viernes, 10 de febrero de 2023

ASÍ NACIÓ LA CIUDAD DE EL PANGUI

ASÍ NACIÓ LA CIUDAD DE EL PANGUI

 Leyendas y tradiciones andinas / Loja - Ecuador


Con motivo de cumplirse 42 años de la cantonización de El Pangui en la provincia de Zamora Chinchipe, me permito compartir el relato contado por el profesor Heriberto Morocho, y que se publicó en el libro de leyendas y tradiciones: Huellas, el año 2006.

 

R E L A T O

Pangui en idioma shuar quiere decir Boa.   Actualmente es una floreciente ciudad, capital del cantón de su mismo nombre, que pertenece a la provincia de Zamora Chinchipe.   Tiene una población aproximada de 5.000 habitantes, edificios modernos, dos escuelas y un centro de educación media, entre otros servicios públicos.   Sus calles centrales y su avenida principal, lucen adoquinadas en contraste con un moderno palacio Municipal en construcción.

Heriberto Morocho, es un maestro jubilado que ha vivido en este lugar desde su juventud; indicando con su mano derecha dice: no existía nada cuando llegué por primera vez aquí.   Toda esta parte era montaña.   Vine a trabajar en la escuela fisco misional Fray Jodoco Ricke, el 30 de enero de de 1967.  La escuela estaba ubicada en la desembocadura del río Quimi con el Zamora, limitando con la provincia de Morona Santiago; era una escuela fundada por la misión Salesiana; pero Monseñor Jorge Mosquera con el fin de ganar territorio a Zamora, le compró a los salesianos el plantel.   La escuela era unitaria y en ésta se educaban 20 nativos shuar; aquí recibían todo: ropa, útiles escolares y la alimentación.  Había internado para ellos, ingresaban a la escuela el día domingo y regresaban el día viernes a sus casas. 

En esta escuela estuve 15 meses, y en abril de 1968, fui trasladado a la escuela Tumbes Marañón, construida a la orilla del río Zamora.  Aquí trabajé con el profesor Eduardo Mariño.   También había internado para los alumnos shuar y los pocos colonos que residían en esta zona. 

 Navegando el río Zamora

Para llegar hasta el sector de El Pangui, teníamos que hacerlo navegando por el río.   Salíamos en carro desde la ciudad de Zamora hasta el actual puente de La Saquea, de ahí cruzábamos una pasarela, para luego tomar camionetas pequeñas hasta Yanzatza; de aquí caminábamos a pie hasta el sector de Muchime, cerca de la parroquia Los Encuentros y desde este lugar continuábamos en una canoa navegando hasta el caserío El Quimi.

El recorrido por el río nos duraba de 7 a 8 horas, desde luego dependiendo del tiempo y el caudal del río (en la actualidad desde este sitio se hace una hora en carro).   En mi primer viaje, el que me condujo en la canoa desde Muchime hasta el Quimi, fue el motorista Pancho Caamaño. 

 


Solamente vivía katip

Desde la escuela Tumbes Marañón para llegar hasta lo que hoy es la ciudad de El Pangui, estaba distante; era difícil, porque no había camino, y cuando queríamos, lo hacíamos construyendo picas. En este lugar recuerdo que vivía solamente un nativo shuar llamado Katip, él tenía su cabañita en el lugar en donde ahora es el dispensario médico. Hasta 1968 no había una sola casa en el Pangui. 

El Pangui comienza a poblarse

En 1969, el Ing. Iván Riofrío puso en este extenso valle las primeras estacas señalando el paso de la carretera que unía a la ciudad de Zamora con el sector Chuchumbleza, límite con Morona Santiago; es desde esta fecha cuando comienza el Pangui a poblarse.      La señora Rosario Macanuela, esposa del tractorista José Tandazo, fue la única que vivía en este sitio en esa época.   Después de ella vinieron los colonos: Antonio Morales que vivía por la Recta, y en la parte alta, la familia Armijos y Hernán Quezada.

Se trazan las primeras calles

El trazado de las calles se realizó en 1971 con la participación de los nativos shuar y los colonos.   En
ese año ya habíamos algunos.  Pero de las experiencias que conocíamos de otros lugares, dudábamos que la población crezca, porque en el Pincho se entregaron lotes y no la poblaron; en Pachicutza, igual, tampoco se pobló.  Viendo eso la gente tenía desconfianza, sin embargo se hizo la entrega de lotes.

