domingo, 20 de junio de 2021

LOS AMORES DE NAÚN BRIONES

 Leyendas y tradiciones andinas, Loja - Ecuador

Mi efusivo saludo en sus fiestas de cantonización, al pueblo de Catacocha, Patrimonio Cultural del Ecuador.

RELATO:


Imaginémoslo a Naún Briones paseando en el parque central de Catacocha.


Contaba mi mamá que cuando era pequeña, allá en Catacocha, en una casa en donde ahora se encuentra el Banco de Fomento, tenía una tienda la señora Leticia, cuyo apellido no recuerdo.   Vendía miel de abeja, aguardiente, colas y más productos.   Le gustaba fumar mucho.    La gente rumoraba que ella era amante de Naún Briones.   De niño, yo sí la conocí a la señora Leticia -dice don Manuel Díaz-.   Tenía la voz gruesa.   Era una anciana de pelo claro, piel blanca con arrugas, no muy alta ni tampoco gorda; fumaba chamicos bien gruesos envueltos en papel de despacho.   Nos vendía miel de abeja en vasitos.   Doña Leticia hasta sus años maduros, fajaba su buen revólver en la cintura, de repente hasta hacía disparos al aire.  Tenía la prosa de hombre.

Contaban que Naún, en las fiestas llegaba a Catacocha y se hospedaba en la casa de ella, y para salir a pasear, se disfrazaba de mujer y caminaban por el parque y otros lugares muy serenas, sin que nadie sospeche ni se percate de su presencia.   A pesar de que la policía lo buscaba, él se cruzaba coqueteándoles en sus propias barbas.   ¡Naún era bastante astuto!   Después que pasaba la fiesta, se iba a El Carmen, cerca de Cangonamá, en donde tenía otra enamorada.

 

"El pueblo me lo contó

y yo al pueblo se lo cuento

y pues la historia no invento

responda el pueblo y no yo"

                                     Cordobés Maure

  


Tomado del libro de leyendas y tradiciones: NAÚN BRIONES, leyenda y tradición, tomo 1, 3ra. edición, página 47 / enero 2015.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

 

 

 


sábado, 15 de mayo de 2021

JUICIO QUE DURÓ MÁS DE 50 AÑOS EN CHANTACO

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

 

Mi efusivo saludo a Chantaco, en su trigésimo quinto aniversario de parroquialización y a sus hijos que trabajan diariamente por su engrandecimiento.

Chantaco fue elevada a la categoría de parroquia el 21 de marzo de 1986, mediante registro oficial N°400; pero se conmemora este acontecimiento el 16 de mayo de cada año por decisión de sus dirigentes y pobladores.

 

RELATO


La floreciente parroquia de Chantaco se encuentra asentada a orillas del río de su mismo nombre. Tiene hermosos paisajes y un clima acogedor que no envidia a otros parajes de nuestra patria.
   Hasta 1986 fue un caserío que pertenecía a la parroquia de Chuquiribamba, poblaciones a las que les une ancestralmente características similares en sus modos de vida, costumbres, tradiciones y toda su riqueza antropológica social y cultural.

Hernán Gallado Moscoso en su libro: “Historia del Sur Ecuatoriano”, y Alfonso Anda Aguirre en el suyo: “Indios y Negros bajo el dominio español en Loja” nos proporcionan datos muy interesantes que merecen recordarlos.  Dicen que el cacique Cristóbal Lanche, en nombre de todos los indígenas de Chuquiribamba que no tenían tierras suficientes para realizar sus cultivos, solicita al Gobernador y Justicia Mayor Don Diego de Castro la “composición, venta y posesión” de los terrenos que correspondían al caserío de Chantaco.   

Encargado para este trámite, fue el Presbítero Lope de Torres y Guzmán, por ser conocedor, vecino y dueño por herencia de su padre, de la hacienda Chichaca.    Éste con mucha astucia y mala fe, les perjudicó a los naturales vendiéndoles propiedades ajenas como si hubieran sido tierras realengas; y lo que le convino se adjudicó, usurpándoles así todas las tierras del caserío de Chantaco, por el ridículo valor de cien pesos (equivalente en ese tiempo, a la compra de dos asnos).   Esto ocurrió en 1649.

