuel Alfaro, Manuel Castelo y Manuel Cifuentes, ilustres personajes de la
naciente república, referentes de la honradez de los Peruchanos. “Los tres Manueles”, nos llena de orgullo cuando revisamos la historia de uno de los capítulos de la vida de García Moreno y recreamos su hazaña.   Ellos encabezaron la gestión para la reconstrucción del pueblo después de la devastación que dejó el terremoto de Ibarra de 1868.

Viajaron a Quito para solicitar ayuda al gobierno. 

Regresaron con los recursos y con la colaboración de la comunidad lograron reconstruir algunas edificaciones importantes, entre ellas nuestra iglesia. 

Finalizados los trabajos, nuevamente fueron a visitar el Palacio de Gobierno en Quito y fueron recibidos por el propio mandatario quien les interrogó: “ustedes Peruchanos otra vez aquí, ¿quién les ha llamado?  Los tres manueles” respondieron “nuestras conciencias, pues hemos venido a devolver el dinero que nos ha sobrado”.  

El Presidente maravillado de este gesto exclamó: hombres honrados como ustedes necesita la Patria y les pidió que colaboraran en la administración de las aduanas en Guayaquil.

 

Síntesis tomada del libro: “La vida de García Moreno”, del padre Severo Gómez







EL PAILÓN DEL DIABLO


 

A 17 Km.  desde la ciudad de Baños de Agua Santa en la provincia de Tunguragua, se llega a la parroquia Río Vede en donde está ubicada la cascada “El Pailón del Diablo”.

Es una hermosa experiencia para quienes la visitan al observar la naturaleza pura y la caída de agua que sobrepasa los 80 metros de altura.

Es un lugar turístico maravilloso visitado por cientos de personas, especialmente los fines de semana y días feriados.

¡Experimente usted!..

miércoles, 28 de septiembre de 2022

CRISTÓBAL PADILLA COX, ABRIÓ CAMINO AL ORIENTE Y FUNDÓ EL PUEBLO “SAN ANDRÉS”

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

Publicado en la Revista Cultural digital LOJA GRITA ARTE N°10, página 19 y 20.

Una historia que pocos la conocen


Luego de algunas expediciones de exploración al oriente ecuatoriano, que las inició en 1953, el soñador y visionario Cristóbal Padilla Cox, acompañado de un centenar de valientes hombres de Amaluza, Jimbura y Cariamanga, el 30 de noviembre de 1961 fundó el barrio San Andrés, hoy floreciente parroquia del cantón Chinchipe en la provincia de Zamora Chinchipe.  Los sobrevivientes de esta histórica odisea, cuentan que, en este lugar, ese día, en medio de la enmarañada selva, izaron la bandera del Ecuador; y el Padre Andrés Gómez (español) integrante de la caravana, fue quien ofició la primera misa en honor a su fundación.

¿De dónde vino Cristóbal Padilla Cox, pregunté?  ¡No sabemos, me respondieron las personas con las que conversé! Él nunca nos contó, por lo que el conglomerado social de esta zona especuló y tejió increíbles leyendas en torno a su procedencia.

En Jimbura, don Juan Bautista Delgado dice: “Verá, don Cristóbal Padilla llegó a nuestro pueblo como mandado de Dios. Eso fue en 1954. Nunca nos contó su lugar de nacimiento, unos decían que es de Cuba, otros que es del Perú, otros en cambio que es espía, y así…  Cuando llegó, solamente dijo que su aspiración era abrir un camino al Oriente y llegar a Zumba; y así lo hizo.  Juanito Sarango me contaba que a Cristóbal lo conoció en la hacienda de Tabloncillo, luego vivió en Cariamanga, y a los dieciocho años de edad entró al servicio Militar y de ahí vino a Jimbura”.

La señora Sonia Calva, en San Andrés, cuenta que su papá se llamó Juan Rómulo Calva Girón, y que él decía: “en ese tiempo nos azotó una tremenda sequía en Jimbura, por lo que las siembras que realizamos se perdieron, los animalitos se murieron, escasearon los alimentos y la hambruna hizo presa de nosotros. ¡No teníamos qué comer!  Por esta razón, muchas madres de familia cambiaron a sus hijos por alimentos. ¡Fue terrible!

