El Sargento Wilber Danilo Cuenca Aguilar, actualmente director de la “Banda Integrada del Ejército Ecuatoriano” nació en la parroquia Chuquiribamba, cantón y provincia de Loja, el 8 de junio de 1983.
Este blog contiene, leyendas y tradiciones recogidas de la oralidad de nuestros pueblos andinos. Alimentan estas páginas, especialmente los abuelitos y abuelitas, quienes son verdaderos libros abiertos a la vida.
(Que en el siglo anterior, nacieron y prestaron sus servicios en su tierra natal)
En el campo de la docencia, desde las décadas de los años 30, 40, y 50 del siglo anterior, aún se recuerdan con afecto, los nombres de los profesores: Carlos Leoncio Jaramillo Escudero, Pompilio Reinoso y Deifilio Sinche, maestros que nacieron en la parroquia Chuquiribamba (cantón Loja, provincia de Loja – Ecuador) y que hicieron carrera docente e historia, formando muchas generaciones de niños y jóvenes, que con el ejemplo de sus sabias enseñanzas han aportado a la cultura, el arte y el desarrollo del país.
Merece también recordar el nombre de José María Pucha
Palazo que si bien es cierto no hizo labor docente en las escuelas formales;
pero fue un excelente pedagogo musical en nuestra parroquia desde antes de 1891. Su casa la convirtió en “Escuela de música” y
enseñó el solfeo, la simbología musical y a ejecutar diferentes instrumentos de
percusión y viento a la juventud de
Chuquiribamba y las parroquias vecinas como: Taquil, Santiago,
Gualel, El Cisne, en donde preparó a los músicos que posteriormente integraron
las bandas populares de sus pueblos.
“Chuquiribamba, semillero de músicos”
Posteriormente para perfeccionarse, manifiesta que lo hizo a través de “manuales para tocar guitarra” y posteriormente “manuales de piano rápido”, consistente en unos cuadernillos didácticos que se los obtenían en los almacenes musicales para aprender en casa; y, como ya tenía nociones de música todo se le hacía fácil -dice-.
-concluye-.
Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador
Se encuentra
ubicado en un mirador del barrio Las Orquídeas, en la parte alta de la cuidad de Yanzatza, en el restaurant “Las piedras”.
Hace un año
visitamos este lugar y al fondo del patio observamos el curioso monolito al que
nos referimos para el disfrute ocular de los visitantes.
Por lo sui géneris de la obra, en las redes sociales
publicamos la fotografía de dos monolitos, el uno de la comunidad de Sacachún
de la parroquia Julio Moreno en la provincia de Santa Elena y el segundo sin
identificar lugar; luego preguntamos: ¿Conoce usted en qué ciudad o lugar del
Ecuador se encuentra el segundo monolito?
De inmediato, el Dr. Benito Suquisupa identificó e hizo
su comentario diciendo lo siguiente:
“El segundo
monolito se encuentra en la bella y amazónica ciudad de Yanzatza, en la
provincia de Zamora Chinchipe, que cómo lo encontraron o quien lo construyó es
un enigma… pero que cautiva a muchos es indiscutible… Así que, invitados a
visitar este atractivo lugar, los esperamos los hospitalarios yantzacenses”.
Como se desconoce el nombre del autor de la obra, en una
segunda visita traté de localizarlo a don David Sarango Jiménez, dueño del
restaurant “Las Piedras”, agradable y acogedor lugar, en donde diariamente
recibe la visita de muchos turistas y lugareños.
A la pregunta de: ¿quién lo esculpió al monolito? Don David, muy seguro responde: ¡los
gentiles!, amigo. Los mineros en el
sitio Conguime, perteneciente a la parroquia Nuevo Quito en el cantón Paquisha,
haciendo excavaciones con maquinaria pesada lo habían encontrado, creo que a
una profundidad de unos 30 a 40 metros. Me
interesó el monolito y para llevarlo a Yanzatza y colocarlo en mi restaurant, negocié
con ellos.