Cada lote medía 15 metros de frente por 30 de fondo, y el colono o nativo que ya vivía aquí, pagaba el valor de cien sucres; en tanto que las personas que llegaban de otros lugares e interesaba comprar un lote, debían pagar ciento cincuenta.

Así nació la ciudad de El Pangui y las personas que construyeron sus primeras casas fueron don: Hernán Quezada, Aurelio Armijos, Jesús Armijos, entre otros y los nativos shuar: Pancho, Fernando y Jorge Caamaño.

La población aumentó y el pueblo creció cuando la carretera unió las provincias de Zamora Chinchipe con Morona Santiago hasta Gualaquiza , esto es en los años 1972, 1973 más o menos.  

La mayor parte de la gente que vive aquí es lojana y unos pocos de la provincia del Azuay.

Tomado del libro de leyendas y tradiciones: Huellas, página 94.

Año de publicación: 2006

Autor: Eduardo Pucha Sivisaca

CHUQUIRIBAMBA, SEMILLERO DE MÚSICOS

 


 La riqueza cultural tangible e intangible que posee Chuquiribamba, Patrimonio Cultural del Ecuador, es variada.   En estas líneas por ahora esbozaremos una que le ha dado connotación local y nacional.   Hablar de Chuquiribamba es referirse al semillero de músicos en la provincia de Loja.   Andrea DKV, una ecuatoriana residente en España, a través de su blogger dice: “Vivo en Valencia, cuna de músicos españoles.   Me lleno de alegría conocer que Chuquiribamba en la provincia de Loja sea el semillero musical nuestro”.

 En este pueblo, los músicos natos afloran en forma espontánea, prueba de ello es que en la actualidad muchos de ellos integran grupos musicales, orquestas sinfónicas y bandas populares en diferentes partes del país y fuera de él.

 Esta afición viene por ancestro.   En 1677, época colonial, ya se registra el nombre del indígena Juan Buri como maestro de capilla y posterior a él muchos más, como: Feliciano Pucha (1800), Gregorio Pucha (1833), Reinaldo Sinche (1880), Emilio Jaramillo Escudero (1896), Juan Tene, entre otros. 


 Sin duda, estos maestros de capilla fueron los suscitadores directos para la formación de las bandas de pueblo en Chuquiribamba, como la "Dios y Patria" y la "Ecuador", las más antiguas. La "Dios y Patria" fundada en 1891 y la "Ecuador" en 1930, y que sin ayuda alguna sus integrantes la conservan hasta hoy. ¡con certeza son las bandas de pueblo más antiguas del Ecuador!

 Actualmente, Chuquiribamba registra un considerable número de músicos profesionales, empíricos y populares, los segundos sin formación académica pero que dominan la lectura de partituras musicales que muy bien pueden interpretar sus melodías en cualquier escenario que se les presente.

  Vladimir Alexander Buri Flores, estudiante de la UNL, en su tesis de grado titulada: “Sistematización  de las composiciones de los músicos empíricos y populares de la parroquia Chuquiribamba, cantón y provincia de Loja y su incidencia en el desarrollo cultural”, trabajo investigativo que realizó en el año 2012, previo a la obtención del título de licenciado en Ciencias de la Educación, mención Educación Musical, refiere a nueve músicos populares chuquiribambenses que han creado sus canciones en ritmo de sanjuanito, pasacalle y pasillo.

 Uno de los objetivos que plantea en su tesis de grado es: dar a conocer y difundir entre la población local, nacional e internacional, el potencial creativo de estos talentosos artistas populares.

 Los músicos con sus respectivas creaciones a los que cita son: Luis Tene Valle(1931), con el sanjuanito


Agua compadre; Manuel Ignacio Agüinsaca (1935), La Guagua Aparishca, sanjuanito; Enrique Curipoma (1936), Ensueño, sanjuanito; Juvenal Sinche (1943), Pueblo querido, pasacalle; Rigoberto Valle (1949), Contigo siempre, pasillo; Milton Jumbo Salinas (1966), Patricia, pasacalle; José Agüinsaca Morocho (1970), Risueña, pasacalle; Ángel Medina (1983), Tierra añorada, pasillo; José Alfredo Cuenca(1991), Fiesta colibrí, pasacalle.   Además, en la tesis de grado incluye el nombre del connotado artista: César Guaya Orozco, quien dejó para la posteridad más de cien composiciones populares de distinto ritmo, incluido el pasacalle “Chuquiribamba”; así como más de cien himnos, canciones y rondas escolares.

