viernes, 19 de abril de 2013

CHUQUIRIBAMBA: fiesta y las escaramuzas



FIESTA EN HONOR A SAN VICENTE FERRER Y PARROQUIALIZACIÓN

Foto: edup
El día viernes 19 de abril de 2013, el Dr. Geovanny Agüinsaca  quien dirige el programa radial “La voz de las parroquias” a través de Radio Luz y Vida, rindió homenaje a la parroquia de Chuquiribamba desde el sector San Cayetano Bajo, barrio lojano en donde residen un gran número de pobladores de Chuquiribamba.

La casa del señor Ángel Pauta fue el lugar de concentración de pobladores, artesanos, músicos e intelectuales para saludar a su tierra.  Estuvo también presente la Banda de Músicos, quienes brindaron una serenata, interpretando en primera instancia su himno popular, “el pasacalle Chuquiribamba”, de autoría del ya fallecido autor y compositor de este pueblo, César Guaya Orozco. 


REFERENCIAS HISTÓRICAS

edup/2013
Chuquiribamba fue elevada a la categoría de parroquia eclesiástica en el año de 1694; y es reconocida como parroquia civil, en el año de 1831, cuando nuestro país se separa de la Gran Colombia y se constituye en estado independiente; es decir que estamos cumpliendo 319 años de vida parroquial eclesiástica y 182 años como parroquia civil.

Lo que no conocemos con exactitud, es la fecha de su fundación, pero se dice que los Chucum – bambas fue un grupo étnico perteneciente a la gran nación de los Paltas, antes de la conquista Incásica.

Vale destacar que los Chuquiribambas no fueron sometidos ni a los conquistadores Incas ni a los conquistadores españoles.   Prueba de ello es que en la colonia sus habitantes se rebelaron y no permitieron que sus tierras sean incluidas en la hacienda del español Gregorio Sánchez Román en 1785.

BANDAS POPULARES DE MÚSICOS EN CHUQUIRIBAMBA

edup
 Me siento muy halagado
cuando hablan de mi  tierra
en la Costa y el Oriente
y en los pueblos de la Sierra.

Orgulloso haber nacido
en esta tierra bendita
de músicos soñadores
honor que nadie nos quita.

Sin temor a equivocarnos, Chuquiribamba es la única parroquia rural de la provincia de Loja en donde su gente por vocación se dedica a las actividades artísticas musicales; razón por la que en la actualidad contamos con algunas bandas populares de músicos y orquestas, aptitudes innatas que vienen de generación en generación.

No descartamos que en la colonia, ya existieran otras bandas populares.   Lamentablemente esos datos no se han registrado; pero es a partir de 1891 que se mantienen  dos bandas populares: la “Dios y Patria” y la “Ecuador”, es decir más de un siglo.

CRONOGRAFÍA DE LAS BANDAS POPULARES

La banda Dios y Patria fue fundada en 1891; la “Ecuador” en 1930; la de los “Satuchos” en 1950; la “San Vicente” en 1993; la de la Escuela de Música en 1995; la “San Juan Bautista” en el 2001 y la banda de “Los Cherecos” en el 2010

Además contamos con la Orquesta “Tropical Sound”, cuyos integrantes en su mayoría son egresados de la Escuela de Música que funcionó en nuestro pueblo en 1995 y en este año con motivo de sus fiestas parroquiales se estrenará una nueva Orquesta dirigida por Patricio Riofrío, destacado músico de esta parroquia.  

LEYENDAS Y TRADICIONES

LA FUNDACIÓN DE CHUQUIRIBAMBA

edup/2013
Antes de la llegada de los Incas, toda esta comarca estaba habitada por los Chucum - Bambas, grupo de indígenas dispersos, unos en el sector de Guayllas, (actualmente Tesalia), otros en la actual parroquia de Chantaco, y unos terceros por los alrededores del actual Chuquiribamba.  Además existían grupos indígenas menores, ubicados en Saracapa, Huiñacapa, Casachir, Jalacapa, entre otros.

Vivía en Chantaco un cacique de apellido Carguay; en Chuquiribamba el cacique Sinche y en Guayllas el cacique Pinta.

Siempre que tenían reuniones sociales, luego de disfrutar de las comidas y las bebidas acostumbradas, la primera discusión era la de fundar el pueblo; pero cada uno quería que sea en su lugar y ninguno cedía.   Pasó mucho tiempo, la disputa continuaba sin llegar a ningún acuerdo.