Pero, Dios es grande, vino don Critóbal Padilla y organizó a la gente de Jimbura y Amaluza para abrir trocha en la montaña y entrar a las tierras baldías del oriente y llegar hasta el actual pueblo “San Andrés.”

En tanto que, don Vicente Jiménez Abad de 90 años de edad, dice: “yo nací en Jimbura.  Con don Cristóbal nos hicimos amigos allá. Él me invitó venir acá a San Andrés.  Entonces, con un grupo de veinte personas venimos y llegamos hasta Las Vegas, aquí construimos una chocita y sembramos unas plantas de guineo.

Como el lugar era muy fértil, don Cristóbal nos insinuaba a poblar. ¡Tienen que regresar a estas tierras nos decía! Nosotros le decíamos que sí y entonces él para asegurarse de que cumpliríamos, procedió a comprometernos bajo juramento.

Nos formó en fila y a cada uno de nosotros nos hizo jurar que íbamos a seguir viniendo.  ¡Todos cumplimos! De entre ellos los recuerdo a:  Artemio Cordero y Justo Calva.

 Con este compromiso, en Jimbura nos organizó y comenzamos a construir el camino para venir.  En el inicio hacíamos cinco días para llegar hasta aquí, luego íbamos enderezando el camino y hacíamos tres.

Justo Calva y yo fuimos los primeros que nos radicamos aquí y a Jimbura regresamos después de un año.  Sembramos: papa, zanahoria, guineo, plátano, maíz. En un inicio cultivamos para nuestro consumo; pero cuando comenzó a llegar más gente, vendíamos porque ya había compradores.

Luego de radicados aquí, salíamos a Jimbura cada tres meses para abastecernos de los productos básicos como: sal, dulce, arroz, fósforos y más. Yo cargaba al hombro desde Jimbura dos arrobas de peso, igual lo hacía Justo.

 

SAN ANDRÉS VIEJO Y SAN ANDRÉS NUEVO



Don José Miguel Jiménez dice:
“cuando tenía 26 años de edad, vine de Jimbura a San Andrés con cuatro amigos, esto fue en 1968. Nuestro propósito era llegar a Zumba, pero como nos gustó el lugar, nos quedamos aquí y dos años más tarde me casé.

El pueblo no era aquí, era arriba en Las Vegas, ahí se conserva aún una cruz grande que lo identifica. Cuentan que en ese lugar el Padre Andrés Gómez celebró su primera misa.

Como el barrio crecía y sus casitas distaban una a otra, entonces, en calidad de Presidente de la Pre – cooperativa de colonización Santa Marianita de Jesús, le propuse a don Vicente Augusto Jiménez que nos venda o nos cambie con el terreno comunal del frente, el terreno que él compró a don Bolívar Ontaneda. Esto lo hice con la finalidad de reubicar a San Andrés, porque este lugar prestaba mejores características y proyecciones.  Como don Vicente aceptó, comenzamos nuestro trabajo, primero iniciamos con la construcción de la casa comunal. ¡Eso fue el comienzo!



Posteriormente, el trazado de las calles realizó un señor entendido en la materia de apellido Robalino
que trabajaba en el Consejo Provincial de Zamora Chinchipe.  Todo lo hizo al ojo. Le decía al compañero de trabajo, corta una vara larga y coloca la una aquí y la otra allá, y así no más trazaba, sin teodolito ni más aparatos.  A todo el terreno lo dividió en las manzanas que son las que existen ahora.  Dijo, aquí va a ser el parque, alrededor las calles.  Dejó el espacio para la construcción de la iglesia, para el sub centro de salud, para la escuela y más.

Una vez que se terminó el trazado de calles, fue el IERAC en 1975 quien entregó los lotes a los primeros pobladores. Recibieron entre ellos: Leovigildo Gahona, Leoncio Gahona, Miguel Alberca, Carmen Abad, Fidel Alberca, Melva Jiménez, Roberto Jiménez, Rodolfo Merino, Napoleón Merino, Nicanor Abad, Juan Delgado, Emiliano Abad, Gilberto Abad, Vitaleano Peña, Vicente Augusto Jiménez y Justo Calva entre otros. De todos ellos, unos se quedaron aquí, otros vendieron y otros ya fallecieron


Ahora, en San Andrés Viejo, como recuerdo solamente se conserva el cementerio, lugar en donde se enterraron los primeros habitantes. Hay trece sepultados: dos adultos y once niños.  Ahora ya no se entierran ahí porque tenemos un cementerio nuevo.