El presbítero, a más de haberles usurpado a los indígenas, las tierras que fueron propiedad de sus ancestros, prevalido de su investidura de religioso, no dejaba de tratarlos mal, razón por la que, el cacique Cristóbal Lanche, pidió que se siga la causa de contradicción a lo actuado por el clérigo.   Posteriormente se suman en este pedimento los Caciques Gaspar Carguay y Miguel Lema, quejándose por similares usurpaciones a las tierras cercanas a Chuquiribamba.

El trámite fue tan lento, que pasó por muchas instancias y apelaciones, a lo que los caciques que encabezaron esta lucha, murieron sin haber cumplido su objetivo.  

El juicio duró más de 50 años, hasta que la Real Audiencia de Quito percatándose de la veracidad de las denuncias de usurpación y mal trato a los naturales por el presbítero Lope de Torres y Guzmán, dictaminó sentencia, expropiándole la hacienda en favor de los indígenas de Chuquiribamba.  

En el libro citado de Alfonso Anda Aguirre, en la página 81, refiriéndose a este asunto dice:

“Este juicio se prolongó por largos años hasta que, en el mes de febrero de 1705, el corregidor de Loja don José de Saavedra Bustamante mandó a citar al Bachiller Lope de Torres y Guzmán con la sentencia.

El 2 de octubre de 1705, el capitán Don Manuel de Benavides, Alguacil Mayor de Loja, dio la posesión de las tierras de Chantaco a los indios de Chuquiribamba, representados por los caciques Andrés Ogoño y Francisco Carguay, sin perjuicio de terceros, en nombre de su Majestad.

Tal fue el fin de un “juicio tan ruidoso, que duró más de 50 años.”

Cuentan los abuelitos de Chantaco, que los caciques puesto sus oshotitas de cuero y con su alforja al hombro, viajaban a Quito a las Cortes de la Real Audiencia para agilitar el trámite de este juicio.   El viaje duraba 15 días de ida y 15 de vuelta. 

 


Referencia tomada del libro de leyendas y tradiciones: CÁNTARO DE ETERNIDAD, Tomo 1, 2da. edición, página 87 / enero 2007.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

jueves, 6 de mayo de 2021

EL TÚNEL DE CHICHACA

Leyendas y tradiciones andinas / Loja - Ecuador 


Monumental obra construida por obreros y gente de Chuquiribamba en la década de los años cuarenta y cincuenta del siglo anterior.

El túnel de Chichaca es una perforación manual realizada en roca viva, con dinamita y rudimentarias herramientas, en una extensión de 62 metros de largo, cuya construcción demoró aproximadamente 18 años.


Este trabajo lo realizaron en la década de los años cuarenta y cincuenta del siglo anterior, obreros del pueblo de Chuquiribamba, constituyéndose actualmente en el símbolo de la persistencia y trabajo denodado de los chuquiribambenses.  Es una monumental obra, herencia de nuestros ancestros, construida con esfuerzo propio y sin ningún apoyo estatal.

El túnel se encuentra ubicado en el barrio Chichaca perteneciente al  cantón Catamayo en la provincia de Loja; y, a 5 km. desde el barrio Trapichillo en Catamayo.

No hay documentos que nos informen sobre la construcción de la carretera que une a Chuquiribamba con Catamayo construida en el siglo anterior, ni la del túnel que se encuentra en esta vía; pero la memoria colectiva y la tradición oral nos recuerda que en la década de los años treinta, Loja comienza la construcción de sus carreteras para unirse con la Sierra y la Costa, por lo que la parroquia de Chuquiribamba no se queda al margen, aunque se tenga que hacer en forma manual, ya que, en esa época no se conocían aún los equipos camineros y todo se realizaba a través de mingas, forma ancestral de trabajo que aún persiste en nuestras comunidades.

La idea de construir la vía Chuquiribamba - Catamayo, nace de don Carlos Jaramillo Armijos, cuando por segunda ocasión se desempeñaba como Teniente Político, en 1934. 

