domingo, 29 de noviembre de 2015

NAÚN BRIONES: Detonante para su muerte.

Publicado en diario LA HORA - LOJA / 18 de noviembre de 2015

DETONANTE PARA LA MUERTE DE NAÚN BRIONES


Autor: Eduardo Pucha S.
 
El pequeño Oswaldo Arias, temblándose y pálido de miedo frente a lo que vio a sus cortos años de edad, dijo: “¡háganme rezar porque mucho tardan en matarnos!”. 

Esto le relató la señora Rosa Núñez, a su nieto Marcelo Reyes, después de algunos años del asalto que fue víctima por Naún Briones en el sitio Zhucata el 5 de diciembre de 1934. 

Felipe Loayza, siendo mi consuegro me traicionó, eso es lo que más me duele.   Yo le vendí mi finca de Cangonamá Grande de Macará en cuatro mil sucres y ese día me entregó mil doscientos como parte del pago.

Recuerdo el fatídico día cuando en el camino interrumpieron nuestro paso y un hombre alto, tiznado el rostro, me exigía la entrega de diez mil sucres y como no lo hice porque no tenía, dijo a la caravana: “júntense para matarlas”.   Nosotras más muertas que vivas, muy asustadas hicimos el acto de Contrición, y como seguían amenazándonos de muerte, el niño Oswaldo Arias repitió: “¡háganme rezar porque mucho tardan en matarnos!”

Gracias a Dios, eso no sucedió.   La verdad es que Felipe me delató porque había sido compinche del bandolero.

Pero le mintió porque la finca no le vendí en diez mil sucres.   Este embustero todavía una hora antes del viaje lo adelanta a un peón con un papelito dirigido a Naún asegurándole que viajaba a Alamor con todo ese dinero, que naturalmente a cualquiera le llenaba el ojo porque era bastante.   

Salimos de Macará en la madrugada, con mi hija, mi nuera, dos nietos, el uno de dos años y el otro recién nacido, la señora Mercedes Cobos, el niño Oswaldo Arias y el arriero Sabulón Poma.   Eran las nueve de la mañana cuando en el desolado sitio de Zhucata, de entre las malezas salieron algunos hombres disparando al aire y al grito de “nadie pasa de aquí” nos asaltaron.   Después, mi nuera la Teresa se sorprende al verlo al peón de la familia.   Y tú  ¿qué haces aquí?, le pregunta, don Felipe me mandó y no me dijo para qué. 

Por este detalle, nos dimos cuenta que el asalto fue planificado porque el infeliz de Felipe Loayza le aseguró a Naún que viajaba llevando en las faltriqueras de la mula los diez mil sucres; pero les falló.

De pronto esta novedad se regó por toda la zona y al enterarse del asalto el cura Lautaro Loayza párroco de Alamor, muy indignado se dirige al entonces presidente de la república Dr. José María Velasco Ibarra, mediante un telegrama, en los siguientes términos: “Ya no se soportan los asaltos del   Bandolero Naún Briones.   Acaba  de asaltar a mi comadre Rosa Núñez  viuda de Orellana, tome medidas urgentes”; y como el cura Loayza tenía peso en la política lojana porque era partidario de Velasco Ibarra quien en ese año asumía la primera presidencia de la república; le contesta con otro telegrama diciéndole: “Su orden será cumplida, no puedo darle más detalles porque todos los telegrafistas de esa zona son lacayos de Naún”.  

¡Claro!, no podía darle más detalles, porque ya marchaban desde Quito a Loja sesenta carabineros. 

Dicen que el Dr. Velasco Ibarra llegó al Batallón Quito y sin más explicaciones dijo: recién se ha cometido un asalto en la provincia de Loja, tengo denuncias de los hacendados de La Maca, Casanga, Almendral, Macandamine,  San Guillín, y otras, a quienes el bandolero Naún Briones los extorsiona.   Necesito un carabinero valiente y decidido para capturarlo.   ¿Quién se hace cargo de esta misión?

Como el Mayor Deifilio Morocho fue compañero de Naún en la escuela de Cangonamá y desde ahí enemigos, se ofertó, porque sabía de los movimientos del bandolero.   Esta fue la oportunidad para perseguirlo y acabar con él, porque también era una piedra en el zapato. 

Una vez seleccionado el pelotón de carabineros a cumplir esta misión, el Señor Presidente de la República ese mismo día los despidió desde la ciudad de Quito rumbo a Durán, en el tren  mixto Eloy Alfaro.  

Sin perder tiempo, en Durán subieron al barco Olmedo  comandado por el  alemán Grunahue.   Los carabineros le dicen al Mayor  Deifilio, ¿a dónde nos vamos?   A cumplir una misión secreta.    Arreglen pronto el armamento y los caballos, porque esta noche llegamos a Puerto Bolívar.  

Desde Puerto Bolívar el pelotón se desplaza solamente durante la noche.   Llegaron a Alamor, pasaron a Sozoranga y luego de una encarnizada persecución, el 13 de enero de 1935 lo emboscaron en la peña de Piedra Liza.   Ahí murieron: Víctor Pardo y Rindolfo Espinosa; pero Naún Briones, se disparó en la sien derecha.

Termino mi conversación preguntándole a Marcelo, ambos son de Cangonamá, ¿qué parentesco tenía Naún con Deifilio?, muy indignado me responde: “¡ninguno, por Dios Santo, eran dos seres  diferentes, Deifilio Morocho indígena puro, en tanto que Naún blanco y  buen mozo!”

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