lunes, 25 de junio de 2018

CAMPO SANTO ATAHUALPA





En1984 conocí el cementerio de Tulcán.   Sorprende la belleza del lugar por las esculturas talladas en el follaje de ciprés, cuyo artífice fue don José María Azaél Franco, jardinero y escultor en verde que materializó su obra sembrando el primer árbol en 1936.
Regresé en el 2012 y el cementerio está ampliado.   El promotor de la segunda fase es don Lucio Ramón Reina, discípulo de José María, quien en 1987 afirma que sembró 20.000 árboles en una superficie de dos cuadras.   Esperó tres años para hacer el primer corte.  Luego el redondeo y a los diez, el tallado. Es un trabajo lento que demanda paciencia, nos dijo.  Ahora contamos con más de doscientas veinte esculturas de diferentes motivos: religiosos, mitológicos e históricos.
Creí, que el cementerio de Tulcán por sus características singulares era el único en el país; pero resulta que en la parroquia Atahualpa del cantón Quito, existe otro similar.  
Don Ernesto Rodríguez, vocal del Gobierno Parroquial de este lugar dice: el cementerio tiene más de cien años, los primeros que se sepultaron aquí, fueron: don Antonio Flores y Mercedes López, en 1900.  
En 1985, a un grupo de jóvenes dirigidos por el agrónomo Jorge Rodríguez, funcionario del Ministerio de Agricultura y Ganadería, se les ocurrió hacer un cementerio parecido al de Tulcán.  Luego de gestiones, consiguieron 20.000 plantas de ciprés que las sembraron en todo el espacio que hoy ocupan las esculturas.   A los siete años de sembradas, enviaron a un compañero a una pasantía en Tulcán para que aprenda a tallar las plantas, así como las técnicas de cultivo y mantenimiento.   A su regreso comenzó el trabajo y la obra que adorna el campo santo, hoy es nuestro patrimonio y está a la vista de todos.
Por este atractivo que poseemos, los sábados y domingos visitan turistas que vienen de la capital y otros pueblos del país.
Es difícil mantenerlo así, porque las podas hay que hacerlas periódicamente demorándonos más de dos meses, y si se las descuida se convierte en bosque.  
No tenemos ayuda de las instituciones por lo que el Consejo Pastoral de la Iglesia es quien cuida y hace el esfuerzo por mantenerlo como está, mediante el pago de veinte dólares anuales por el uso de las bóvedas que realizan algunas personas.
Para llegar a Atahualpa, desde Quito hay 80 km. utilizando la vía Guayllabamba.

EL CÁPAC ÑAN EN ESPÍNDOLA, PROV. DE LOJA



El Cápac Ñan o Camino del Inca es la red vial más grande de la época que utilizó el imperio incaico para comunicarse con todo el Tahuantinsuyo.
Se calcula que este entramado tenía una extensión cercana a los 30.000 kilómetros articulando todo el imperio desde Quito hasta Santiago de Chile a través de dos troncales  y caminos secundarios que unían de norte a sur, de oriente a occidente con el centro imperial, con lo que posibilitaba el control político y económico del Rey desde El Cusco.
En nuestro país aún hay vestigios del camino que testimonian su existencia, desde Achupallas en la provincia de Chimborazo hasta San Lucas en la provincia de Loja y luego pasa por Espíndola al Perú.   Se dice que una fracción bastante conservada se encuentra en la provincia del Cañar.
Don Arcesio Torres, oriundo de Espíndola e investigador de la historia de su pueblo, ha dedicado mucho tiempo en indagar aspectos interesantes y curiosos, recorriendo buena parte del cantón.
Al referirse al Camino del Inca, dice: en nuestro cantón, el camino todavía existe y en algunos lugares está aún intacto, viene desde Aipate y une con El Toldo en el Perú; de ahí se derivan dos ramales, el uno que va por  Pircas, pasa a Tucas, San José, Llamacanche,  Las Limas y llega a la Plaza del Inca en San Antonio de Las Aradas en el cantón Quilanga.  El otro ramal sale de El Toldo, y pasa el barrio Espíndola en el Perú; de  ahí cruza por el cementerio de Jimbura, llega a Machay, Sanambay, Amaluza, Cangochara, Tundurama, El Airo, y llega a la misma Plaza del Inca en San Antonio de las Aradas.   Desde este punto se dividen nuevamente dos ramales para dirigirse el uno a la Costa y el otro a la Sierra; el que va a la Costa pasa por Gonzanamá  y cae al río Catamayo; y, el otro pasa por Quinara, Cararango a Loja.
Hasta hace poco, antes de que se construyan las carreteras estos caminos fueron utilizados por la gente de aquí.   El comercio en este lugar fronterizo más se realizaba con Ayabaca, Perú, que con Cariamanga en nuestro país.   La gente arreaba piaras de mulas cada semana  llevando y trayendo mercadería para abastecer nuestros almacenes y mercado.   Con el pasar del tiempo las  torrenciales lluvias destruyeron los caminos y entonces en tiempo de verano los pobladores de lado y lado de la frontera, mediante las llamadas “mingas de caba” arreglaban sacando las piedras de los muros laterales para reutilizarlos en el mismo; lastimosamente con esta actividad lo destruyeron al original Cápac Ñan.
edup/ 2016.01.31