Con este antecedente, en 1939 el P. Manuel Ignacio Romero, con un dinámico grupo de pobladores, organiza un “Comité de Vialidad”, curiosamente dirigido por mujeres y representados así: Presidenta, Sra. Rosa E. Jaramillo de Galarza; Vicepresidenta, Natividad Reinoso de Bastidas y Secretaria, Dolores Jaramillo E.; naturalmente que tras ellas están distinguidos caballeros quienes prestan todo su apoyo desinteresado, entre ellos los profesores: Leoncio Jaramillo, Deifilio Sinche, Pompilio Reinoso y más prestantes autoridades y personalidades.

Ellas, valiéndose de toda coyuntura política, se dirigen al Dr. Aurelio Mosquera Narváez, Presidente Constitucional de la República y al señor Ministro de Obras Públicas, solicitando que se realicen los estudios para la construcción de esta vía, objetivo que sin mucha demora, consiguen; y es entonces que el día 7 de agosto de 1939, en gran algarabía, más de un millar de personas portando barretas, picos y palas, desde las primeras horas de la mañana están presentes en la minga inaugural, marcando así, una  nueva etapa en el desarrollo vial de Chuquiribamba.

Acudió gente de todos los barrios y junto con ellos, los músicos de la “banda del pueblo” integrada por: Miguel Isaías Sinche, Roberto Granda, Teófilo Granda, Víctor Granda, Apolinario Sinche, José María Pucha y otros, quienes alegran el ambiente y animan al trabajo. 

 El primer día abren la trocha hasta el sitio Pucarín, más de un kilómetro de distancia desde Chuquiribamba al sur.   Posteriormente continúan las mingas cada 15 días y al cabo de algunos años el ramal de la carretera avanzó algunos kilómetros, pero, lamentablemente este sueño no se pudo cristalizar pronto.

Cuando faltan pocos kilómetros para llegar a Trapichillo en Catamayo, en el sector de Chichaca se obstaculiza el avance de la carretera por la presencia de un promontorio de roca viva muy parecido a la Nariz del Diablo en Alausí, pero la persistencia de su gente fue tal que, venciendo dificultades, rompen lentamente la peña con dinamita y luego de algunos años de duro trabajo logran perforar 62 metros de longitud y dar paso al primer vehículo en el año 1957. La construcción de la carretera y el túnel duró cerca de 18 años.

Por lo indicado, el túnel fue construido por obreros y gente de Chuquiribamba en el siglo anterior; por eso, esta obra, nos representa el símbolo del empuje, la persistencia, la unidad y el trabajo mancomunado.

Nixon Ortega Salinas, actualmente maestro jubilado, dice: mi padre, Alfredo Arnoldo Ortega Silva, trabajó algunos años en el túnel, él me contaba que no había ninguna compañía constructora a su cargo ni presupuesto estatal, todo lo hacían con colectas y esfuerzo propio del pueblo.  El sacerdote de la parroquia, el teniente político y más autoridades eran quienes buscaban los recursos económicos en todos los barrios: desde Huiñacápac hasta la hacienda Chichaca.  Organizaban cuadrillas con gente voluntaria que hacían turnos semanales para trabajar.

Algunas personas de los tantos que trabajaron en el túnel, los recuerda a: Hugo Jiménez, Polibio Curipoma, Julio Granda, Fernando Fernández, de Chuquiribamba; y de Chantaco, Alberto Salinas, Floro Salinas Ordóñez y Segundo Silva.

Para desmoronar la peña utilizaban: dinamita, mecha, barrenos, combos, barretas, picos, palas, carretillas y rastras aladas por bueyes para botar la enorme cantidad de piedra y ripio que salía de las explosiones.

Desde niño he transitado por esta carretera y he pasado por el túnel algunas ocasiones, lo curioso es que la vía se mantiene igual desde ese tiempo, angosta y unidireccional, con la dificultad para dar paso cuando otro vehículo viene en sentido contrario, por ventaja no ha habido accidentes en este sitio dominado por un despeñadero profundo que si miramos el filo de la carretera nos estremecemos observando la profundidad del abismo. 