Don Cristóbal Padilla fundó San Andrés arriba en las Vegas; pero él no supo que se lo reubicó aquí, porque cuando resolvimos hacer esto, él ya falleció.

 

¿CÓMO LO DESCRIBEN A CRISTÓBAL PADILLA COX?

Todos quienes lo conocieron y trataron con él, coinciden en calificar la calidad de persona que fue: humanitario, generoso, servicial y sobre todo de sentimientos muy nobles.  La señora Melva Petronila Abad, dice: “don Cristóbal Padilla fue muy amigo con nosotros. Yo lo conocí desde cuando se casó con la señorita Yolanda Torres en Amaluza. Era un hombre muy servicial, inteligente, alto, blanco, barbado, ojos verdes, simpático, amable y muy caritativo.  Fíjese, era el “médico del pueblo”, curaba a todos los enfermos de esta zona y al que tenía dinero le cobraba, al que no tenía le esperaba o no le cobraba.  Lo que le interesaba es solucionar el problema.  Sin importar el lugar en donde esté el enfermo se movilizaba caminando o en acémila a cualquier hora del día o de la noche.

Fue un gran hombre y un gran líder, un caballero que se ganó el aprecio, cariño y respeto de todos”.

 

MICROBIOGRAFÍA DE CRISTÓBAL PADILLA COX

En un artículo (Epopeya de un caminante) publicado en abril del año 2012 por los profesores: Walter Aguirre y Manuel Cabrera, en la revista Yaguarzongo N°38, órgano de difusión de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Zamora Chinchipe, en la página 29 refiriéndose a don Cristóbal dice:

“Cristóbal Padilla de Cox Galarza, nace en Galápagos el 19 de octubre de 1927, su padre fue don Exequiel Padilla de Cox y su madre la señora matrona Carmen Galarza, su niñez transcurre en Tulcán, con la familia Velasco la misma que le prodigó amor y abrigo hasta su juventud, su educación la realiza en el vecino país del norte Colombia, luego llega a la provincia de Loja a la edad de 19 años a trabajar en una hacienda del cantón Calvas, además ingresa a cumplir  su año  de conscripción en el ejército en el BI – 20 capitán Díaz de la ciudad de Cariamanga, ejerce las funciones de enfermero realizándolo de muy buena manera.  (---)”

Falleció el 24 de abril de 1968 en un trágico accidente de explosivos en el sitio Las Cuevas, mientras se encontraba junto a otros compañeros dinamitando una roca, para dar paso al camino que hoy se comunica con la ciudad de Zumba en el cantón Chinchipe.

Su pasión y entrega a una noble causa para los pueblos sur orientales es poco conocida a través de los textos oficiales. Más la conocemos a través de la memoria oral que guardan los pobladores de Amaluza, Jimbura y San Andrés.

Para perennizar su nombre, en el parque de la parroquia de Jimbura, hay un descuidado monumento con la efigie de Don Cristóbal Padilla, construido por el I. Municipio de Espíndola en el año 2004. El Lic. Manuel de J Andrade, en calidad de Alcalde, en una placa recordatoria, en pocas palabras resume la valía de este hombre soñador, que en ningún momento buscó la gloria, sino el bienestar de sus semejantes.

El texto en referencia dice:

“Hombre de extraordinario talento: visionario e impulsor heroico del camino que unió Jimbura con el valle selvático ahora llamado “San Andrés” y Zumba.   Junto a un grupo de valientes jimburenses, cristalizó su anhelo incomprendido y que hoy en día permite la supervivencia de más de 300 familias de Espíndola y otros lugares”.

 

Lic. Eduardo Pucha S.

Loja, 6 de julio de 2022

lunes, 25 de julio de 2022

MI TRAPICHE MANUAL

“A veces, las cosas más pequeñas ocupan el espacio más grande en nuestros corazones…”



Qué hermoso resulta, sembrar y ver crecer las plantas, ¡verdad!

Por eso, en la superficie de un pequeño lote de terreno, disfruto sembrando unas pocas plantas de guineo y cítricos.  A más de ello, aunque el espacio es reducido, a un lado del huerto planté una caña de azúcar.  El resultado, bastante gratificante. Creció muy vigorosa y señorial.  A un año, cortamos sus fornidos y largos brazos para saborear en tajaditas su exquisito jugo.