 Interesante la investigación que plantea Vladimir Buri, porque abre el camino para que otros investigadores escudriñen la riqueza musical de los artistas anónimos que si los hay y surgen cada día más en estos pueblos con vocación musical.

 Qué bueno sería, que el Gobierno Parroquial de Chuquiribamba en coordinación con la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Loja, las instituciones educativas y culturales del sector, difundan este material inédito de nuestros artistas, mediante la organización de festivales y presentaciones en vivo con la participación de sus autores en la parroquia y fuera de ella; así como, plasmar una antología musical en un CD para divulgar nuestro patrimonio cultural intangible.

 

 NOTA.-  

Merece nombrar a otros músicos y compositores que han dado lustre y renombre a Chuquiribamba, y que no constan en la tesis de grado del estudiante Vladimir Alexander Buri Flores.  Algunos de ellos viven aún y otros vivieron en el siglo anterior, como:

Emilio Jaramillo Escudero, creador del Himno a Chuquiribamba en 1936 y más de once canciones entre música sacra, pasillos. valses y sanjuanitos.

 Wilman Jaramillo Escudero, creador del pasacalle Recordando a Chuquiribamba escrito en 1991 y cerca de diez canciones entre pasillos, sanjuanitos e himnos.

 Luis Cuenca Gutiérrez, con cerca de un centenar de composiciones entre: marchas, himnos, pasillos, valses, tonadas, albazos y mambos.

 Alberto Pucha Sivisaca, cerca de treinta composiciones, entre: pasillos, valses, pasacalles y canciones escolares.

 José Aníbal Pucha Sivisapa, con más de 15 creaciones, entre baladas, pasillos, pasacalles, albazos, tonadas, valses e himnos.

 Freddy Pucha Huaca, con más de treinta obras en los géneros de sanjuanitos, pasacalles, albazos, rondas e himnos.

lunes, 14 de noviembre de 2022

UN EJEMPLO DE HONESTIDAD EN PERUCHO



Perucho es una parroquia rural que se encuentra en el corredor turístico de la “Ruta escondida” del cantón Quito.

Es la más antigua del distrito metropolitano de Quito en la provincia de Pichincha.

Este lugar ecuatoriano, conserva aún su iglesia patrimonial de madera (roble, cedro y especies desconocidas) construida en entre 1650 a 1700 y destruida en 1868 a causa del terremoto de Ibarra suscitado en ese año.


En la plaza central de este pueblo encontramos una curiosa placa descriptiva con la síntesis de un relato escrito por el padre Severo Gómez en la que pone de manifiesto la honradez de los habitantes peruchanos.

La placa en mención dice así:

PLAZA “LOS TRES MANUELES”

En honor a Manuel Alfaro, Manuel Castelo y Manuel Cifuentes, ilustres personajes de la
naciente república, referentes de la honradez de los Peruchanos. “Los tres Manueles”, nos llena de orgullo cuando revisamos la historia de uno de los capítulos de la vida de García Moreno y recreamos su hazaña.   Ellos encabezaron la gestión para la reconstrucción del pueblo después de la devastación que dejó el terremoto de Ibarra de 1868.

Viajaron a Quito para solicitar ayuda al gobierno. 

Regresaron con los recursos y con la colaboración de la comunidad lograron reconstruir algunas edificaciones importantes, entre ellas nuestra iglesia. 

Finalizados los trabajos, nuevamente fueron a visitar el Palacio de Gobierno en Quito y fueron recibidos por el propio mandatario quien les interrogó: “ustedes Peruchanos otra vez aquí, ¿quién les ha llamado?  Los tres manueles” respondieron “nuestras conciencias, pues hemos venido a devolver el dinero que nos ha sobrado”.  

El Presidente maravillado de este gesto exclamó: hombres honrados como ustedes necesita la Patria y les pidió que colaboraran en la administración de las aduanas en Guayaquil.

 

Síntesis tomada del libro: “La vida de García Moreno”, del padre Severo Gómez







EL PAILÓN DEL DIABLO


 

A 17 Km.  desde la ciudad de Baños de Agua Santa en la provincia de Tunguragua, se llega a la parroquia Río Vede en donde está ubicada la cascada “El Pailón del Diablo”.