Cuando la construcción de la carretera se terminó, don Segundo Ramón, chofer profesional lojano, pone a disposición su camión con carrocería de madera, para cada quince días llevar a los negociantes desde Chuquiribamba a Portovelo y viceversa, con productos de la zona para abastecer los mercados de Portovelo y Zaruma, entre ellos lo recuerdo a don Víctor Buri, Jhone Ortega, y a una señora que la apodaban “Ardilla”, entre otros.    Esta frecuencia de transporte se mantuvo por muchos años.

Ahora, a esta carretera le dan uso diario, especialmente los agricultores de los barrios Gonzabal y Chichaca de la parroquia Taquil y los de las parroquias Chantaco y Chuquiribamba que llevan sus productos a Catamayo o la Costa.

Don Glauco Cortés dice: de niño conocí el túnel.  Aún lo estaban construyendo.  Pasé acompañándole a mi madre porque era profesora en Chuquiribamba.  Entonces subíamos desde Trapichillo y pasábamos por encima de la peña para coger el camión de la curia en el otro lado.

En tanto que doña Elvita Reinoso manifiesta: qué bello es recordar.  Yo, cuando era niña pasaba por el túnel. Con mi burrito bajaba desde Carmelo a la Toma.

El túnel en la actualidad, constituye un atractivo turístico más, que los lojanos poseemos y pocos lo conocen.

 

Loja, 24 de abril de 2021

Eduardo Pucha Sivisaca.

 

lunes, 3 de mayo de 2021

LA CRUZ DE TIURA, EN LA PARROQUIA SANTIAGO

 3 de mayo, día de Las Cruces

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

En el mundo católico, el tres de mayo se celebra el Día de la Santa Cruz, también se la conoce como Fiesta de las Cruces
porque en el año 326 d. C. en Jerusalén, al excavar el Monte Calvario, encontraron la cruz en donde murió Jesús de Nazareth.

Con la llegada de los españoles a nuestro continente, el sincretismo cultural y religioso que se produce en todas las comunidades andinas, hace que nuestros ancestros combinen los ritos que nos traían con los ya existentes.   Es por eso que en la actualidad no es extraño encontrar colocada una Cruz en la cima de un cerro o en una capilla como símbolo de fe y protección.


A poca distancia de la
parroquia Santiago perteneciente al cantón Loja en la provincia de Loja, se encuentra el cerro Tiura y dicen que en el año 1954 colocaron una Cruz para protegerse de los desastres.  El lugar, a más de ser un atractivo turístico ecológico es un punto de encuentro religioso para celebrar la Fiesta de la Cruz el tres de mayo, con la concurrencia de cientos de pobladores y peregrinos de otros lugares.

En la década de los años del noventa del siglo anterior, de la tradición oral se recogió esta curiosa leyenda y tradición sobre la colocación de la Cruz en la cima del cerro Tiura.

 NARRACIÓN

Se aproximaba el cambio de siglo.   El temor y la desesperación cundió en toda la población de Santiago y barrios aledaños.

Según unos –decían- que se aproximaba el fin del mundo,  porque así estaba escrito en las Sagradas Escrituras; otros que habrán grandes tempestades  y que por  efecto de las mismas se producirán deslaves con los que se unirán los cerros de Tiura, Borma, Sayo y Santa Bárbara; en tanto que unos terceros aseguraban que Santiago iba  a desaparecer, porque la laguna que se encuentra en la cima del cerro de Tiura, enfurecida se derramará y bajará arrasando con todo lo que encuentre a su paso por efecto de la tempestad invernal.   Además, se aseguraba que por los lados circundantes del cerro habían fallas geológicas y ya se observaban grandes grietas.

¿Cómo prevenir de lo que suceda?   Este anuncio lo habían hecho nuestros antepasados y la psicosis colectiva crecía cada día.

La laguna en la cima del cerro efectivamente existía, y cuentan que los curanderos de las


zonas de Santiago, Zenén, Salapa, Las Pitas, El Carigán y en ocasiones hasta los de Chulucana (Perú), acudían a ella con enfermos de espanto, mal de ojo, aire de agua, vientos grandes, torceduras, etc. llevándole ofrendas, para luego de realizar ritos y ceremonias, bañarse en sus frías aguas, ya que le atribuían poderes curativos.

