miércoles, 25 de agosto de 2021

ROMERÍA DE LA VIRGEN DEL CISNE

Leyendas y tradiciones andinas / Loja - Ecuador


La Churonita, como cariñosamente se la llama a la Virgen del Cisne, se la venera desde 1594.

Son 427 años de peregrinación. Todos los años a partir del 17 de agosto empieza la caminata. Parte desde su Santuario en El Cisne con destino a San Pedro de la Bendita; el 18 llega a Catamayo y el 20 arriba a Loja recorriendo más de 70 kilómetros de distancia; pero este año no fue así, porque inesperadamente a la media noche del jueves 19 de agosto de 2021 arribó a la iglesia de la Catedral de Loja.  No hubo como en otros años el acompañamiento multitudinario de miles de devotos por precaución de la pandemia.

Esta romería está considerada como una de las más grandes en Latinoamérica.

 

RELATO:


Anteriormente, el día 20 de agosto, la Virgencita en su romería desde el Santuario del Cisne, llegaba a Loja por el barrio de El Pedestal.

Recuerdo –dice- Miguel Criollo, un septuagenario de San Cayetano y que actualmente vive en la ciudad de Cuenca, así como ahora, la gente era bastante devota, casi toda la ciudad se volcaba al encuentro de la Virgen, unos iban a traerla desde El Cisne, otros desde Catamayo y los más viejitos avanzaban hasta El Villonaco por la carretera antigua, o a La Urna (actualmente cerca del barrio Menfis). 

En casi todo el camino había gente que instalaba sus chinganas para ofrecer a los romeriantes toda clase de comida, como: caldo de gallina, cuyes asados, tamales, fritada, refrescos y más.

La Virgencita llegaba a la catedral a las siete de la noche.   Cuando estaba en el Pedestal comenzaban a repicar las campanas y entonces Monseñor Aguirre, Obispo de Loja, junto a un grupo de canónigos hacían una hermosa calle de honor desde la Chorrera (en la bajada del Pedestal, había una chorrera grande de agua) hasta la Catedral.   En la calle Diez de Agosto, todos los balcones eran engalanados con flores, cintas y cortinas; los niños y los devotos, desde ahí lanzaban manojos de chagrillo y lluvia de pétalos de flores.   Eran miles de peregrinos que llegaban para luego ingresar a la iglesia a participar de la misa.

Los feriantes llegaban en acémilas

Lo que hoy es el parque Bolívar, anteriormente se llamaba “La Estación”, ahí llegaban todos los cuencanos que venían a la romería de la Virgen del Cisne y a la Feria del 8 de septiembre.   La mayor parte llegaba en acémilas.   No sé cuántos días caminaban, pero llegaba bastante gente.  Calculo que los cuencanos se transportaban en unas cinco mil acémilas; en tanto que aquí en Loja, había gente que tenía listo los potreros para pastar las recuas de los equinos de la gente forastera.    En cada potrero cuidaban a los animales dándoles agua, hierba y rastrojo.   Había potreros en San Cayetano, Yanacocha, el Plateado y otros lugares.   Entre los dueños de los potreros que recuerdo eran: don Manuel Arcentales, unos señores Valdivieso, otros de apellido Guaricela y mi abuelo, Gabriel Shunaula.  

En ese tiempo, todo el comercio llegaba en acémilas.   No había aún transporte vehicular.

La carretera que une Cuenca con Loja estaba en construcción.   Esta carretera la inauguraron en 1948.  

 

Refiriéndose a la ciudad de Loja –concluye-, en 1941, se extendía: por el norte, hasta la calle José Félix de Valdivieso; por el sur, hasta la calle Catacocha; por el este, hasta la calle Juan José Peña; y por el oeste, hasta el margen del río Malacatos (Av. Universitaria).   Así era la ciudad.   No soy tan preciso, pero ese entonces, la ciudad tenía unos diez mil habitantes.  Le digo eso, porque casi todos nos conocíamos.

 Las calles no eran asfaltadas, una que otra adoquinada.   Lo único que era pavimentado y adecentado era el Parque de la Catedral. 

 

Referencias tomadas del libro de leyendas y tradiciones: HUELLAS, página 16 y 17 / mayo 2006.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

jueves, 22 de julio de 2021

SIN CARRETERA AÚN… LLEGÓ EL PRIMER CAMIÓN A CHUQUIRIBAMBA EN LA DÉCADA DEL CINCUENTA

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador



La parroquia Chuquiribamba, Patrimonio Cultural del Ecuador está ubicada al noroccidente de la ciudad de Loja, a una distancia de 45 Km.