En estos lugares habitaron culturas antiguas, dicen que
los aborígenes los tallaban y los colocaban a los monolitos en diferentes
lugares como puntos de referencia para limitar e identificar las zonas
auríferas existentes en la amazonía.
Por eso, hay otras piedras y monolitos en Tundayme (El
Pangui), en La Zarza (Los Encuentros), en San Pablo (Zumbi) y hace poco tiempo,
otra la habían encontrado los mineros después de un deslave en el sitio Chinapintza. Hay muchas más en otros lugares.
Para traerla hasta aquí tuve que pagar una grúa y
amarrarla cuidadosamente con cabos, porque si la asegurábamos con cadenas, se
nos destruía. ¡No fue tan fácil!
NOTA:
Don David Sarango Jiménez es oriundo de Sozoranga en la
provincia de Loja. Vive más de 50 años en
la ciudad de Yanzatza, provincia de Zamora Chinchipe. Tiene 63 años de edad y trabajó
en la Empresa Eléctrica Regional del Sur.
Al monolito lo encontraron los mineros hace unos diez
años y se lo exhibe en el patio del restaurant hace seis.
Los turistas aprovechan el lugar para fotografiarse junto
al monolito y llevarse un recuerdo de Yanzatza.
Don David, ahora jubilado, dirige su emprendimiento: Bar
– restaurante “Las Piedras.
Visite Yanzatza y disfrute de los diferentes atractivos
turísticos que ofrece la región.
Loja, 23 de junio de 2025
Eduardo Pucha Sivisaca
HERNÁN VISUETE
TROYA, CUENTA DE SU VIAJE A ZUMBA EN
1974
Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador
Recién graduado en el normal de Guaytacama en 1974, recibí el nombramiento de profesor titular para la escuela “Reino de Quito” de la parroquia Chito, en el cantón Chinchipe, provincia de Zamora, dice: Hernán Visuete Troya, hoy maestro jubilado residente en la ciudad de Zumba.
Recordar el viaje desde Loja a Zumba hace décadas, es una odisea, un
sueño…
Había dos formas de llegar a este lugar: 1.- Embarcarse en las avionetas
de los militares que hacían viajes esporádicos desde las pistas de Cumbaratza o
Catamayo. 2.- O cabalgar en mula desde la población de Yangana en la provincia
de Loja. En el primer caso se hacían 30 minutos; y, en el segundo tres días.
Cuando me presenté en Zamora Chinchipe, los profesores Vicente Elías
Rivera, Director Provincial de Educación y Luis Amable Duque, Jefe de
Supervisión, solamente me indicaron que tengo que viajar a Chito por Loja;
llegar primero de la población de Yangana en un bus de la cooperativa “Sur
Oriente” que demoraba siete horas, y que desde ese lugar tenía que conseguir
una mula para viajar a Zumba. ¡Nada más
me dijeron!
Yo, con el deseo de trabajar, no imaginaba lo que me esperaba después…
Cuando llegué a Yangana, fui a comer en el único saloncito que
había. Su dueña, la señorita Edulia
Mendoza, muy gentil y amable me ayudó.
Yo conozco a los dueños de las piaras de mulas que vienen desde Zumba,
dijo. Ya les hablo para que le den un
mulita de silla. (Las piaras venían cargadas de café y de aquí se regresaban
con víveres).
En verdad, en la tarde, por el angosto camino que entraba a la población
vi algunas mulas que llegaban, entonces dijo, esa es la piara de Segundo Mejía,
convenga el precio del alquiler con él.
Así lo hice.
Entonces la señorita Eudulia, al siguiente día muy por la mañana me
preparó el desayuno y dijo que vaya comiendo bien; además me puso un fiambre
para que coma en el camino. Luego me
advirtió: de aquí, usted monte en la mula y ella le conduce. Llegará primero a un pueblito que se llama
Valladolid, ahí se queda a dormir, no hay adonde perderse.
Entonces, yo como traía más libros que ropa, amarré dos costales como
alforja, puse una cobija encima, me subí en la mula e inicié el viaje.