No faltó un nieto ocurrido en la familia, que en broma dijo: Abuelito, ¡ya hay caña!, ahora nos hace falta el trapiche.  Es cierto, me dije. En ese momento, sin demora despertaron mis recuerdos de hace cuarenta y tres años, e imaginariamente me trasladé al barrio Tailín (línea de frontera con el Perú), perteneciente a la parroquia Jimbura del cantón Espíndola, porque ahí por primera vez, conocí un trapiche de madera bastante rústico, que movido por unas palancas bien grandes hacían girar unos rodillos en el que exprimían pedazos de caña y en un pequeño balde recibían el jugo.

Alegres y animosos, molían entre dos, a cada lado una persona hacía dar la vuelta la palanca y los rodillos trituraban la caña. Estaba colocado en las cerchas de un trípode de madera bien clavado en el suelo para que tenga firmeza. Dicho trapiche, no creo que esté en pie. Ahora, difícil que vuelva a ver uno así. ¡Ya no existen!, se quedaron solamente para el recuerdo.


Para complacer la ocurrencia, y con el deseo que sacar jugo a las cañas que estaban madurando, acudí donde mi paisano Wilber Satama, dueño del “Grupo Industrial SAMI”, a proponerle que me haga un trapiche manual, quien gustoso dijo, bueno, pero tráeme la muestra o sugiéreme la idea.  Así fue, le di todos los detalles de cómo quería y arreglado el asunto. Del costo no hablamos una sola palabra, porque lo que más deseaba, era tener el trapiche y en la primera reunión familiar, estrenarlo, moliendo y tomándonos guarapo fresco con jugo de naranja agria y trago de punta.

Esto fue en abril.  A los pocos días, concretamente, el seis de mayo (2022) me llamó para que lo vaya a retirar.  ¡Qué alegría y emoción!  Inmediatamente acudí y apenas llegué al taller, mis miradas, ansiosas se dirigían directamente al trapiche.

-          Hola Eduardo. Ahí está la obra, me dijo. ¡Qué te parece! 

-          Genial, respondí.


-          Compramos cañas y ya lo estamos estrenando para

entregártelo probado –continuó-, sírvete un vaso de guarapo con piquete. 

-          Salud… dijimos, y tomamos los dos.

 Cuando me lo entregaba, pregunté el costo, porque cuando le contraté, no convenimos en nada. ¡Oh sorpresa!  No vale nada, paisano –me dijo-. 

 -          No puede ser, le dije.

-          Te mereces eso y mucho más, -continuó-

-          ¿Pero, por qué?

-          Porque tú eres el “obrero de la literatura popular”, el cronista de las leyendas y tradiciones de mi pueblo; recíbelo como una recompensa a tu trabajo intelectual, porque gracias a eso no las dejas que se pierdan o se queden olvidadas. ¡Te lo mereces …!

 Con este generoso gesto, Wilber me dejó sin palabras, porque un reconocimiento como este, no lo


esperaba.
  Sorprendido y sonrojado estiré mis manos a recibirlo. Él continuó, te lo entrego sin protocolos, programa, ni discursos, pero sí, con el corazón lleno de sinceridad y humildad.

Gracias Wilber le dije, pero así no fue el trato.  Tranquilo, tranquilo… continuó, el trapiche es tuyo.

Este regalo, es el mejor reconocimiento que he recibido de las manos de un entrañable amigo de Chuquiribamba, poseedor de un corazón noble y generoso.

Gracias. gracias, estimado Wilber, este presente, lo guardaré por siempre en mi corazón.

 

N.B.- Cuando terminé de escribir este relato, junto con mi familia ya disfrutamos el trapiche, moliendo
las cañas y sirviéndonos un exquisito guarapo con naranja agria, punta de Malacatos y unos cubitos de hielo.

martes, 19 de julio de 2022

HAZAÑA DE NAÚN BRIONES EN YAMANA

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador


 
Saludamos a Yamana, en el cantón Paltas, provincia de Loja, la celebración de su Trigésimo Segundo aniversario de parroquialización.