El temor cada instante era más poderoso.   Los años para cambiar el siglo se acercaban y toda la población no sabía si esperar hasta el final o emigrar a otro lugar para evitar ser víctima de la catástrofe.

Cuentan que don Tobías Villamagua, dueño de la estancia en donde está el cerro, junto con sus familiares y amistades construyeron una cruz grande de madera y acudieron a la cima de Tiura a colocarla, porque creían que a través de este acto de fe evitarían lo que les sobrevenía.


Desde entonces se comenzó a celebrar la fiesta de la Cruz, cada tres de mayo, a donde acuden muchos devotos y en un gesto de agradecimiento a Dios, cada año realizan la romería a la cima.

Ha pasado el tiempo; se terminó el siglo XIX, luego el XX y estamos comenzando el XXI.   Los temores se han calmado, la población está tranquila, y de la laguna en el cerro de Tiura, solamente queda la huella y el recuerdo.

Loja, 2 de mayo de 2021

Eduardo Pucha Sivisaca

 


miércoles, 21 de abril de 2021

AÑORANDO LA FIESTA DEL 30 DE ABRIL EN CHUQUIRIBAMBA

 Leyendas y tradiciones andinas / Loja - Ecuador

Por la pandemia del COVID-19, es el segundo año que no podremos presenciar la fiesta del 30 de abril en Chuquiribamba.  Extrañaremos ver en sus angostas calles la multitudinaria procesión de San Vicente Ferrer; así como en la pampa de Cocheturo disfrutar del masivo espectáculo popular de las ESCARAMUZAS, distracción folclórica que aún se mantiene en la provincia de Loja, y que, gracias a la tradición y la fe religiosa de este pueblo, se han popularizado desde el siglo anterior.

 He aquí, un relato sobre el ORIGEN DE LAS ESCARAMUZAS


No se conoce con precisión desde cuándo se realizan las escaramuzas en Chuquiribamba, pero de lo que se tiene datos concretos es que, en 1924, el cura párroco Dr. Carlos Eguiguren R, mandó a tallar la imagen de San Vicente Ferrer, y para la celebración de la fiesta lo nombró como su síndico al señor Abelardo Puchaicela quien ocupó esta función hasta su muerte.

Junto a la devoción de San Vicente Ferrer en la celebración anual de sus fiestas, se popularizaron “las escaramuzas” o “carrera de caballos”; folclórica y tradicional distracción popular que se conserva hasta la actualidad, y que cada vez va tomando características muy originales.   Se dice que esta distracción popular la realizaban en la parroquia de Malacatos hace unos 50 años; en la actual parroquia de Chantaco hace unos 25; y en Gualaceo perteneciente a la provincia del Azuay hace unos 9; pero en todos estos lugares con características diferentes.

Para la realización del espectáculo de las escaramuzas, el síndico de la fiesta de San Vicente Ferrer


, nombra un “alcalde” (dignidad honorífica muy solicitada), el mismo que se encarga de la organización del evento que se realiza el último domingo del mes de abril de cada año; éste nombra a los “guías principales” y éstos con algunas semanas de anticipación comienzan a repasar el espectáculo con coreografías costumbristas e históricas, para escenificar en público en la pampa de Cocheturo.   En el día de la presentación se suman más jinetes (hombres y mujeres) de las parroquias aledañas, con sus respectivos caballos bien ataviados para participar.  Esta es una “promesa de fe y devoción” que algunos lo hacen por un determinado número de años, en tanto que otros por toda la vida.

El día de las “escaramuzas”, desde la iglesia matriz del pueblo, cientos de feligreses en procesión conducen a la venerada imagen de San Vicente Ferrer hasta la tradicional pampa de Cocheturo.   Encabezan la procesión las bandas de músicos del lugar entonando ritmos alegres, y tras la procesión se enfilan centenares de jinetes con sus respectivos caballos para participar en las esperadas “escaramuzas”.