Cierta ocasión, en una reunión realizada en Chantaco, Carguay propuso una alternativa, la misma que los demás le creyeron bien acertada y que con ella finiquitarían el asunto.

La propuesta consistía en realizar una caminata desde cualquier punto donde ellos residían, llevando consigo un gallo, y que en su recorrido, en donde cante éste, sería el lugar elegido para la fundación del pueblo.

Se dice que la propuesta fue aceptada. Inmediatamente señalaron el lugar, el día y la hora desde donde debían iniciar la caminata

En la víspera del día concertado, llegaron desde los diferentes puntos todos los caciques acompañados de sus esposas, hijos, colaboradores y amigos más cercanos.   Esa noche como pudo suponerse, fue de fiesta, conversaciones y bebida.   El punto central, los preparativos para la caminata. Al día siguiente uno de ellos tomó entre sus manos un gallo de regular tamaño y peso, lo metió en su alforja, dejando al descubierto su cabeza  y echó al hombro; y tras él le siguieron todos los invitados a este singular acontecimiento y emprendieron la caminata de acuerdo a lo convenido, desde Chantaco hacia el norte.  Entonando cánticos, oraciones a sus dioses y rituales especiales, en espera de la sorpresa que en cualquier momento les dé el gallo, pasaron por los sitios de Cumbe,  Calucay, Pordel, Tanguminio y Quizán; mas ocurre que cuando estaban cerca de la laguna de los Chuquiris, el gallo cantó una vez, a lo que todos sorprendidos, en completo silencio, se limitaron solamente a verse las caras; y el gallo como muy emocionado aleteando algunas veces, nuevamente cantó.

Como el compromiso era así, aunque al cacique de Guayllas poco le gustó, como tampoco al de Chantaco, por ser un lugar de clima frío; pero finalmente aceptaron, ya que según dicen, ellos eran gente muy seria y su palabra era Ley.

Pasado el acontecimiento, se abrazaron, cantaron y danzaron muy alegres, luego cortaron un árbol de arrayán y colocaron un poste muy grande señalando el lugar en donde posteriormente se levantaría el pueblo de Chuquiribamba.

El tiempo ha transcurrido, quien sabe cuántos siglos, pero esta historia viva se ha conservado en la memoria de algunas familias y hoy la compartimos antes de que desaparezca.

LAS ESCARAMUZAS


edup/2013

 Las escaramuzas son unas de las pocas distracciones folclóricas que se mantienen y se dan en la provincia de Loja, y que gracias a la tradición y la fe religiosa, se han  popularizado en nuestro pueblo desde 1924.


Se trata de un rodeo criollo que con el pasar del tiempo ha ido tomando características tan originales y propias, que la realizan todos los años la última semana del mes de abril, los devotos de “San Vicente Ferrer”, como una  “promesa de fe”.

El día domingo luego de terminada la misa, con la gran bulla de cohetes y en una multitudinaria procesión encabezada por las bandas de músicos, entonando cada una canciones alegres, toda la gente del pueblo la traslada a la imagen de San Vicente Ferrer hasta la pampa de Cocheturo, y tras la procesión se enfilan más de un centenar de caballos bien aperados y adornados con atavíos diferentes, así como sus jinetes, de acuerdo a su posibilidad económica.

Los jinetes, bajo la dirección de sus guías se ubican en las cuatro esquinas de la pampa y en forma elegante y caprichosa cada uno demuestra sus destrezas en la presentación que hacen ya en trote, así como en carrera, dando colorido a la coreografía preparada.

Por otro lado están los “disfrazados”: monos, osos y negras, que con una olla de colada de harina de maíz, con la cuchara “mama” les echan o les frotan a todos los curiosos e impertinentes que cometen el desorden y los amontonamientos.   Esta es una forma tan original de controlar el orden a fin de proveer el espacio adecuado por donde tienen que correr los jinetes.