Yamana es un pintoresco pueblo de nuestra geografía, lleno de historias, leyendas y atractivos turísticos, como los petrograbados en roca, en: La Arrinconada, Polo Polo y Barrial Blanco.

Además, por este lugar caminó el bandolero social lojano, Naún Briones, en la década de los años treinta del siglo anterior.


R E L A T O:

NAÚN BRIONES, BURLÓ A LA GUARDIA EN YAMANA


Don Sixto Monge tiene 87 años.   Nació en Yamana y cuenta que cuando niño recuerda que
en este lugar solamente existían tres casas: la de don Segundo Balcázar, la de Encarnación Jiménez y la de su papá, más conocido como Pachi Gato. Era una pampa llena de faiques y montes. Comenzó a poblarse en 1945. 

Personalmente no conocí a Naún Briones, pero mi padre decía que era un joven inteligente y
astuto. Por aquí siempre pasaba cuando se iba a Catacocha con don Honorato Salcedo. La policía lo perseguía sin éxito.

Arribita, en la loma de Alusaca vivía Jesús Riofrío, gran amigo de él. Una noche mientras tomaban, un pelotón de policías los había cercado y apenas se dio cuenta huye pampa abajo. Los policías corren y corren tras él disparándole, pero no logran capturarlo.

Allá en la otra loma, vivía don Agenor Pangay, entonces a unas cuadritas más allá, en la rama de un motoco cuelga encendida su linterna confundiendo a los policías. Por la luz que irradiaba la linterna, pensaban que estaba ahí y comenzaron nuevamente a cercarlo a la redonda, más ocurre que resultaron engañados y burlados porque él ya se les escapó por otro lado hace rato. Cuando llegaron al árbol encontraron solamente la linterna.

 


Tomado del libro: Naún Briones, leyenda y tradición, Tomo 2, página 90.

Autor: Eduardo Pucha Sivisaca.

 

 

 

miércoles, 15 de junio de 2022

TOTUMITOS, LUGAR ENCANTADOR Y MÁGICO



¡Posiblemente, no conocen, pero es un lugar pintoresco y atractivo!

Totumitos es un lugar escondido que se encuentra ubicado aproximadamente a ocho kilómetros de la parroquia Limones en el cantón Zapotillo. Limita con el Perú y está junto a la reserva del bosque seco.  Tiene características muy propias por su entorno natural y paisajístico, convirtiéndolo en un lugar muy apropiado para hacer turismo ecológico y comunitario.

 Habitan en este lugar catorce familias cuya actividad principal es crianza de cabras y en la época de inverno siembran maíz y otros productos de temporal.

Don Eliecer Álvarez, dice que le contó su abuelo, que en la antigüedad aquí vivían los


Huacos, supuestamente una cultura antigua a quienes ellos la denominaban gentiles. Cuando niño encontré en una peña seis hachas de bronce, que lamentablemente después de un tiempo mi padre las vendió.

La vida es muy dura aquí, dijo. Hasta el año 2007 no teníamos agua. Así vivieron nuestros padres y abuelos por décadas. Para proveernos del líquido acudíamos a un pozo que estaba bien distante en una quebrada seca y desde ahí la transportábamos al hombro o en burros en unos recipientes de plástico o en tanques.

A partir del 2007, gracias al Alcalde de Zapotillo el Ab. Ramiro Valdivieso quien realizó un convenio con otra institución nos instalaron una bomba pequeña para succionar el agua desde la profundidad de una quebrada y llenar el tanque grande para luego distribuirle al barrio a través de mangueras. Ellos pusieron los técnicos y la bomba, en tanto que nosotros colaboramos con la mano de obra no calificada.

Ahora, yo me desempeño como operador de la bomba y son los mismos usurarios quienes me pagan la cantidad de cincuenta dólares mensuales para bombear mínimo tres veces al día para que no falte el agua en los domicilios.

Han pasado quince años y el tiempo de vida útil de la bomba se está agotando, cuando deje de funcionar, no sé qué pasará.

Por eso, queremos que las autoridades parroquiales y cantonales pongan la mirada en nosotros, para no regresar al tiempo de antes: acarrear el agua en burros.

  

Nota.- Nuestro agradecimiento imperecedero a la señora Marcia Esther Tankamash y esposo, quienes generosamente nos alojaron en su casa para disfrutar de este hermoso rincón escondido en la línea de frontera con el Perú.