El evento dura de noventa a ciento veinte minutos, y mientras se desarrolla el espectáculo, los organizadores en cada esquina de las calles del pueblo reparten “aguado de leche” a todo el público, los músicos alegran a la gente entonando temas nacionales, y los pirotécnicos revientan cohetes y lanzan globos al espacio, mientras que por otro lado los disfrazados de negras y payasitos entretienen a los niños y adultos.   Unos 15 minutos antes de finalizar el espectáculo, todos los jinetes mientras corren en sus caballos, sacan de sus alforjas: naranjas, limones dulces, mandarinas y manzanas, en cantidades considerables para lanzar al público.   Ese momento se convierte en una lluvia de frutas y la gente se aglomera para coger por lo menos una.

 ALCALDES DE ESCARAMUZAS

Desde 1924 hasta la presente fecha se han desempeñado los siguientes “alcaldes de escaramuzas”: Luis Bautista, Rosa Agüinsaca, Aniceto Guachanamá, Martín Buri y David Tambo; y como “guías principales”: Víctor Pucha, Segundo Tene Valle, José Guachanamá, Pío Puchaicela, Manuel Puchaicela, Lauro Guachanamá, David Tambo, entre otros.

 COMENTRIO:

 “¡Estoy muy contenta observando este maravilloso espectáculo que aquí llaman las escaramuzas!   ¡Es hermosísimo!   Esto no he visto en otros lugares.   Pienso que es único.   Veo también gente que está repartiendo leche en vasos grandes a todas las personas que están en la fiesta.   Qué maravilloso conservar la tradición y las costumbres del lugar”  -manifestó- una de las turistas que visitaba Chuquiribamba en las fiestas del 30 de abril.


Tomado del libro de leyendas y tradiciones: CÁNTARO DE ETERNIDAD, Tomo 1, Segunda edición, enero 2007 / página 28.

 Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

martes, 6 de abril de 2021

LA MASACRE DEL 6 DE ABRIL EN CHUQUIRIBAMBA HACE 75 AÑOS

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador


UN DÍA COMO HOY

 El 6 de abril de 1946, en la plaza de Chuquiribamba fueron masacrados: Julia Medina, Manuel Reinoso, Víctor Pucha y Raúl Sinche, héroes anónimos que entregaron su vida para abolir posteriormente la conscripción vial en Chuquiribamba y otros pueblos de la provincia de Loja.

 

RELATO:

Esto sucedió hace sesenta años (2006), dijo Mama Ignacia.  Fue el seis de abril de 1946. 

Recuerdo que el domingo, después de “misa de doce”, cuando el Teniente Político llegaba montado en su caballo, para desde el pretil de la iglesia en Chuquiribamba, leer el “bando” y ordenar a la gente de los barrios para que se vayan a trabajar en la construcción de las carreteras, menos pensado, doña Inocencia Valle, de un golpe lo tumbó del caballo y en ese instante se armó el alboroto.    Toda la gente que estaba en el parque, se amontonó y luego se dividieron en grupos, unos a favor y otros en contra.   En primera instancia se terciaron a golpes, luego con la bulla de gritos y disparos se dispersaron.   Mientras eso sucedía aquí, otros intentaron tomarse el destacamento de policía y dos jóvenes recién salidos del cuartel corrieron a las inmediaciones de Chantaco para cortar la línea telegráfica.

Fue un día muy triste, porque en esa pelea, entre la gente de los barrios con los mestizos que vivían en el pueblo, los policías nos disparaban al cuerpo y sin compasión.    Después, solamente se escuchaban gritos de dolor de los heridos, y el lamento de las familias de los fallecidos.   ¡Murieron cuatro!

Después, los cadáveres, tendidos en la calle pasaron tres días, y nadie podía tocarlos hasta que lleguen las autoridades de Loja, para hacer el levantamiento y enterrarlos.

Durante esos días, reinaba el silencio y la soledad en el pequeño parque y las estrechas calles del pueblo.   Nadie salía, todos veían desde las ventanas, temerosos a que se repita un nuevo incidente.

 El motivo de este suceso fue el abuso de autoridad. Trataban de someternos. 

Nos prohibían caminar después del medio día por las calles del pueblo.   Éramos humillados, maltratados y encarcelados por cosas simples.   A nuestros maridos y también a nuestros hijos los enviaban a trabajar constantemente en las carreteras sin ninguna remuneración, y tenían que trasladarse por algunos días con su propia herramienta y comida.  