Es una hermosa experiencia para quienes la visitan al observar la naturaleza pura y la caída de agua que sobrepasa los 80 metros de altura.

Es un lugar turístico maravilloso visitado por cientos de personas, especialmente los fines de semana y días feriados.

¡Experimente usted!..

miércoles, 28 de septiembre de 2022

CRISTÓBAL PADILLA COX, ABRIÓ CAMINO AL ORIENTE Y FUNDÓ EL PUEBLO “SAN ANDRÉS”

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

Publicado en la Revista Cultural digital LOJA GRITA ARTE N°10, página 19 y 20.

Una historia que pocos la conocen


Luego de algunas expediciones de exploración al oriente ecuatoriano, que las inició en 1953, el soñador y visionario Cristóbal Padilla Cox, acompañado de un centenar de valientes hombres de Amaluza, Jimbura y Cariamanga, el 30 de noviembre de 1961 fundó el barrio San Andrés, hoy floreciente parroquia del cantón Chinchipe en la provincia de Zamora Chinchipe.  Los sobrevivientes de esta histórica odisea, cuentan que, en este lugar, ese día, en medio de la enmarañada selva, izaron la bandera del Ecuador; y el Padre Andrés Gómez (español) integrante de la caravana, fue quien ofició la primera misa en honor a su fundación.

¿De dónde vino Cristóbal Padilla Cox, pregunté?  ¡No sabemos, me respondieron las personas con las que conversé! Él nunca nos contó, por lo que el conglomerado social de esta zona especuló y tejió increíbles leyendas en torno a su procedencia.

En Jimbura, don Juan Bautista Delgado dice: “Verá, don Cristóbal Padilla llegó a nuestro pueblo como mandado de Dios. Eso fue en 1954. Nunca nos contó su lugar de nacimiento, unos decían que es de Cuba, otros que es del Perú, otros en cambio que es espía, y así…  Cuando llegó, solamente dijo que su aspiración era abrir un camino al Oriente y llegar a Zumba; y así lo hizo.  Juanito Sarango me contaba que a Cristóbal lo conoció en la hacienda de Tabloncillo, luego vivió en Cariamanga, y a los dieciocho años de edad entró al servicio Militar y de ahí vino a Jimbura”.

La señora Sonia Calva, en San Andrés, cuenta que su papá se llamó Juan Rómulo Calva Girón, y que él decía: “en ese tiempo nos azotó una tremenda sequía en Jimbura, por lo que las siembras que realizamos se perdieron, los animalitos se murieron, escasearon los alimentos y la hambruna hizo presa de nosotros. ¡No teníamos qué comer!  Por esta razón, muchas madres de familia cambiaron a sus hijos por alimentos. ¡Fue terrible!

Pero, Dios es grande, vino don Critóbal Padilla y organizó a la gente de Jimbura y Amaluza para abrir trocha en la montaña y entrar a las tierras baldías del oriente y llegar hasta el actual pueblo “San Andrés.”

En tanto que, don Vicente Jiménez Abad de 90 años de edad, dice: “yo nací en Jimbura.  Con don Cristóbal nos hicimos amigos allá. Él me invitó venir acá a San Andrés.  Entonces, con un grupo de veinte personas venimos y llegamos hasta Las Vegas, aquí construimos una chocita y sembramos unas plantas de guineo.

Como el lugar era muy fértil, don Cristóbal nos insinuaba a poblar. ¡Tienen que regresar a estas tierras nos decía! Nosotros le decíamos que sí y entonces él para asegurarse de que cumpliríamos, procedió a comprometernos bajo juramento.

Nos formó en fila y a cada uno de nosotros nos hizo jurar que íbamos a seguir viniendo.  ¡Todos cumplimos! De entre ellos los recuerdo a:  Artemio Cordero y Justo Calva.

 Con este compromiso, en Jimbura nos organizó y comenzamos a construir el camino para venir.  En el inicio hacíamos cinco días para llegar hasta aquí, luego íbamos enderezando el camino y hacíamos tres.

Justo Calva y yo fuimos los primeros que nos radicamos aquí y a Jimbura regresamos después de un año.  Sembramos: papa, zanahoria, guineo, plátano, maíz. En un inicio cultivamos para nuestro consumo; pero cuando comenzó a llegar más gente, vendíamos porque ya había compradores.