 

 

IGLESIA DE MADERA, PATRIMONIO CULTURAL DE “SAN ANDRÉS”

  Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

 



A orillas del río Isimanchi, la floreciente parroquia San Andrés perteneciente a la provincia de Zamora Chinchipe, nació como recinto del cantón Chinchipe, el 30 de noviembre de 1961.

Este mágico pueblo, conserva en un costado del parque central, protegidos y resguardados por un techo de zinc, dos inmensos troncos de árboles que son el testimonio mudo de que en algún momento en este lugar existió una montaña virgen con diversidad de árboles centenarios que posteriormente sirvieron de sustento para sus habitantes en la explotación maderera. 

Al preguntarle a don José Miguel Jiménez Abad, uno de los pobladores más antiguos de la localidad, la razón de porqué están esos trocos ahí, él nos dice: “¡esos troncos son de unos árboles bien grandes que estuvieron ahí cuando llegamos y toda su madera nos alcanzó para construir la iglesia !, ¡son de romerillo!”

Una vez que comenzamos a poblar este sitio, sentimos la necesidad espiritual de tener un lugar de oración, porque somos católicos; entonces junto a Leovigildo Gahona, Juan Delgado y toda la comunidad tumbamos los árboles y aserramos con la sierra de aire entre dos, para lo cual armamos un banco grande y el uno de arriba y el otro de abajo deslizábamos la sierra en los tucos.

De esos dos árboles sacamos toda la madera para la construcción de la iglesia antigua: vigas, listones y tabla.  Creo que nos salieron cerca de cuatrocientas tablas.

La iglesia tiene doce metros de frente por quince de fondo y una vez terminada en 1977 la utilizamos por algunos años para realizar el culto religioso.  De acuerdo al avance y necesidades de la población, construimos una nueva iglesia, por eso en la actualidad tenemos dos; pero a la antigua la mantenemos y la cuidamos como heredad y patrimonio cultural de San Andrés.

El P. Abad, no recuerdo su nombre, pero él fue quien celebró la primera misa aquí, luego vino el P. Vicente de la Cruz y después un polaco de nombre Francisco.

¡No tenemos párroco!  Por eso aquí hay misa solamente en las fiestas o cuando vienen los sacerdotes de Zumba cada mes.

Las fiestas más sonadas que realizamos aquí son: las de Santa Marianita de Jesús y la de San Andrés.

La señora Sonia Calva concuerda con don José Miguel y dice: esos troncos que ve en el


parque son de romerillo, de ahí habían sacado toda la madera y la tabla para construir la iglesia.  A los troncos los conservamos ahí porque son el recuerdo de nuestros ancestros.

Yo nací aquí y a la iglesia ya la vi desde que tenía cinco años de edad; así como también los recuerdo a los sacerdotes que veían: el P. Tomás Costa y el P. Jaime Flores.

Como en ese tiempo no había carretera, para las fiestas, la gente venía en acémilas o caminando desde Zumba, La Palma, La Diversión, Los Rubíes, San José y otros lugares. Todos venían más por la misita y la programación que don Peñita, más conocido como Miguel Guayita, que en calidad de síndico organizaba los actos religiosos y el bazar, así como también las veladas literarias y el baile, desde luego sin descuidar la bulla de los juegos pirotécnicos, cohetes, la vaca loca y el brindis del canelazo.

NOTA.- Conozco otra iglesia de similar característica en el sector de Loyola perteneciente al cantón Palanda y seguramente habrán muchas más en la provincia de Zamora Chinchipe, que hoy se constituyen en joyas patrimoniales.

 

Loja, 9 de marzo de 2022.

 

LA BELLA DE PARÍS, EN OÑA

 

Leyendas y tradiciones andinas



Oña es un pintoresco lugar en la provincia del Azuay. Su origen data desde el tiempo de los Cañaris y los Incas.

 El 3 de mayo de 1539, Esteban Morales y Cabrera funda la Villa de San Felipe de Oña, considerado como uno de los asentamientos humanos más antiguos del Azuay.