Para llegar a este lugar puede hacerlo por la vía: Villonaco – Taquil – Chantaco - Chuquiribamba o la vía: Catamayo – Chantaco - Chuquiribamba.

RELATO:

Imposible, decían… pero lograron.

Manuel, paisano y compañero maestro que en su juventud trabajó en una escuelita de la frontera, decía: cuando a la gente de Celica, Pózul y Pindal les contaba esta hazaña de los Chuquiribambas, no creían; manifestaban que era imposible que llegue un carro donde no hay carretera.  Yo les afirmaba que sí, porque cuando niño, presencié este acontecimiento.   Vi que llegó el camión en partes desde Catamayo, la carrocería primero y luego el chasis del vehículo conducido por un señor de unos cincuenta años de edad que lo llamaban Carlitos.  Cuando llegó a Chuquiribamba lo estacionó frente al convento y la gente emocionada aplaudía y daba vivas, en tanto que la “banda de pueblo” integrada por: Miguel Isaías Sinche, Roberto Granda, Teófilo Granda, Víctor Granda, Apolinario Sinche, José María Pucha y otros, alegraban el ambiente dándole un matiz de fiesta.  Esto fue, en los primeros años de la década de los años cincuenta del siglo anterior.


Corrobora a este acontecimiento, mi padre, quien fresco de recuerdos decía, cuando la gente de Chuquiribamba se proponía a hacer algo, lo hacía, no había nada que les venza. Es por eso que, antes de que terminen la construcción de la carretera, trajeron un camión.

Recuerdo, en 1951 llegó a Chuquiribamba el curita Alfredo Narváez y él voluntariamente nos ofreció poner su camión al servicio del pueblo, pero a condición de que lo vayamos a traer desde Catamayo.

Aunque parecía imposible, unidos todos los pobladores del centro y los barrios junto a las autoridades de ese entonces y sus líderes entre ellos: Luis Cuenca Dávila, Clementino Fernández, Zoilo Carpio, Emilio Galarza, Virgilio Cobos, Emilio Jaramillo, Deifilio Sinche, Modesto Ortega, Amador Peñarreta, Abelardo Puchaicela, Isaias Sinche, Pompilio Sinche, Balvino Caraguay, Modesto Pauta, Nazario Saca, Arcenio Pauta, Eliseo Tene y más, fijamos la fecha para irlo a traer al carro.  El día previsto, salimos de Chuquiribamba a la madrugada y en las primeras horas de la mañana ya estuvimos listos en Catamayo.

Luis Cuenca Dávila de Chuquiribamba y Eliseo Tene de Pordel dieron una res cada uno para que las mujeres en el camino preparen el “caldo” para los mingados y Balvino Caraguay de Chantaco, llevó cuatro yuntas de toros para arrastrarlo al carro.   Con betas y largos maderos atamos el chasis a las yuntas y todos uniendo fuerzas halábamos y empujábamos el vehículo. 

Como en procesión muy contentos pasamos Trapichillo, luego de unas horas, y con más dificultad comenzamos a subir la cuesta agreste de El Atillo, mientras otros mingados caminaban adelante con palas, picos y barretas abriendo trocha.   Por momentos parecía que bamboleaba y se desplomaba al barranco, en tanto que las gentes de lado a lado empujábamos y sosteníamos el vehículo y don Carlos en su asiento de chofer maniobraba el volante y en donde podía encendía el motor para minorar el esfuerzo que hacíamos.

Cerca de cuarenta kilómetros halamos y empujamos el vehículo en dos jornadas.  El primer día avanzamos hasta el sitio El Sauce, cercano al barrio Chichaca.  Aquí pernoctamos y el segundo día muy temprano salimos para en horas de la tarde llegar a Chuquiribamba, desde luego con menos dificultad.


Cuando pasamos por Chantaco, Carmelo y otros barrios, los pobladores emocionados gritaban: “¡El carro llega, el carro llega!”, ya en Chuquiribamba, la multitud en un solo coro gritaba “llegó el carro”, “llegó el carro”…Fue un día de alegría y fiesta.