Mientras se realizan las carreras que duran aproximadamente dos horas, al finalizar, comienzan los jinetes a sacar de sus alforjas: naranjas, maduros, limones dulces y manzanas que llevan para lanzar al público.   Es un espectáculo maravilloso.   Los niños y aún los ancianos se forcejean por coger una fruta.   En algunas ocasiones lanzan al público hasta aves de corral, y ahí es más llamativo el espectáculo.
Mientras tanto los priostes de la fiesta se ubican  con ollas grandes llenas de “aguado de leche” (mezcla de leche con panela y aguardiente) en algunas esquinas de las calles del pueblo y en la pampa de Cocheturo para brindar a todos los concurrentes sin distinción de clase, edad ni sexo.

Leyendas tomadas del libro: Chuquiribamba Semillero de Músicos y Artistas, publicado en el año 2009 en la colección Lojanidad / Literatura 3 / Serie Loja de transición 7.

Autor: Eduardo Pucha Sivisaca

lunes, 8 de abril de 2013

LOS ENCUENTROS: El dueño de la parroquia

EL DUEÑO DE LA PARROQUIA LOS ENCUENTROS


 Los Encuentros es una parroquia rural del cantón Yanzatza, provincia de Zamora Chinchipe.   Llegué en 1980 cuando era un caserío con pocos habitantes y carecía de los servicios básicos.   Ahí  conocí a José Antonio Mangasho, descendiente de la milenaria etnia shuar, único de su raza que habitaba en ese lugar.   Tenía una apariencia joven, y aseguraba tener más de setenta años.   Él, excepto sus mujeres, era comunicativo con los colonos y hablaba muy bien el castellano.
Después de 32 años, me encuentro con Domingo  Mangasho, nieto de José Antonio, quien al igual que su abuelo, hablantín y abierto, dice: ¡Usted lo ha conocido a mi abuelo!, ¡él ya murió!  ¿Cuándo? -le pregunto-, en el 2006 responde.  
Murió de 110 años afectado por una gangrena en la pierna, por lo que los doctores le cortaron.   Tuvo dos hermanos: Chiango y Atzazu; igual, dos mujeres: Panchi y Chiengu (hermanas); así como dos hijos: Andrés en Chiengu y Martha en Panchi.
Contaba que nació en El Tingui de Morona Santiago.   Llegó a Los Encuentros muy joven, en 1930 creo.   En ese tiempo todo este lugar era selva virgen.   Vino en canoa por el río Zamora remando a contracorriente y cuando desembarcó en esta playa, decidió quedarse y lo bautizó como “Encuentro” porque se unían los ríos: Zamora y Nangaritza.  
Es a partir de 1960, cuando llegan los primeros colonos que lo llaman “Los Encuentros”.
Vine acá, decía, porque en Sucúa, Méndez y otros lugares comenzaron a formar la Federación Shuar, y como a mí no me gustaba las discusiones y peleas, me alejé de ellos; quería vivir libre como los pajaritos sin que nadie les moleste.   Aquí conocí a Panchi y Chiengu mujeres con las que vivo desde que llegué.    Chiengu era viuda cuando la conocí, nos enamoramos, y ya...  Después la conseguí a la otra.
Recuerdo -continúa Domingo- que las mujeres de mi abuelo (mi abuela y mi tía abuela) se llevaban muy bien, nunca peleaban.      Una noche dormía con Panchi y la otra con Chiengu; igual cuando se iba a la montaña de casería o al río de pesca, se turnaban; así vivió él hasta su muerte.
En 1960 llegaron los colonos.   El primero fue don Serafín, cuñado de don Manuel Ortiz; luego don Manuel Ortiz, don Alejandro Velázquez, don Miguel Muñoz y así otros.   A ellos mi abuelo les había cambiado sus terrenos con escopetas, radios, espejos, hachas y machetes; es que ellos en ese tiempo no conocían estas novedades, eran los últimos adelantos.   Por esta razón mi abuelo se quedó pobre y sin nada.
Posteriormente don Velázquez, a estos mismos terrenos los revendió a la gente que llegaba; igual hizo don Manuel Ortiz, trajo a sus conocidos a trabajar y en pago les daba lotes para que vivan ahí; y como  él ya estaba viejo fue a vivir en Yanzatza.  ¡Así se acabó la propiedad de mi abuelo!
Cuando nos íbamos de cacería, mientras caminábamos en la montaña recordaba: a Alejandro Velázquez le cambié con una vaca; a Manuel Ortiz con dos escopetas; y a Miguel Muñoz con un radio; los demás me dieron un hacha, un machete y así… a otros les cambié hasta con cosas de comer.
Mi abuelo siendo el dueño de los terrenos que ocupa toda la parroquia “Los Encuentros”, se quedó sin nada, porque se aprovecharon de su ingenuidad.   ¡Nos indigna, nos da coraje!   Se quedó sin nada.   Murió sin tener dónde vivir.   ¡Parece increíble!  ¡Verdad!
Los que hicieron estos negocios en ese tiempo, ahora está muy bien; mientras nosotros mendigamos que nos vendan un lote de terreno.