Una tarde, Polibio Pucha Gutiérrez se quedó en el pueblo, entonces lo habían encarcelado.   Al siguiente día, lo encontramos en el calabozo agonizando.   Después nos contó, que los policías le golpearon y luego a la media noche le hicieron bañar en las heladas aguas de la quebrada de Cocheturo.

Esta fue la gota que derramó el vaso y el enfrentamiento de la gente de los barrios: Pordel, Chantaco, Carmelo, Tesalia y otros, se dio ese domingo.


Francisco Pucha, indica la huella del balazo que le propinaron en la ceja, –sonriendo dice- “cuando no le llega la hora, ni con bala se muere”.   A mí no me pasó nada, pero desde el ciprés en donde estaba escondido, vi como la mataron a Julia Medina, esto fue en la cancha, frente a la escuela.    Quiso defenderla Emilio Guachanamá, pero los policías lo hicieron correr.    La fachada de la iglesia quedó agujereada de tanto disparo.    Más abajito el policía Córdoba, “tan, tan, tan” le echó tres balazos a Manuel Reinoso, quiso hablar, pero se desplomó.   Otro policía desde la esquina de la iglesia, a Víctor Pucha Gutiérrez lo hirió en el estómago, lo cogimos y corrimos llevándolo a esconderlo en la casa de Javier Sinche, vino el Padre Aurelio Abarca a confesarlo; pero el policía Riascos, un negro altote, creyéndolo culpable, en la cama le propinó un tiro en la cabeza y murió de inmediato.   En ese mismo lugar también lo mataron a Raúl Sinche.

A la Clotilde Pucha de un balazo le volaron los dedos de la mano derecha; a Teodoso Loarte le dispararon en las piernas, y a otros los hirieron gravemente.   Después supimos que treinta y dos heridos se convalecían.

Esto fue una gran novedad, por eso, temerosos de que se sumen los barrios de los pueblos vecinos, pidieron refuerzo policial a Loja.   Más de treinta policías vinieron.

Después, a todos los cabecillas nos buscaban para matar.   Los policías bajaban por Tierra Blanca a Pordel, disfrazados con sombreros y ponchos, registrando casa por casa.    Mi mujer y yo, nos escondimos en Chilpa, cerca del cerro Santo Domingo; la Inocencia Valle, debajo de una chorrera de agua que estaba frente a su casa; Polibio Pucha con la María cerca de Santa Bárbara, en la casa de don Abel Medina; Agustín Pucha con la Ignacia, en la loma de Cubilán, Lauro Pucha con la Juana, abajo en la chorrera de Torata y José Vicente Sivisaca, en Calucay.  

Desde ahí se abolió la conscripción vial o trabajo obligatorio en las carreteras sin remuneración, aquí y en otros pueblos de la provincia –concluyó-

 

Tomado del libro de leyendas y tradiciones: HUELLAS, página 36 / mayo 2006.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

 

N.B.- 

LEY DE LA CONSCRIPCIÓN VIAL:

Esta ley fue dictada a favor de las Municipalidades del país, el 15 de julio de 1944 por el Dr. José María Velasco Ibarra, Presidente Constitucional de la República con el “objeto de construir, mejorar y conservar los caminos que no hubieran sido declarados de carácter nacional y que estén ubicados dentro de las respectivas jurisdicciones cantonales”.

Con esta ley se obligaba a todos los ciudadanos ecuatorianos varones comprendidos entre los 21 y 50 años de edad a trabajar durante cuatro días al año en obras públicas.

A nuestros papás, cuando niños, siempre les escuchábamos recordar este episodio como: LA HUELGA DEL 6 DE ABRIL.

sábado, 27 de marzo de 2021

LOS GUIONEROS Y ALUMBRADORES DE IMBANA


 Tradiciones de Semana Santa en Zamora Chinchipe:

Costumbre sui generis de esta parroquia que, durante los cinco días de la Semana Santa, ninguna familia del pueblo de Imbana prepara sus alimentos en casa, porque cada guionero tiene asignado un día para compartir comida a toda la población sin distinción alguna.  