Camina y camina, no llegaba a Valladolid. Cuando le encontraba a alguien,
preguntaba: ¿por aquí se va a Zumba?, entonces todos decían, sí. Siga no más.
Oiga, llego a una planada y veo que los aperos de la mula se habían
corrido hasta las orejas del animal, yo sin ninguna experiencia, bajo la carga
y la silla para arreglar. Hago esto y la
mula se me va en precipitada carrera.
Con la desesperación que se va el animal, la sigo. Corre y corre, tras de ella. Mis cosas se quedaron en el camino, la mula
corría, se paraba un instante, me regresaba a ver, cuando ya estaba cerca a
cogerla, apretaba nuevamente la carrera. ¡Dios mío!, no sé cómo, entro en un
atajo, y por suerte en lo que la mula está queriendo pasar, se espanta en mí y
a lo que regresa, logro coger la soga.
La amarré, cargué mis cosas, luego en la soledad de la selva y el claro
azul del cielo, me senté a llorar.
De aquí me regreso, dije. ¡No he cometido ningún crimen para que me pase
esto! Era, apenas el primer día de viaje.
No me regresé, porque ya no tenía
dinero y para llegar a mi tierra (Guaytacama – Latacunga) estaba muy
lejos. Así que, me resigné a continuar.
Llegué a Valladolid, casi en la noche. ¡Oh sorpresa!, desde el corredor
de una casa escuché que gritaron: eeeh, compañerito… ¿Usted es el profesor Vizuete? ¡Sí!, respondí. Va, me dije, cómo me conocen, ¡No puede
ser!, ¿estoy soñando?
Lo que pasa, es que informados a través de los chasquis escolares ya
sabían que llegaba, por lo que me habían estado esperando.
¡Qué solidaridad, qué hermandad de maestros! De inmediato me llevaron a merendar, me
arreglaron una cama en la casa de señora Lolita, no me acuerdo el apellido,
pero parece que era Lolita Luna, después a un trago. Pasamos lindo entre compañeros, todos habían
sido de diferentes lugares: uno de Imbabura, otro e Quito y yo de Latacunga, ya
picaditos acompañados de una guitarra cantábamos cada cual a su tierra y, hasta
llorábamos también de emoción y nostalgia: el de Imbabura comenzaba: “Imbabura
de mi vida / tierra donde yo nací…”; el de Quito cantaba: “Yo soy el
chullita quiteño, la vida me paso encantado…” en tanto que yo, remataba:
“Tierra, latacungueña / en ti se admira el paisaje andino…”
Antes de las diez de la noche, dijeron, compañero, a dormir, mañana
tienes que viajar.
Al siguiente día muy por la mañana golpearon la puerta y dijeron,
levántate, ya es hora.
Hicieron preparar el desayuno y el
fiambre. Me despidieron diciéndome: de
aquí te vas hasta Paranumá.
Salí a las siete de la mañana, a las once y media me acerqué a un
pueblito que había sido Palanda. Los niños salían de la escuela al almuerzo
porque en ese tiempo se trabajaba en dos jornadas. Al cruzar el pueblo, escucho un grito que
dice: “¡hola, mashcapupo!”, “mashcapupo” nos decían a los de Latacunga. Miro que se acerca un señor y me dice: tú eres
de Latacunga, ¡verdad!, yo también soy de allá, soy el profesor Ernesto
Álvarez. Bájate de la mula paisano, te
invito a almorzar, luego nos tomamos unas dos cervecitas y dijo: continúa tu
camino y te quedas en Paranumá. Así fue,
llegué a Paranumá. Había una sola casa
que ha sido “tambo” de los militares.
Ahí me quedé. Le rogué al señor
del tambo que me dé posada; él, en tono déspota, dijo: bueno, amarre la mula
por ahí, que no se le vaya.
Yo con el cansancio y un hambre devorador, le ruego: señor, me puede
preparar algo de comer, ¡no!, respondió; aquí no hay nada. El señor ya era de algunos años de
edad. Cualquiera cosita, le
insisto. Voy a ver si le hago una sopa
de fideo, -dijo-, espere.
