lunes, 31 de agosto de 2020

ALEJANDRO VELÁZQUEZ LLEGÓ A LOS ENCUENTROS EN 1965

 


Trabajé en el colegio Diez de Noviembre de la parroquia Los Encuentros, cantón Yanzatza, provincia de Zamora Chinchipe, en la década de los años ochenta.   Concretamente, desde 1980 a 1983.  Ahí conocí a mucha gente del lugar, entre ellos a don Alejandro Velázquez, quien educaba a sus hijos en el indicado colegio. 


Ahora radico en la ciudad de Loja.   Antes de la pandemia de la Covid 19, pasé por este lugar y me encontré con don Alejandro, a los 37 años. 

Emocionados conversamos y a la pregunta de cómo llegó a esta parroquia, él dice:  Yo fui policía, me desempeñaba como peluquero.   Como tal, vine a Zamora en 1957.  Ahí escuchaba que están colonizando río adentro y que la Junta de Recuperación Económica de Loja y Zamora Chinchipe a los colonos les entregaba un terreno de hasta de 50 hectáreas.   Como provengo de un hogar humilde, tenía la idea de que una superficie así poseían solamente los hacendados.

Ya en Zamora, me hice amigo de los nativos, y ellos me invitaban a remar en sus canoas.   Luego de algunas salidas, me llevaron hasta Las Peñas, límite con Morona Santiago navegando un día y de regreso dos porque remábamos a contracorriente. 

Más, hice amistad con el shuarita Miguel Andrade, entonces, él me llevaba siempre en su canoa y así poco a poco fui conociendo todas las comunidades que se encontraban al margen del río Zamora pasando por Cumbaratza, Zumbi, Yanzatza, Los Encuentros, El Pangui, Chuchumblrtza.

Los policías no podíamos estar en un solo lugar, por lo que me dieron el pase a otra ciudad y por mi oficio de peluquero recorrí casi todo el Ecuador.   

Poco me gustó la carrera, por lo que a los cuatro años de servicio pedí la baja y vine a vivir en Zamora, luego pasé a Cumbaratza.   Aquí me casé con Luz Elena González, y como la construcción de la carretera desde Loja avanzaba y el negocio en estos lugares era bueno, pusimos un puesto de comida para servir a los ingenieros y trabajadores, esto fue en 1959.  De aquí el Ing. Iván Riofrío, contratista de la carretera, me llevó a trabajar de cadenero en el barrio Muchimi, cerca de Los Encuentros.   En este lugar trabajé más de un año y como ya encontré el terrenito que soñaba tener en Los Encuentros, le agradecí al ingeniero la oportunidad que me dio de trabajar con él.   Aquí construí mi casita en 1965; recuerdo que este lugar en ese entonces era selva virgen aún y los únicos finqueros que había hasta el sitio El Padmi, eran: don Segundo Ortiz, don Japón, Manuel Esparza, Luis Páez (nativo), Alfonso Aguirre y la familia Cabrera.

Ya con dos hijos, el gran problema era la educación, quería ponerlos en la escuela, no había en dónde, la única posibilidad era en Yanzatza y no había como mandarlos porque eran pequeños y el transponte público solamente llegaba hasta la altura de Chicaña.

Entonces nos reunimos siete padres de familia que teníamos el mismo problema e interés de educar a nuestros hijos: Alfonso Aguirre, Baltazar Espinosa, Manuel León, Manuel Castillo, Gaspar Ortiz, Miguel Zumba y yo.  

Para que viaje a la ciudad de Zamora a hacer gestiones y conseguir un terreno a través del IERAC (Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización), los compañeros me apoyaban con uno o dos sucres cuando podían.  

El trámite demoró en viajes y gestiones, hasta que un día, el Ing. Hítalo Moreno de origen manabita y que en ese día se hacía cargo de las oficinas del IERAC, atendió mi pedido y me ofreció personalmente viajar a Los Encuentros, como efectivamente así lo hizo.  De esta manera y a través de este funcionario logramos la donación del terreno, desmembrando un pedazo de la finca de don Segundo Ortiz.

Enseguida iniciamos los trámites y la construcción de la escuela, hoy Gabriela Mistral.  Como carecíamos de dinero, entonces en un inicio, hicimos un salón provisional de tablas de tres por cuatro metros en donde albergaba a siete alumnos.

