martes, 15 de marzo de 2022

A MI ABUELITO, LE PUSIERON MARCA COMO A GANADO

Leyendas y tradiciones andinas





Con motivo de cumplirse 87 años de la muerte de Naún Briones el bandolero social más buscado en el sur ecuatoriano, publiqué en mi muro de facebook, un relato que decía; “Soy hija de Naún”, narración literaria que fue muy leída.   A las 24 horas compartieron más de 360 personas e hicieron cerca de 50 comentarios que, entre ellos encontré dos que me gustaron; uno, muy emotivo y sentimental, que desde Loja don Enrique Cisneros decía: “gracias don Eduardo Pucha Sivisaca por escribir sobre mi abuelita, que con el coraje de su padre (Naún), siempre fue una mujer aguerrida y fuerte; este relato me ha arrancado lágrimas de felicidad al recordarla; gracias nuevamente por darle forma a esos recuerdos tan bonitos. Las personas solo dejan de existir cuando dejamos de recordarlas, las raíces se quedan a manera de sangre, corriendo, latiendo… ¡Te quiero mamita Celia!”.

En el otro comentario, con coraje y a manera de denuncia, desde Guayaquil don Ángel Balcázar, decía: “Naún Briones Salcedo se llamó; pero renunció su otro apellido porque lo acusaron de un robo que no cometió.  Este hombre hizo historia.   Respetó y apoyó a los pobres; mi abuelo lo conoció.

Mi abuelo también tiene su historia personal: en Macandamine el patrón le puso marca como a ganado”.

Este comentario me dio tema para escribir otro relato, por lo que no demoré en tomar contacto telefónico con don Ángel Balcázar, el mismo que atento respondió a mi llamada, y dijo: me encantaría que escriba usted sobre mi abuelito, porque la verdad siento rabia y coraje por lo que le hicieron.   Aún, ahora hay algunas personas que siguen maltratando a la gente pobre y humilde.

Así comenzó la conversación y me contó que en su niñez vivió con su abuelito en una choza de caña junto a su madre, ayudando en la agricultura, buscando leña para cocinar y acarreando agua de la quebrada para el consumo de la familia.


Adolfo Marcelino Balcázar Campoverde se llamó mi abuelo, más conocido como Marcelino.  Nació el 10 de octubre de 1910 y falleció a la edad de 90 años en el 2000.  Fue uno de los arrimados en la hacienda Macandamine en el cantón Paltas en la provincia de Loja.

Mi abuelito, aún guambra, cuenta que un día, cuando el patrón iba a poner marca al ganado en el corral que quedaba muy cerca a la casa de hacienda, le ordenó que caliente en una hornilla de leña a rojo vivo el fierro quemador o marca con las iniciales de su nombre.  Él, muy obediente realizó su trabajo, y, de pronto le dijo que ya le pase la marca.   Le pasó. El patrón, de mal carácter  tomó el fierro caliente en sus manos y descontento le recriminó diciendo: esto no vale, ¡esto está bueno para ponerte a voz, pendejo!, y menos pensado, suás le asienta tres veces la marca caliente en su cuerpo, por encima de la ropa. 

Después de que le asentara la marca, -contaba mi abuelo- que le quemaba muchísimo y no resistía el ardor, por lo que desesperado con gritos y quejidos de dolor se revolcaba en el piso en donde estaba el excremento fresco del ganado y se fregó en las partes afectadas.  Parece que esto me enfriaba un poco –decía-.  Una marca me puso en la cabeza, otra en la espalda y otra en la nalga. 

Afirma el nieto de don Marcelino diciendo: por repetidas veces yo sí las vi a las marcas.  Como él era blanco, se le notaba más las cicatrices.  La de la cabeza no estaba completa porque el fierro no asentó bien ya que la cabeza es redonda; la de la espalda si, se veía clarito las letras S.V.

Con nostalgia y cariño lo recuerda y dice: Mi abuelito Marcelino tuvo nueve hijos de los cuales seis están vivos y cuando el patrón le hizo esto, debió haber tenido unos veinticinco años de edad. 

Aunque él no era estudiado se desenvolvía muy bien en una conversación.  Sabía componer coplas, entre ellas una que recuerdo: “Catacocha está con gusto / porque llegan artos carros / tengan cuidado señores / que ya viene el picarón Carlos” (estas coplas las dedicó a mi papá).  Sabía contar cachos y acordarse de las costumbres de sus mayores.  Era lindo conversar con él, especialmente cuando lo mencionaba a Naún Briones. Decía que, si lo conoció, le encontraba siempre en las partes altas de Cangonamá cuando el patrón le mandaba a pastar el ganado; pero no le tenía miedo.  A los pobres nunca los molestaba, al contrario, los apoyaba.

EL SISTEMA HACENDARIO

El sistema hacendario en nuestro país se remonta desde los primeros años de la colonia hasta mediados del siglo anterior.  A partir de 1964 con la aplicación de la Ley de la Reforma Agraria, se puso fin al sistema de trabajo precarista de los arrimados y huasipungueros.

 “Jaime Galarza Zavala en su libro Los campesinos de Loja y Zamora Chinchipe, publicado en 1973, nos proporciona datos importantes sobre la tenencia de la tierra en la provincia de Loja. ¡Nos asombra!  

A través de sus páginas menciona una lista de los dueños de estas tierras en las décadas de los años 60 y 70 del siglo anterior. Según el autor, tres fueron las familias que con mucho poder económico, social y político dominaban la provincia de Loja: los Eguiguren, con 14 haciendas; los Burneo con 10; y los Valdivieso con 4; y añade que no ha sido posible conseguir un registro completo de todas las demás haciendas existentes.

Figúrese usted, en una extensión territorial actual de 11 027 Km2, ¡tres dueños!, ¡tres latifundistas!, el resto de la población, gente pobre, campesinos, peones, arrimados, hortelanos, huasicamas, vaqueros que trabajaban obviamente solo para el patrón y el hacendado”. (Naún Briones, leyenda y tradición, Tomo 2, página 23).

 

Loja, 30 de enero de 2022

Eduardo Pucha Sivisaca


domingo, 6 de marzo de 2022

EL MONUMENTO DE CRISTÓBAL PADILLA COX

 

¡QUE IRÓNICO!


CRISTÓBAL PADILLA COX, es el propulsor del camino que unió a Jimbura en la provincia de Loja con Zumba en la provincia de Zamora Chinchipe.

Nació el 19 de octubre de 1928.   Falleció el 24 de abril de 1968 en el sitio Las Cuevas por la explosión de una dinamita cuando se encontraba barrenando una piedra en la construcción del camino que soñaba.  

En el parque de la parroquia Jimbura, hay un monumento erigido en su memoria por la I. Municipalidad de Espíndola; pero, lastimosamente se encuentra muy descuidado.

¡Así luce!

Las imágenes hablan por sí solas

¿Qué diría don Cristóbal si viera esto?