Mientras esperaba, en el corredor del “tambo” se me acercó con una biblia
en sus manos y me comenzó a leer. ¡Había
sido evangelista! A un inicio le
escuchaba, pero como el cansancio era más, me había dormido. En eso, me dijo, levántese a comer. ¡El hambre era tal, que se me hizo riquísima
la sopa de fideo! Luego, fui a dormir y
desperté preocupado a la mañana del siguiente día, para continuar el
viaje. En esta ocasión, no hubo
desayuno.
Pasé la quebrada de Paranumá, durante dos horas ascendí una cuesta,
llegué a un caserío llamado Negro Muerto.
Aquí rogué al que encontré primero que me prepare comida. Me dijo que
solamente tenía carne, entonces le dije que está bien.
Cuando me sirvieron, Dios les pague dije, porque era un plato grande con
bastante carne, papas chinas y arrocito.
¡No recuerdo si me cobraron o no! Continué el viaje, ¡oh sorpresa!, más
allá, a lado del camino encuentro a una mula muerta ya cercenada una pierna.
¡Me habían dado carne de mula!, (ríe a carcajadas), ¡pero estuvo rica!
Ya en el tercer día, ¿llegaré a Zumba?
¡nada! Cuando me encontraba
alguien y preguntaba, me decía: siga no más, “a la vueltita está”. Caminaba y caminaba, pasaba la vueltita y no
llegaba.
En eso, llegué al Colorado y desde ahí veo un pueblito, ¡ese había sido
Zumba! La mula comenzó a galopar, por lo
que tuve que cogerme de la silla. Ella
ya conocía la casa, por lo que directamente llegó donde don Segundo Mejía, el
dueño de la piara.
Un muchacho gritó: Don Segundo, ya llegó la mula. Mientras yo me bajaba, descargaba mis
enseres, no demoraron en llegar: Romel Herrera, Julio Núñez, y Hugo Tapia,
profesores del lugar, para luego guiarme a la oficina de la supervisión. En la
noche celebramos con comida y trago. Fue un mes de marzo, fecha que nunca
olvido.
Aquí cambiaron las cosas, aunque el tramo de viaje que me esperaba, era
de un día más.
En la tarde del cuarto día llegué a Chito y aquí me encontré con Servio
Santorum, Arnoldo Cueva, Irene Troya, Miguel Romero, Libia Aranda, profesores
de la escuela “Reino de Quito”, y la señorita Carmen Valarezo, enfermera de
Chito, con quien posteriormente me casé (sonríe).
Hernán
Visuete Troya, en la ciudad de Zumba, el día 9 de octubre de 2021, termina esta
conversación diciendo: en 1974, para llegar a la parroquia Chito desde Loja,
hice 5 días.
Loja –
Yangana, un día; Yangana – Valladolid, un día; Valladolid – Paranumá, un día;
Paranumá – Zumba, un día; y de Zumba - Chito, un día.
¡Qué le
parece!
Eduardo
Pucha S.
El talento musical en la juventud de Chuquiribamba.
Loja es considerada como la capital musical del Ecuador,
en tanto que la parroquia Chuquiribamba perteneciente al cantón Loja es
conocida como el semillero de músicos.
La afición por este bello arte en la juventud viene por
ancestro y tradición. Aquí, en este pequeño pueblo conocido como “Patrimonio
Cultural del Ecuador”, los músicos emergen espontáneos, unos con preparación
académica en los conservatorios del país y otros por vocación propia entonando notas
musicales transferidas por sus padres.
Es una cadena hereditaria de transmisión musical de padres a hijos.
Prueba de ello es que, en este pueblo, las nuevas y
actuales generaciones hacen gala de sus habilidades artísticas formando grupos
musicales y “bandas populares de pueblo” con las que deleitan a propios y
extraños especialmente en las fiestas.
Esta nobel banda está conformada con jóvenes desde los 11
años de edad hasta los 22 incluyendo una señorita. Se constituyó en el mes de enero de 2024, es
decir poco más de un año.