Luego de radicados aquí, salíamos a Jimbura cada tres meses para abastecernos de los productos básicos como: sal, dulce, arroz, fósforos y más. Yo cargaba al hombro desde Jimbura dos arrobas de peso, igual lo hacía Justo.

 

SAN ANDRÉS VIEJO Y SAN ANDRÉS NUEVO



Don José Miguel Jiménez dice:
“cuando tenía 26 años de edad, vine de Jimbura a San Andrés con cuatro amigos, esto fue en 1968. Nuestro propósito era llegar a Zumba, pero como nos gustó el lugar, nos quedamos aquí y dos años más tarde me casé.

El pueblo no era aquí, era arriba en Las Vegas, ahí se conserva aún una cruz grande que lo identifica. Cuentan que en ese lugar el Padre Andrés Gómez celebró su primera misa.

Como el barrio crecía y sus casitas distaban una a otra, entonces, en calidad de Presidente de la Pre – cooperativa de colonización Santa Marianita de Jesús, le propuse a don Vicente Augusto Jiménez que nos venda o nos cambie con el terreno comunal del frente, el terreno que él compró a don Bolívar Ontaneda. Esto lo hice con la finalidad de reubicar a San Andrés, porque este lugar prestaba mejores características y proyecciones.  Como don Vicente aceptó, comenzamos nuestro trabajo, primero iniciamos con la construcción de la casa comunal. ¡Eso fue el comienzo!



Posteriormente, el trazado de las calles realizó un señor entendido en la materia de apellido Robalino
que trabajaba en el Consejo Provincial de Zamora Chinchipe.  Todo lo hizo al ojo. Le decía al compañero de trabajo, corta una vara larga y coloca la una aquí y la otra allá, y así no más trazaba, sin teodolito ni más aparatos.  A todo el terreno lo dividió en las manzanas que son las que existen ahora.  Dijo, aquí va a ser el parque, alrededor las calles.  Dejó el espacio para la construcción de la iglesia, para el sub centro de salud, para la escuela y más.

Una vez que se terminó el trazado de calles, fue el IERAC en 1975 quien entregó los lotes a los primeros pobladores. Recibieron entre ellos: Leovigildo Gahona, Leoncio Gahona, Miguel Alberca, Carmen Abad, Fidel Alberca, Melva Jiménez, Roberto Jiménez, Rodolfo Merino, Napoleón Merino, Nicanor Abad, Juan Delgado, Emiliano Abad, Gilberto Abad, Vitaleano Peña, Vicente Augusto Jiménez y Justo Calva entre otros. De todos ellos, unos se quedaron aquí, otros vendieron y otros ya fallecieron


Ahora, en San Andrés Viejo, como recuerdo solamente se conserva el cementerio, lugar en donde se enterraron los primeros habitantes. Hay trece sepultados: dos adultos y once niños.  Ahora ya no se entierran ahí porque tenemos un cementerio nuevo.

Don Cristóbal Padilla fundó San Andrés arriba en las Vegas; pero él no supo que se lo reubicó aquí, porque cuando resolvimos hacer esto, él ya falleció.

 

¿CÓMO LO DESCRIBEN A CRISTÓBAL PADILLA COX?

Todos quienes lo conocieron y trataron con él, coinciden en calificar la calidad de persona que fue: humanitario, generoso, servicial y sobre todo de sentimientos muy nobles.  La señora Melva Petronila Abad, dice: “don Cristóbal Padilla fue muy amigo con nosotros. Yo lo conocí desde cuando se casó con la señorita Yolanda Torres en Amaluza. Era un hombre muy servicial, inteligente, alto, blanco, barbado, ojos verdes, simpático, amable y muy caritativo.  Fíjese, era el “médico del pueblo”, curaba a todos los enfermos de esta zona y al que tenía dinero le cobraba, al que no tenía le esperaba o no le cobraba.  Lo que le interesaba es solucionar el problema.  Sin importar el lugar en donde esté el enfermo se movilizaba caminando o en acémila a cualquier hora del día o de la noche.

Fue un gran hombre y un gran líder, un caballero que se ganó el aprecio, cariño y respeto de todos”.

