sábado, 16 de septiembre de 2017

LA POSADA DE NAÚN BRIONES,


en San Pedro de la Bendita:
Por: Eduardo Pucha Sivisaca

Publicado en Diario LA HORA, el 24 de septiembre de 2017, pág. A6

Con más de noventa años, erguidos como roble continúan, don José Alfredo Narváez en Sozoranga, José Castillo Luzuriaga en Quito, Luis Emilio Díaz y María Elena Robles en Cangonamá, José Miguel Ayala en Cruzpamba, Efrén Sánchez en Macará, Flora Aguirre Vidal en Loja y Enriqueta Tenesaca en San Pedro de la Bendita, quienes conocieron al legendario bandolero Naún Briones y cada cual cuenta su propia historia.
Doña Enriqueta, dice: lo recuerdo a Naún cuando llegaba a la casa de mi madre en El Tambo, cerca de San Pedro de la Bendita.   Fue amigo de mi padrastro, José Manuel Macas.
Yo tenía dieciséis años, me daba miedo al inicio porque la gente decía que era un hombre malo; pero poco a poco lo fui conociendo en la conversación; era un joven muy educado, prudente y respetuoso, por eso mi madre confiaba y le daba posada.
Él conversaba con mi padrastro y le contaba que era de Cangonamá  y que su mamá se llamaba Etelvina, entre otras cosas;  llevaba un sobrero blanco con cintillo negro, pantalón plomo,  botas con espuelas y una camisa azul claro con su nombre en el bolsillo bordado por una señorita Dolores Jaramillo.  
“Suca” me decía, (sonríe), “la verdad, yo si robo, pero no para mí, sino para  los pobres, porque hay tantos que no tienen que comer.   Mientras los ricos  están con la presa de gallina en la boca,  nosotros en cambio estamos bostezaaando”.  
Teníamos dos perros bravísimos, pero cuando Naún llegaba solo ladraban un poquito y luego se callaban.   Ya lo conocían.
No tenía hora fija de llegada, generalmente lo hacía en la noche, amarraba su mula en el pico pico grande.   Bajaba su alforja en donde guardaba una carabina en un lado y en el otro parece que un machete y luego la desensillaba.
Se marchaba antes de que raye el día, pero nunca supimos adónde, ¡eso no contaba!  Suponíamos que tal vez a Gonzanamá o Loja.
Por aquí (señalado a El Tambo) era el Camino Real que venía de Catacocha.   En las fiestas de Chuquiribamba, Chantaco y la feria de Loja, pasaba mucha gente en acémilas desde Olmedo y Chaguarpamba llevando atados de dulce, bocadillos y rallados para hacer “el cambio” con los granos y quesillo que producen en la sierra.
Cuando los vecinos supieron que Naún llegaba a nuestra casa, nos miraban mal, porque creía que es peligroso.   Preocupada de eso fui donde don Ramón Ojeda, teniente político, para aclarar este asunto, pero como no lo encontré hablé con don Aurelio Benavidez, el secretario y le dije: “vea don Aurelio, todos me hablan y me miran mal porque mi madre le da posada a Naún.   La verdad, Naún si ha llegado algunas veces en la casa, pero muy de mañana se ha ido como cualesquier forastero que pide posada; él no es un hombre como lo describen, él ha tratado con nosotros y se ha demostrado ser un hombre delicado y prudente, nunca nos faltó el respeto”.  
En ese momento se enteraron las autoridades de San Pedro de la Bendita que Naún llegaba aquí.
Loja, 18 de septiembre de 2017