Al preguntarle, ¿quién le enseñó a tocar?, él dice: yo
toco la trompeta desde los 7 años de edad, mi abuelito Ángel Benito Guachanamá fue
quien me enseñó, porque él también es músico.
La Banda Juvenil “San José” está compuesta por 10
integrantes, jóvenes que son, algunos estudiantes
del Conservatorio “Salvador Bustamante Celi” de la ciudad de Loja y otros
estudiantes de la “Escuela de Música de Chuquiribamba” creada hace tres años en convenio con el I.
Municipio de Loja y el GAD parroquial de Chuquiribamba
Han sido invitados a diferentes barrios de la parroquia y
otros lugares, están dando sus primeros pasos.
A través de la Escuela de Música en Chuquiribamba, sus
pobladores quieren conservar y no perder el semillero de músicos, patrimonio
intangible nuestro, dicen. Al contrario, lo vamos a fortalecer.
NOTA.-
José Luis Caraguay Guachanamá, a sus 15 años de edad, es
el Director de la Banda Juvenil “San José y aspira algún día ser integrante de
una orquesta.
Sus padres son: don Wilfrido Caraguay Marquez, y la
señora Rosa Isabel Guachanamá Pinta.
En la Banda integra la señorita Patricia Medina,
destacada saxofonista del lugar y un niño de 11 años de edad.
A los integrantes de la Banda, los encontramos tocando en
el barrio Pordel, perteneciente a la parroquia Chuquiribamba, en la fiesta que
en honor a la Santa Cruz se celebran cada año.
Loja, 16 de mayo de 2025
BIOGRAFÍA
Desde que tuvo uso de razón, sintió en sus entrañas la inclinación a una de las artes más bellas del mundo que es la música. A la edad de 14 años comenzó a aprender las primeras notas musicales con el maestro Emilio Jaramillo Escudero, luego fue a la ciudad de Loja para estudiar el piano con el profesor Miguel Cano Madrid.
En 1949, ingresa al Conservatorio Nacional de Música de
la ciudad de Loja, donde termina todas las materias teóricas y aprueba el 4to año
de piano, 3ro de violín y 2do de saxofón, siendo sus profesores: Antonio
Hidalgo, Daniel Armijos Carrasco, María Piedad Castillo Celi, Francisco
Salgado, Juan Pablo Muñoz Sáenz, Jorge Ortega y Alberto Ortega.
En 1955, el Municipio de Zaruma (prov. de El Oro) le
solicita y nombra como profesor de Educación Musical de la escuela “Guillermo
Maldonado” y un Jardín de Infantes de ese lugar. Mientras permaneció en ese cantón, compuso
algunas canciones musicales.
La casa disquera FENIX escogió dos temas para grabar y
fueron: El pasacalle “Chuquiribamba” y el vals “Sin madre”, cuya letra y música
le pertenece. La grabación se efectuó
con el conjunto del profesor José Antonio Jara, más conocido como el Chazo
Jara.
En 1959 regresa a Loja, cuidad de su infancia y trabajó
en la escuela “Alonso de Mercadillo” como profesor de educación Musical, al
mismo tiempo el Municipio de Loja lo nombra Director de las Bandas de músicos
de las parroquias: Vilcabamba, San Pedro de Vilcabamba, teniendo que laborar
dos meses en cada parroquia.
Como acordeonista integró algunos conjuntos musicales de
Loja.
En 1961, el colegio “Nueve de Octubre” de Machala (Prov.
de El Oro) lo nombra profesor de Educación Musical, en donde trabaja dos años y
dos años en el magisterio primario. Durante los cuatro años de su permanencia
en la ciudad de Machala, compuso himnos, canciones y rondas escolares. Además, conformó un conjunto de voces y
cuerdas y luego un conjunto orquestal.
En 1964, la Dirección de Educación de la provincia del
Guayas le concede el nombramiento de profesor de Educación Musical en las escuelas
fiscales de la ciudad de Guayaquil. Paralelamente
se integra como pianista de la “Sonora musical” de Víctor Freire, al mismo
tiempo aprovecha para reanudar sus estudios musicales en el Conservatorio de
Música “Antonio Neumane” de la ciudad de Guayaquil, terminando y cumpliendo con
los requisitos legales adquiere el título de profesor de música y canto, el 18
de octubre de 1967.
