sábado, 18 de abril de 2020

ORIGEN DE LA FIESTA DEL 30 DE ABRIL EN CHUQUIRIBAMBA


Este año, no habrá procesión con San Vicente Ferrer




La devoción a San Vicente Ferrer y la celebración de su fiesta la última semana del mes de abril en la parroquia de Chuquiribamba, Patrimonio Cultural del Ecuador, data desde 1924. 
Han transcurrido cerca de cien años que ininterrumpidamente se ha realizado, convocando a miles de devotos y turistas del país y el extranjero a venerar nuestra milagrosa imagen y participar de todas las programaciones religiosas, deportivas y culturales preparadas por sus organizadores.
Pero, el presente año, no será así.  Será una fiesta diferente.  Una fiesta atípica que la vamos a pasar, por primera vez; la razón es evidente, la presencia de la pandemia del coronavirus que ha paralizado muchas actividades en el mundo y desde luego, nuestra parroquia no es ajena a esta realidad.
En el presente año, no habrá la multitudinaria procesión que en honor a San Vicente Ferrer se recorre desde la iglesia matriz hasta la pampa de Cocheturo; no se escucharán los ritmos musicales de las típicas “bandas de pueblo”; no habrá las tradicionales “escaramuzas” con la participación de cientos de jinetes de las parroquias vecinas; no habrá vísperas, quema de castillos, vaca loca, bulla de cohetes y disfrazados; no habrá el tradicional aguado de leche que en portales y calles del pueblo reparten a los pobladores y turistas.  ¡En esta vez, sus calles lucirán vacías y solitarias!
Y claro, no habrá festividades con presencia física de sus devotos y visitantes; pero sí habrá una gran fiesta espiritual utilizando las redes sociales.   A través de internet participaremos en nuestros hogares de: la novena, las misas y todos los ritos religiosos que el P. Rolando Faicán, priostes y devotos realizarán la última semana de abril.  De eso estoy seguro.
Pero… el próximo año sí, celebraremos como antes, con toda la algarabía y pomposidad. Volveremos a presenciar el evento más concurrido y novedoso del cantón Loja en las parroquias rurales del sector noroccidental. 
El mentor de esta tradicional fiesta, se conoce que fue el párroco, Dr. Carlos Eguiguren R., quien tuvo la iniciativa de hacer esculpir la imagen de San Vicente Ferrer en 1924.  Dicen que, para materializar su cometido, primeramente, concienció a los feligreses y luego pidió su colaboración, a lo que el pueblo no se hizo esperar.    Sin demora, designó una comisión para que viaje a la ciudad de Cuenca en busca de un escultor.
Corrobora este dato, don Ángel Puchaicela, nieto de Abelardo Puchaicela, primer síndico de la fiesta, quien cuenta que de niño le acompañaba a su a abuelo al cerro Santa Bárbara a realizar la ordeña de las vacas, y en su recorrido siempre le comentaba que taita curita, Carlos Eguiguren, lo comisionó a él con el profesor Leoncio Jaramillo, Luis Cuenca Dávila, Ángel Moisés Cuenca y Leopoldo Sinche a contratar un escultor, por lo que de inmediato viajaron a Cuenca por el camino de herradura, porque en ese tiempo no había carreteras.
Allá, -continúa-, el escultor cuyo nombre no recuerdo, luego de convenir en el precio nos dijo que regresemos después de seis meses.  
Cumplido el plazo, los mismos comisionados y otros más que se sumaron, emprendimos el viaje nuevamente, para traerlo.  
Todos, llenos de devoción llegamos a la casa del escultor allá en Cuenca, y una vez que nos entregó, cargamos en andas a la imagen de San Vicente y salimos desde la ciudad en procesión.   Pasamos Cumbe, Nabón, Oña, Paquishapa y Saraguro.   Recuerdo que en este último lugar los pobladores nos brindaron chicha y comida.   Durante la noche arreglaron un altar y prendieron cirios para velarlo y al siguiente día se ofertaron acompañarnos hasta la loma de Huagrahuma unos, y a Fierrohurco otros.    De ahí se regresaron.   
En Santiago hicimos otra parada en donde también lo velaron, luego, se adelantó un comisionado para avisarle a taita curita que ya estamos en esta población.   ¡Hasta aquí habíamos caminado seis días!   Los devotos de Chuquiribamba no se demoraron, pronto llegaron y otros nos encontraron en el camino, algunos en caballo y otros a pie.
La devoción hizo, que los Santiaguenses voluntariamente se ofrecieron acompañarnos hasta Chuquiribamba en procesión, cabalgando cada uno en sus acémilas, costumbre que la mantienen y ahora son parte importante del evento folclórico central de la fiesta, “las escaramuzas”.  
Entre cánticos y oraciones pasamos por el cerro Santa Bárbara, llegamos hasta Aguarongo, y en gran algarabía poco a poco los devotos se sumaban.   Desde los diferentes barrios corrían a su encuentro acompañados del repicar de campanas de su iglesia y el continuo reventar de cohetes. 
Algunos en el camino nos esperaban con ollitas de comida para atenuar el hambre, en tanto que otros, con cántaros de aguado de leche para calmar el cansancio de los caminantes.  
Este es el origen de la fiesta de San Vicente Ferrer en Chuquiribamba y la tradición de realizar “las
escaramuzas” en Cocheturo con la participación de los jinetes de Santiago, Zenén y pueblos vecinos, así como la repartición del aguado de leche en portales y corredores.  ¡Es una costumbre muy nuestra que la conservamos!
Por los milagros que se le atribuye a San Vicente, los devotos que llegan de todas partes, le retribuyen con limosnas en: dinero, granos, semovientes, aves de corral y otros, para que sean rematados en los bazares populares de cada año.
                                                                           edup / 17 abril 2020