 

MICROBIOGRAFÍA DE CRISTÓBAL PADILLA COX

En un artículo (Epopeya de un caminante) publicado en abril del año 2012 por los profesores: Walter Aguirre y Manuel Cabrera, en la revista Yaguarzongo N°38, órgano de difusión de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Zamora Chinchipe, en la página 29 refiriéndose a don Cristóbal dice:

“Cristóbal Padilla de Cox Galarza, nace en Galápagos el 19 de octubre de 1927, su padre fue don Exequiel Padilla de Cox y su madre la señora matrona Carmen Galarza, su niñez transcurre en Tulcán, con la familia Velasco la misma que le prodigó amor y abrigo hasta su juventud, su educación la realiza en el vecino país del norte Colombia, luego llega a la provincia de Loja a la edad de 19 años a trabajar en una hacienda del cantón Calvas, además ingresa a cumplir  su año  de conscripción en el ejército en el BI – 20 capitán Díaz de la ciudad de Cariamanga, ejerce las funciones de enfermero realizándolo de muy buena manera.  (---)”

Falleció el 24 de abril de 1968 en un trágico accidente de explosivos en el sitio Las Cuevas, mientras se encontraba junto a otros compañeros dinamitando una roca, para dar paso al camino que hoy se comunica con la ciudad de Zumba en el cantón Chinchipe.

Su pasión y entrega a una noble causa para los pueblos sur orientales es poco conocida a través de los textos oficiales. Más la conocemos a través de la memoria oral que guardan los pobladores de Amaluza, Jimbura y San Andrés.

Para perennizar su nombre, en el parque de la parroquia de Jimbura, hay un descuidado monumento con la efigie de Don Cristóbal Padilla, construido por el I. Municipio de Espíndola en el año 2004. El Lic. Manuel de J Andrade, en calidad de Alcalde, en una placa recordatoria, en pocas palabras resume la valía de este hombre soñador, que en ningún momento buscó la gloria, sino el bienestar de sus semejantes.

El texto en referencia dice:

“Hombre de extraordinario talento: visionario e impulsor heroico del camino que unió Jimbura con el valle selvático ahora llamado “San Andrés” y Zumba.   Junto a un grupo de valientes jimburenses, cristalizó su anhelo incomprendido y que hoy en día permite la supervivencia de más de 300 familias de Espíndola y otros lugares”.

 

Lic. Eduardo Pucha S.

Loja, 6 de julio de 2022

lunes, 25 de julio de 2022

MI TRAPICHE MANUAL

“A veces, las cosas más pequeñas ocupan el espacio más grande en nuestros corazones…”



Qué hermoso resulta, sembrar y ver crecer las plantas, ¡verdad!

Por eso, en la superficie de un pequeño lote de terreno, disfruto sembrando unas pocas plantas de guineo y cítricos.  A más de ello, aunque el espacio es reducido, a un lado del huerto planté una caña de azúcar.  El resultado, bastante gratificante. Creció muy vigorosa y señorial.  A un año, cortamos sus fornidos y largos brazos para saborear en tajaditas su exquisito jugo.

No faltó un nieto ocurrido en la familia, que en broma dijo: Abuelito, ¡ya hay caña!, ahora nos hace falta el trapiche.  Es cierto, me dije. En ese momento, sin demora despertaron mis recuerdos de hace cuarenta y tres años, e imaginariamente me trasladé al barrio Tailín (línea de frontera con el Perú), perteneciente a la parroquia Jimbura del cantón Espíndola, porque ahí por primera vez, conocí un trapiche de madera bastante rústico, que movido por unas palancas bien grandes hacían girar unos rodillos en el que exprimían pedazos de caña y en un pequeño balde recibían el jugo.

Alegres y animosos, molían entre dos, a cada lado una persona hacía dar la vuelta la palanca y los rodillos trituraban la caña. Estaba colocado en las cerchas de un trípode de madera bien clavado en el suelo para que tenga firmeza. Dicho trapiche, no creo que esté en pie. Ahora, difícil que vuelva a ver uno así. ¡Ya no existen!, se quedaron solamente para el recuerdo.


Para complacer la ocurrencia, y con el deseo que sacar jugo a las cañas que estaban madurando, acudí donde mi paisano Wilber Satama, dueño del “Grupo Industrial SAMI”, a proponerle que me haga un trapiche manual, quien gustoso dijo, bueno, pero tráeme la muestra o sugiéreme la idea.  Así fue, le di todos los detalles de cómo quería y arreglado el asunto. Del costo no hablamos una sola palabra, porque lo que más deseaba, era tener el trapiche y en la primera reunión familiar, estrenarlo, moliendo y tomándonos guarapo fresco con jugo de naranja agria y trago de punta.