 Si recorremos sus calles, a la periferia de la ciudad nos encontramos con el barrio San Francisco, lugar agradable y mágico perteneciente a Oña de la época colonial que imaginariamente nos transporta al pasado; aquí, parece que se ha detenido el tiempo.   Llama la atención sus casitas de construcción vernácula: paredes de adobe, corredores y balcones con pasamanos, techos de teja y vigas de madera que han resistido muchísimos años y aún se mantienen en pie a lo largo de la angosta calle diseñada así, en esa época.

 En este conjunto arquitectónico, dice don Jorge Quezada, habitante de este lugar:  entre otras, encontramos “La bella de Paris”, casa antigua que fue construida aproximadamente en 1900 por don Agustín Carrión oriundo de este lugar y luego adquirida por don Segundo Merisalde.  En el año 2002 pasó a pertenecer al Ilustre Municipio, y hoy se constituye en casa museo, patrimonio cultural de Oña.  Al edificio le pusieron este nombre, porque en ese entonces la gente que tenía dinero, la clase pudiente de este lugar viajaba siempre a París y venían maravillados de la belleza de construcciones que observaban ahí; aunque se cree que el dueño de esta casa nunca fue allá, solamente con lo que le contaban, él ideó el diseño y la adecuación de la casa para ponerle este nombre. Tiene más de cien años y en su interior guarda originales pinturas. Los entendidos en bellas artes dicen que encuentran detalles similares a los cuadros y pinturas que hay en la iglesia de Susudel.

 Por esta y otras razones, Oña fue declarada Patrimonio Cultural del Estado, el 28 de marzo de 2013.

 

N.B.- He llegado por dos ocasiones en este lugar; pero lamentablemente no he podido maravillarme del museo y las pinturas que hay en el interior de la casa “La bella de Paris”, porque la he encontrado cerrada.

martes, 15 de marzo de 2022

A MI ABUELITO, LE PUSIERON MARCA COMO A GANADO

Leyendas y tradiciones andinas





Con motivo de cumplirse 87 años de la muerte de Naún Briones el bandolero social más buscado en el sur ecuatoriano, publiqué en mi muro de facebook, un relato que decía; “Soy hija de Naún”, narración literaria que fue muy leída.   A las 24 horas compartieron más de 360 personas e hicieron cerca de 50 comentarios que, entre ellos encontré dos que me gustaron; uno, muy emotivo y sentimental, que desde Loja don Enrique Cisneros decía: “gracias don Eduardo Pucha Sivisaca por escribir sobre mi abuelita, que con el coraje de su padre (Naún), siempre fue una mujer aguerrida y fuerte; este relato me ha arrancado lágrimas de felicidad al recordarla; gracias nuevamente por darle forma a esos recuerdos tan bonitos. Las personas solo dejan de existir cuando dejamos de recordarlas, las raíces se quedan a manera de sangre, corriendo, latiendo… ¡Te quiero mamita Celia!”.

En el otro comentario, con coraje y a manera de denuncia, desde Guayaquil don Ángel Balcázar, decía: “Naún Briones Salcedo se llamó; pero renunció su otro apellido porque lo acusaron de un robo que no cometió.  Este hombre hizo historia.   Respetó y apoyó a los pobres; mi abuelo lo conoció.

Mi abuelo también tiene su historia personal: en Macandamine el patrón le puso marca como a ganado”.

Este comentario me dio tema para escribir otro relato, por lo que no demoré en tomar contacto telefónico con don Ángel Balcázar, el mismo que atento respondió a mi llamada, y dijo: me encantaría que escriba usted sobre mi abuelito, porque la verdad siento rabia y coraje por lo que le hicieron.   Aún, ahora hay algunas personas que siguen maltratando a la gente pobre y humilde.

Así comenzó la conversación y me contó que en su niñez vivió con su abuelito en una choza de caña junto a su madre, ayudando en la agricultura, buscando leña para cocinar y acarreando agua de la quebrada para el consumo de la familia.


Adolfo Marcelino Balcázar Campoverde se llamó mi abuelo, más conocido como Marcelino.  Nació el 10 de octubre de 1910 y falleció a la edad de 90 años en el 2000.  Fue uno de los arrimados en la hacienda Macandamine en el cantón Paltas en la provincia de Loja.