miércoles, 16 de enero de 2013

TAQUIL: Los arrimados de Cera

LOS ARRIMADOS DE LA HACIENDA CERA



“Indios y blancos escribieron esta parte de la historia, no con tinta en los libros de texto sino con sufrimiento humano, pesadumbre, miedo, sangre y muerte”
Jerry Gentry




El barrio Cera de la parroquia Taquil, por ancestro es una comunidad de alfareros, se diría única en la provincia de Loja.   Aquí se elaboran las ollas de barro que son comercializadas en todas las comunidades cercanas. 
Don Celso Veliz, oriundo de este lugar, bien comunicativo y espontáneo dice: esta zona era parte de la hacienda que pertenecía a los señores Burneo desde tiempos coloniales; y, se extendía desde Salapa hasta Gonzabal, es decir ocupaba gran parte de lo que hoy son las jurisdicciones de El Valle, Taquil y Catamayo.   Mis abuelitos trabajaron en calidad de arrimados aquí.  
¿Qué sabe de esta hacienda?, -le pregunto-  Él responde, ahí estamos un poquito con la historia fraccionada; pero, comentaban los abuelitos que perteneció a los herederos de Don Juan de Salinas.   También decían que posteriormente heredó una monjita  de apellido Burneo; pero ella en calidad de religiosa no podía tener bienes, por lo que le donó a su sobrina, quien posteriormente se casó con don Ramón Burneo.  
¿Quién era don Ramón Burneo?  -continúo-  Era un hombre alto, blanco, de ojos claros, simpático; pero, pobre, pobre, pobre…   ¡Así de simple!   
Se casaron en Gonzabal.   Personas que aún viven dan testimonio de eso; una de ellas cuenta que su abuelita veía como don Ramón venía por el camino real, montado en un caballo blanco a cortejar a la chica y, después de casados vinieron a vivir aquí.   Estamos hablando del año de 1700 más o menos.   Han pasado más de tres generaciones  y son los mismos Burneo, dueños de estas tierras.  
De lo que últimamente dan razón, esta hacienda pertenecía al Dr. Vicente Burneo y, él en vida repartió a sus herederos: Salapa y Cachipamba para la Sra. Lucha; Cera para Don Vicente y Gonzabal para Don Alfredo, desde entonces quedó fragmentada.   Ellos fueron los últimos dueños.
Hay muchas historias que contar.   Dicen que estas tierras fueron “comunales” porque el Rey de España así lo dispuso; las otorgó para uso exclusivo de los indígenas; sin embargo vino más gente de España, nos despojaron y sometieron al sistema feudal.  
Aquí vivían nuestros abuelos haciendo ollas de barro y taltaquis (vasijas para guardar los granos).   Vinieron los conquistadores y los asediaron primero a los Gonzabales y otras comunidades; entonces los Ceranos evitando someterse, huyeron a las montañas de Zota; los de Curipamba e Ingapirca –dicen que- cavaron hoyos profundos para familias enteras enterrarse vivos en sus taltaquis.   ¡Mire usted, prefirieron morir antes que someterse!   ¡Son historias conmovedoras que al calor del fogón nuestros abuelos contaban.
La osadía de esta gente por adueñarse de Cera,  hizo de que se buscaran pretextos; cuentan que en una ocasión se  había pasado del río para este lado una vaca de los patrones, y entonces un indígena la ahuyentó con un perro, la vaca corre y al saltar se rueda y muere; entonces los indígenas quisieron reponer, pero ellos no aceptaron, más bien aprovecharon esta circunstancia para adueñarse y someternos a los que aún quedábamos; desde ahí dicen que se extendieron más sus dominios de la hacienda incorporando las zonas de: Chamana, Salalón, Higuerón, Cochaloma, Gentil. Cashapamba, Choras, Curipamba y más abajito Ingapirca. 
Don Lauro Lituma quien hace poco murió, tenía 102 años, decía que tiene el documento de pertenencia de las tierras comunales emitido por el Rey de España.  Entonces junto a un señor de apellido Malla y otro Buele, con el documento en mano se van a Loja donde el Dr. Bayancela, quien luego de leerlo y analizarlo les sugiere que se vayan al Ministerio de Previsión Social en Quito a reclamar, porque esas tierras son “comunales” y les pertenece.   ¡Se fueron!