El primer profesor, fue un quiteño de nombre Miguel Valencia, y como no había en la escuela un lugar apropiado para que pernocte, entonces venía a dormir en mi casa hasta que don Serafín González construyó la suya y le cedió un cuartito.


Durante mi permanencia en este lugar, los amigos me contaban que estas tierras fueron de propiedad del nativo José Antonio Mangasho y que las negoció a unos por dinero y a otros les cambió por animales, escopetas o radios, por lo que antes de terminar la conversación bromeando le digo: Don Alejandro, ¿es verdad que usted cambió la finca con una vaca a José Antonio Mangasho ?  Ríe y dice, ¡eso no es cierto! Cinco mil sucres le pagué por trece hectáreas de terreno.  Esa finca la trabajé por largo tiempo, la vendí y compre la que tengo ahora. 

Las fincas, en verdad, en ese tiempo eran de los nativos, pero ellos poco a poco fueron vendiendo y se alejaron de aquí.  Se iban por las márgenes del río Nangaritza, pasaban Paquisha, Guaysimi y llegaban a Shaimi.   Decían que por ahí hay tierras baldías y que a ellos les gusta la libertad.

Termina nuestra conversación y dice: con registro oficial Nro 388, el 26 de febrero de 1981 se creó la parroquia Los Encuentros, siendo su primer Teniente Político, el señor Antonio Torres.

 

Loja, 31 de agosto de 2020

miércoles, 5 de agosto de 2020

RECORRIDO DE LA VIRGEN DEL CISNE: Chuquiribamba - Chantaco

e intercambio de tortillas en el barrio Carmelo

Leyendas y tradiciones andinas

 


La peregrinación de la Virgen del Cisne que realizan los pobladores de las parroquias Chuquiribamba y Chantaco, la hacen todos los años el penúltimo domingo del mes de agosto.  Esto, data desde 1935.

Recorrido

Recorren con la Virgen durante un día. Caminan aproximadamente quince kilómetros desde la parroquia Chuquiribamba hasta la de Chantaco, haciendo su descanso en el barrio El Carmelo, lugar intermedio entre las dos, en donde los devotos de Chantaco la esperan para llevarla y los de Chuquiribamba para entregarla.

Acto protocolario

La Virgen del Cisne llega hasta El Carmelo a las 10h00, en hombros de sus devotos y acompañada con más de un millar de peregrinos, en donde la esperan autoridades, síndicos, priostes, reinas, organizaciones barriales y más devotos de las dos parroquias para darle la bienvenida.

Luego en la pequeña plaza, junto a la iglesia del barrio, en una ceremonia especial, separados por una línea imaginaria, las autoridades y pobladores de Chantaco ubicados a un lado y los de Chuquiribamba en otro, realizan un acto protocolario, en donde cada uno de ellos hacen la entrega de ofrendas a la Virgen, e intercambian mensajes, augurando siempre mejores días para nuestros pueblos y la necesidad de integrarnos más, estrechando nuestros lazos de amistad.

Terminado este acto entre las autoridades de las dos parroquias, da inicio la ceremonia religiosa, con la celebración de la Santa Eucaristía.

Intercambio de tortillas


Una vez terminada la misa, los grupos juveniles del barrio El Carmelo presentan un acto cultural con representaciones propias del lugar, y concluye el programa con la participación de los integrantes de la Sindicatura de Chuquiribamba, haciendo el intercambio de tortillas de harina de maíz entre todos los asistentes al lugar, costumbre instituida en el barrio por iniciativa del  Padre Víctor Yanangómez en 1997 cuando fue párroco de Chuquiribamba, para finalmente terminar brindando un vaso de horchata y una tortilla a todos los peregrinos que llegaron con la Virgen y a los que se preparan para continuar la marcha a la otra parroquia.

La Reina del Cisne permanece en este barrio hasta las 14h00, momentos en que, con repique de campanas, ruido de cohetes y ritmos de las bandas de músicos, se encaminan por la carretera que conduce a Chantaco, despidiéndose para retornar el primero de noviembre.

Tomado del libro de leyendas y tradiciones: Cántaro de eternidad Tomo 1, primera edición, página 22, publicado en el año 2004 con el título original Virgen del Cisne: de Chuquiribamba a Chantaco.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.