Mi abuelito, aún guambra, cuenta que un día, cuando el patrón iba a poner marca al ganado en el corral que quedaba muy cerca a la casa de hacienda, le ordenó que caliente en una hornilla de leña a rojo vivo el fierro quemador o marca con las iniciales de su nombre.  Él, muy obediente realizó su trabajo, y, de pronto le dijo que ya le pase la marca.   Le pasó. El patrón, de mal carácter  tomó el fierro caliente en sus manos y descontento le recriminó diciendo: esto no vale, ¡esto está bueno para ponerte a voz, pendejo!, y menos pensado, suás le asienta tres veces la marca caliente en su cuerpo, por encima de la ropa. 

Después de que le asentara la marca, -contaba mi abuelo- que le quemaba muchísimo y no resistía el ardor, por lo que desesperado con gritos y quejidos de dolor se revolcaba en el piso en donde estaba el excremento fresco del ganado y se fregó en las partes afectadas.  Parece que esto me enfriaba un poco –decía-.  Una marca me puso en la cabeza, otra en la espalda y otra en la nalga. 

Afirma el nieto de don Marcelino diciendo: por repetidas veces yo sí las vi a las marcas.  Como él era blanco, se le notaba más las cicatrices.  La de la cabeza no estaba completa porque el fierro no asentó bien ya que la cabeza es redonda; la de la espalda si, se veía clarito las letras S.V.

Con nostalgia y cariño lo recuerda y dice: Mi abuelito Marcelino tuvo nueve hijos de los cuales seis están vivos y cuando el patrón le hizo esto, debió haber tenido unos veinticinco años de edad. 

Aunque él no era estudiado se desenvolvía muy bien en una conversación.  Sabía componer coplas, entre ellas una que recuerdo: “Catacocha está con gusto / porque llegan artos carros / tengan cuidado señores / que ya viene el picarón Carlos” (estas coplas las dedicó a mi papá).  Sabía contar cachos y acordarse de las costumbres de sus mayores.  Era lindo conversar con él, especialmente cuando lo mencionaba a Naún Briones. Decía que, si lo conoció, le encontraba siempre en las partes altas de Cangonamá cuando el patrón le mandaba a pastar el ganado; pero no le tenía miedo.  A los pobres nunca los molestaba, al contrario, los apoyaba.

EL SISTEMA HACENDARIO

El sistema hacendario en nuestro país se remonta desde los primeros años de la colonia hasta mediados del siglo anterior.  A partir de 1964 con la aplicación de la Ley de la Reforma Agraria, se puso fin al sistema de trabajo precarista de los arrimados y huasipungueros.

 “Jaime Galarza Zavala en su libro Los campesinos de Loja y Zamora Chinchipe, publicado en 1973, nos proporciona datos importantes sobre la tenencia de la tierra en la provincia de Loja. ¡Nos asombra!  

A través de sus páginas menciona una lista de los dueños de estas tierras en las décadas de los años 60 y 70 del siglo anterior. Según el autor, tres fueron las familias que con mucho poder económico, social y político dominaban la provincia de Loja: los Eguiguren, con 14 haciendas; los Burneo con 10; y los Valdivieso con 4; y añade que no ha sido posible conseguir un registro completo de todas las demás haciendas existentes.

Figúrese usted, en una extensión territorial actual de 11 027 Km2, ¡tres dueños!, ¡tres latifundistas!, el resto de la población, gente pobre, campesinos, peones, arrimados, hortelanos, huasicamas, vaqueros que trabajaban obviamente solo para el patrón y el hacendado”. (Naún Briones, leyenda y tradición, Tomo 2, página 23).

 

Loja, 30 de enero de 2022

Eduardo Pucha Sivisaca


domingo, 6 de marzo de 2022

EL MONUMENTO DE CRISTÓBAL PADILLA COX

 

¡QUE IRÓNICO!


CRISTÓBAL PADILLA COX, es el propulsor del camino que unió a Jimbura en la provincia de Loja con Zumba en la provincia de Zamora Chinchipe.

Nació el 19 de octubre de 1928.   Falleció el 24 de abril de 1968 en el sitio Las Cuevas por la explosión de una dinamita cuando se encontraba barrenando una piedra en la construcción del camino que soñaba.  

En el parque de la parroquia Jimbura, hay un monumento erigido en su memoria por la I. Municipalidad de Espíndola; pero, lastimosamente se encuentra muy descuidado.

¡Así luce!

Las imágenes hablan por sí solas

¿Qué diría don Cristóbal si viera esto?