Mi abuelita recuerda, que hasta altas horas de la noche trabajaban haciendo ollas para venderlas y aportar con algo a los comisionados que se iban a Quito; en tanto que otros vendieron sus chanchitos y otros animalitos. ¡Todos apoyaron!
Llegó el día y los comisionados se marcharon caminando, primero a Machala, para de ahí pasar a Guayaquil y luego a Quito, llevando en sus alforjitas cucayo y máchica de fiambre.   Cuando pasaron Balzas, la Avanzada, Santa Rosa y Machala se sorprendieron al ver las casas desplomadas, destruidas y en el suelo.   ¡Eran las secuelas de la Guerra del 41.  
En Machala se embarcaron en el buque “Simón Bolívar” a Guayaquil; y de ahí tomaron el tren rumbo a Quito.  
Cuando llegaron al Ministerio de Previsión Social y presentaron los documentos, se dieron cuenta que iban a fracasar porque los funcionarios se mostraban del lado de los hacendados; además viéndolos con poncho se burlaron, los humillaron riéndose.   ¡No quiero entrar en más detalles!, pero, la verdad es que los trataron muy mal.
Fíjese, cuando regresaron de Quito, antes que lleguen a Cera, los patrones ya sabían todo lo ocurrido allá, pese a que en ese tiempo no había internet ni celulares. 
Después de unos días, cuenta mi abuelita que vio a más de  veinte soldados montados en acémilas llegar  preguntando por Lauro Lituma y don Malla, posteriormente los botaron de la hacienda.  ¡Mire! ahí en ese lugar donde sacamos el barro para hacer las ollas había una casita, ¡la quemaron!, a las otras… igual.   Don Octavio Robalino, ese día se casaba, entonces la fiesta no la pudo hacer, porque ya no tenía en dónde.
Este fue el precio, que pagaron nuestros abuelos por reclamar sus derechos; para vivir  con dignidad; lamentablemente no lograron y tuvieron que seguir igual, continuar pagando las “obligaciones”, forma de trabajo que se inventaron para cobrarnos por la prestación de las tierras.   Habían las “obligaciones generales” consistente en realizar la limpieza de todas las acequias de la hacienda; luego las “huasicamías”, en que cada familia tenía que vivir una semana en la casa de hacienda deshierbando la huerta, ordeñando las vacas, cuajando los quesillos, sacando la mantequilla, cuidando los borregos, chanchos, pavos, cuyes y gallinas, que eran por cientos.   Además  sacar y transportar los “mishques” (jugo de los pencos) para engordar los chanchos.  Para que realicen estos trabajos el patrón no les entregaba ninguna herramienta, teniendo que los arrimados arreglárselas como puedan.   En este son, ¡salía una familia y entraba otra!
Otra obligación que se aplicó, eran las “vaquerías”, es decir el cuidado de todo el ganado de la hacienda; también la de llevar la providencia a la ciudad de Loja e igual pasar allá en la casa del patrón una semana haciendo trabajos similares a las “huasicamías”  
Y para los niños menores de diez años, con el pretexto de que se les debe enseñar a trabajar,  también les instauraron una obligación denominada el “comedimiento”, para que barran la casa, espanten a los pájaros de las cementeras, cojan hierba para los cuyes, boten el maíz a las gallinas, etc.
Todo el tiempo tenían que pasar cumpliendo “obligaciones”, por lo que les quedaba pocos días en el mes para trabajar en su casa.   Se daban casos que algunos indígenas por su vejez no podían cumplir la “obligación”, entonces ésta la heredaban los hijos.
En 1960 gracias a la Reforma Agraria aplicada en el Ecuador, se realiza la parcelación de las haciendas y Cera no es la excepción, entonces a los arrimados nos dieron en propiedad pequeñas parcelas, aunque la ley decía que tienen que recibir el veinte por ciento del total, no fue así, pero bueno, algo es algo.