Su afán de superación siguió adelante hasta lograr terminar
y egresar en la carrera de: armonía, dictado, análisis fraseológico,
instrumentación y composición.
Durante el tiempo como profesor de Educación Musical
asistió a cursos de formación, capacitación, perfeccionamiento y
profesionalización musical, auspiciado por el Ministerio de Educación Pública,
por lo menos en treinta ocasiones entre las ciudades de Quito y Guayaquil.
El 19 de julio de
1973, El Centro Social Loja y el programa radial “La voz de Loja” de Guayaquil
en reconocimiento a su labor artística como Director del programa radial y como cultor de la
música nacional en internacional,
especialmente de la música lojana y en acto de justicia a su sacrificada
actividad como docente del Magisterio Nacional, lo declara el “Mejor maestro”
residente en Guayaquil, entregándole un pergamino en la sesión solemne que la
institución preparó, con motivo de su cuadragésimo noveno aniversario de
fundación.
En 1976, el Ilustre Municipio de Guayaquil lo nombró
director de la Banda de Música de la Policía Metropolitana Municipal. Por no haber incompatibilidad en el horario
de su trabajo, laboró simultáneamente en el fisco y en el municipio.
Con la Banda de Música bajo su dirección intervino en
algunos conciertos de música clásica dedicados al Sr. Alcalde, y concursos de
música latinoamericana, música tropical y nacional, por celebrarse el aniversario
de fundación de Guayaquil y luego en las fiestas octubrinas.
En 1982, Mediante concurso de méritos y oposición, el
Ministerio de Educación Pública le extiende el nombramiento de Supervisor de
Educación Musical de la provincia del Guayas.
Como Supervisor dictó cursos de capacitación a los
profesores del área por seis ocasiones. También formó la orquesta de cámara de
la Dirección de estudios y el coro de profesores de educación musical, con
quienes actuó en diferentes instituciones educacionales de la ciudad y
provincia.
Con la mencionada orquesta y con auspicio del Ministerio
de Educación se grabó un LP de himnos y música escolar,
Hace 13 años, el 3 de mayo de 2012 en la ciudad de
Guayaquil, falleció César Monfilio Guaya Orosco, autor de la letra y música del
pasacalle: “CHUQUIRIBAMBA”, en cuya letra describe a su pueblo junto a la
belleza de sus colinas y la calidez de su gente; así como es el autor de la
letra y música del himno a la parroquia Chantaco.
Escribió para la posteridad, más
de cien composiciones musicales populares y muchos himnos, canciones y rondas
escolares para las instituciones educativas de las provincias de: Loja, El Oro
y Guayas.
Orgullosamente, Cesar Guaya
Orosco es un artista chuquiribambense junto a: Emilio Jaramillo Escudero, Luis
Cuenca Gutiérrez, Wilman Jaramillo Escudero, Fredy Pucha Huaca, José Aníbal
Pucha y otros.
El pasacalle “CHUQUIRIBAMBA” fue
grabado en 1955 con el conjunto del Chazo Jara.
PASACALLE A CHUQUIRIBAMBA
Chuquiribamba es mi hermosa tierra
de los jardines siempre floridos
por eso todos de amor erguidos
te recordamos tierra querida.
De las colinas que te rodean
del alto cerro Santo Domingo
y el Santa Bárbara tan renombrado
forma tu adorno pueblito lindo.
Tienes mujeres embriagadoras
como el aroma de tus rosales
son el remedio de nuestros males
y en nuestra vida mayor consuelo.
Sus moradores, buenos y humildes
de corazones amplios y nobles
siempre contentos viven cantando
por nuestro pueblo Chuquiribamba.
NOTA.-
César Monfilio Guaya Orosco nació
en el barrio Chantaco en ese entonces, hoy parroquia rural perteneciente al
cantón Loja.
Loja, 19 de mayo de
2025