Desde las 12h00 de cada día, llega la gente a la casa del guionero para en una mesa grande compartir el almuerzo que muy generosamente le brindan.

RELATO   


Imbana es un pequeño pueblo con un gran porcentaje de habitantes pertenecientes al grupo étnico de los saraguros.   Geográfica y administrativamente pertenece a la provincia de Zamora Chinchipe; pero, su corazón, sus costumbres y tradiciones son auténticamente lojanas (parroquia San Lucas).   Se encuentra a doce kilómetros de distancia desde la parroquia de Jimbilla perteneciente al cantón Loja.   Según sus habitantes, fue creada en 1960.

Para llegar a esta parroquia se hace por una angosta carretera de verano, que solamente entran camionetas particulares.

Los guioneros

Los guioneros son personas que voluntariamente hacen su promesa de fe para servir a Dios y al prójimo, un día en la Semana Santa.  En total son 5 guioneros.   Para ello, con un año de anticipación se hacen anotar en la casa del Síndico, señalando el día que quieren pasar la promesa a Dios.

El ritual de los guioneros comienza el día Lunes Santo.   En el presente año (2002) le correspondió el lunes a don Fermín Chalán; el martes a don Virgilio Lozano; el miércoles a don Manuel Guayllas; el jueves a don Víctor Lozano y el viernes a don Luis León Vargas.

El Guión Santo

El Guión, es un pedacito de madera de un metro veinte centímetros de largo y unos seis centímetros de diámetro, el mismo que está cubierto por una tela negra, y que en su extremo superior está la representación de Jesús Sacramentado.   Éste es entregado cada noche en ceremonia especial en la iglesia junto al Altar Mayor por el síndico, al guionero que le corresponde.   Luego de rezar el santo rosario e invocar cánticos y oraciones, en multitudinaria procesión es acompañado desde la iglesia hasta la casa del guionero para velarlo toda noche.

Al guionero le bañan a las cinco de la mañana con agua caliente aromada de congona y otras plantas; esto según dicen los sahumadores, es para purificarlos y tengan derecho a tomar en sus manos el Santo Guión.

Siete platos de comida


Durante la Semana Santa, ninguna familia del pueblo prepara alimentos en su casa, porque cada guionero tiene un día para brindar.  

Diariamente preparan siete platos diferentes que son repartidos a la hora del almuerzo.   Las comidas que preparan son: fenezca, fréjol con guineo, fideo con papas, zambo con choclo y poroto tierno, arroz con pescado, zapallo con leche y miel con quesillo y pan.

Don Luis León Vargas, designado “Guionero del Viernes Santo”, dijo que para este día había comprado: un quintal de arroz y uno de papas, dos arrobas de fideo, cincuenta pescados, dos chimbuzos de miel, diez libras de quesillo, quinientos panes y todos los granos y productos que se dan en la zona (fréjol, zapallos, zambos, achogchas, guineos, lechugas, entre otros) para darles de almorzar, a por lo menos unas 300 personas.

Los alumbradores

Al igual que los guioneros se hacen anotar en la casa del síndico, y entre las funciones de ellos es el sacrificio que le dedican el día Jueves Santo, velando en la iglesia toda la noche al Santísimo Sacramento.   Para cumplir con esta penitencia son bañados en aguas aromáticas en la mañana del jueves y a partir de las 18h00 junto con su esposa y los “sahumadores” están sentados cada uno en una silla frente al Altar Mayor sin poder desde ese momento dormirse un solo instante hasta que sean las 06h00 del siguiente día.   Llevan consigo 30 velas por ellos mismos confeccionadas que tienen una dimensión aproximada de un metro de largo.   Dicen que con esta cantidad de velas les alcanza para alumbrar a la iglesia toda la noche.

Los sahumadores

Los sahumadores son niños generalmente de la misma familia, que, ya sea en la iglesia o en donde está velándose el Santo Guión, en unos braseros especiales compuestos con flores y otros adornos, no descansan toda la noche de poner carbón e incienso en los sahumerios para aromar el ambiente.

 

Tomado del libro de leyendas y tradiciones: HUELLAS, página 99 / mayo 2006.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.