Esto fue en abril.  A los pocos días, concretamente, el seis de mayo (2022) me llamó para que lo vaya a retirar.  ¡Qué alegría y emoción!  Inmediatamente acudí y apenas llegué al taller, mis miradas, ansiosas se dirigían directamente al trapiche.

-          Hola Eduardo. Ahí está la obra, me dijo. ¡Qué te parece! 

-          Genial, respondí.


-          Compramos cañas y ya lo estamos estrenando para

entregártelo probado –continuó-, sírvete un vaso de guarapo con piquete. 

-          Salud… dijimos, y tomamos los dos.

 Cuando me lo entregaba, pregunté el costo, porque cuando le contraté, no convenimos en nada. ¡Oh sorpresa!  No vale nada, paisano –me dijo-. 

 -          No puede ser, le dije.

-          Te mereces eso y mucho más, -continuó-

-          ¿Pero, por qué?

-          Porque tú eres el “obrero de la literatura popular”, el cronista de las leyendas y tradiciones de mi pueblo; recíbelo como una recompensa a tu trabajo intelectual, porque gracias a eso no las dejas que se pierdan o se queden olvidadas. ¡Te lo mereces …!

 Con este generoso gesto, Wilber me dejó sin palabras, porque un reconocimiento como este, no lo


esperaba.
  Sorprendido y sonrojado estiré mis manos a recibirlo. Él continuó, te lo entrego sin protocolos, programa, ni discursos, pero sí, con el corazón lleno de sinceridad y humildad.

Gracias Wilber le dije, pero así no fue el trato.  Tranquilo, tranquilo… continuó, el trapiche es tuyo.

Este regalo, es el mejor reconocimiento que he recibido de las manos de un entrañable amigo de Chuquiribamba, poseedor de un corazón noble y generoso.

Gracias. gracias, estimado Wilber, este presente, lo guardaré por siempre en mi corazón.

 

N.B.- Cuando terminé de escribir este relato, junto con mi familia ya disfrutamos el trapiche, moliendo
las cañas y sirviéndonos un exquisito guarapo con naranja agria, punta de Malacatos y unos cubitos de hielo.

martes, 19 de julio de 2022

HAZAÑA DE NAÚN BRIONES EN YAMANA

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador


 
Saludamos a Yamana, en el cantón Paltas, provincia de Loja, la celebración de su Trigésimo Segundo aniversario de parroquialización.

Yamana es un pintoresco pueblo de nuestra geografía, lleno de historias, leyendas y atractivos turísticos, como los petrograbados en roca, en: La Arrinconada, Polo Polo y Barrial Blanco.

Además, por este lugar caminó el bandolero social lojano, Naún Briones, en la década de los años treinta del siglo anterior.


R E L A T O:

NAÚN BRIONES, BURLÓ A LA GUARDIA EN YAMANA


Don Sixto Monge tiene 87 años.   Nació en Yamana y cuenta que cuando niño recuerda que
en este lugar solamente existían tres casas: la de don Segundo Balcázar, la de Encarnación Jiménez y la de su papá, más conocido como Pachi Gato. Era una pampa llena de faiques y montes. Comenzó a poblarse en 1945. 

Personalmente no conocí a Naún Briones, pero mi padre decía que era un joven inteligente y
astuto. Por aquí siempre pasaba cuando se iba a Catacocha con don Honorato Salcedo. La policía lo perseguía sin éxito.

Arribita, en la loma de Alusaca vivía Jesús Riofrío, gran amigo de él. Una noche mientras tomaban, un pelotón de policías los había cercado y apenas se dio cuenta huye pampa abajo. Los policías corren y corren tras él disparándole, pero no logran capturarlo.

Allá en la otra loma, vivía don Agenor Pangay, entonces a unas cuadritas más allá, en la rama de un motoco cuelga encendida su linterna confundiendo a los policías. Por la luz que irradiaba la linterna, pensaban que estaba ahí y comenzaron nuevamente a cercarlo a la redonda, más ocurre que resultaron engañados y burlados porque él ya se les escapó por otro lado hace rato. Cuando llegaron al árbol encontraron solamente la linterna.

 


Tomado del libro: Naún Briones, leyenda y tradición, Tomo 2, página 90.

Autor: Eduardo Pucha Sivisaca.