 

"El pueblo me lo contó

y yo al pueblo se lo cuento

y pues la historia no invento

responda el pueblo y no yo"

                                     Cordobés Maure

jueves, 15 de julio de 2021

CRISTOBAL PADILLA COX, UN HOMBRE VISIONARIO

 Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

PERSONAJE EN JIMBURA

 

En el pequeño parque de la fronteriza parroquia de Jimbura, a más de su iglesia, el atractivo que sobresale, es un monumento con la efigie de Don Cristóbal Padilla, construido por el I. Municipio de Espíndola, en el año 2004, que en la parte frontal dice:


El I. Municipio de Espíndola

al Sr. Don Cristóbal Padilla Cox y Galarza

“Hombre de extraordinario talento: visionario e impulsor heroico del camino que unió Jimbura con el valle
selvático ahora llamado “San Andrés” y Zumba.   Junto a un grupo de valientes jimburenses, cristalizó su anhelo incomprendido                                                                                  y que hoy en día permite la supervivencia de más de 300 familias  de Espíndola y otroslugares”.

Jimbura 24-04-2004

Manuel de J. Andrade

ALCALDE

Tratando de conocer, quién fue este distinguido personaje, conversamos con don Juan Bautista Delgado, nativo de este lugar y conocedor de gran parte de la historia de su pueblo, quien nos cuenta que, trabajó en la demarcación de límites del Ecuador con el Perú en 1944; así como también se desempeñó como Presidente de la Junta Parroquial, dice: Verá, Cristóbal Padilla, llegó a nuestro pueblo como mandado de Dios.  Eso fue en 1954.   Nunca nos contó de donde era.  

Dijo que su aspiración era el de entrar al Oriente y llegar a Zumba.   No demoró mucho, junto con gente de Amaluza y Jimbura se fueron.    No existía camino, tenían que ir abriendo trocha.   Escalaron la cordillera y se desviaron hasta llegar al nacimiento del Río Blanco y de ahí llegan a Iriachi.   Dándose cuenta que han estado en territorio peruano, regresan por indicación de la gente de ese lugar hasta el destacamento de Guaranguillas en territorio ecuatoriano, y de ahí a Zumba; demorando su recorrido, un mes.

De esta primera expedición la gente vino bastante maltratada y algunos al morirse, pero resueltos a volver.  

El segundo viaje lo hacen en el año de 1957, se fueron 18, entre ellos don Emiliano Jiménez, el Mayor Salazar, un gringo y mis dos hermanos: Secundino y Efraín Delgado; en primera instancia se abrió el camino hasta Calderón, luego continuamos hasta llegar a Zumba.   Don Cristóbal nos decía que tenemos que hacer fronteras vivas, porque los peruanos nos pueden ganar; ellos ya en el año de 1800 habían estado entrando desde Ayabaca.  

A los doce días llegamos a La Esmeralda, y ahí se nos terminó los alimentos, unos regresaron a llevar y los demás continuamos trabajando.   A Zumba llegamos a los veintiocho días.   Al conocer esta hazaña, la gente de Zumba nos recibió muy bien.   El regreso lo hicimos por el camino Zumba – Valladolid – Yangana - Loja.

Todo el valle de San Andrés y Zumba, era selva virgen, la trocha rapidísimo se llenaba de monte y perdíamos el sendero.   Es por eso que 1959 más de noventa jimburenses formamos una cooperativa, para abrir el camino y tomar posesión de esos terrenos baldíos.    Cada dos meses hacíamos turnos para trabajar en la construcción del camino.   No nos desalentamos, lo logramos. 

Ya con el camino, en acémilas hacíamos ocho días.   En 1980 se inició la construcción de la carretera Jimbura Zumba, ahora hacemos solamente cuatro horas.  Hay bastante intercambio comercial.   Con el servicio de transporte que presta la cooperativa de rancheras “Ciudad de Zumba”, los días miércoles, sábado y domingo, ha mejorado notablemente nuestro pueblo.   El valor del pasaje es de seis dólares.

La construcción de la carretera, en primera instancia avanzó hasta el sitio Los Tululuches, luego a Calderón; en tanto que los de Zumba empataron en San Andrés.

Vida

Don Cristóbal, murió en 1968.   Juanito Sarango me contaba que a Cristóbal lo conoció en la hacienda de Tabloncillo, luego vivió en Cariamanga, y a los 18 años de edad entró al servicio Militar, y de ahí vino hasta aquí.   Fue un gran líder, un gran organizador; se casó con la señora Yolanda Torres en la ciudad de Amaluza y con ella tuvo 4 hijos: Montelicio, Líder, Robert y Alex, llegando posteriormente, Líder a ser Diputado por la provincia de Loja.



Tomado del libro de leyendas y tradiciones: HUELLAS, página 62, mayo 2006.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca



domingo, 20 de junio de 2021

LOS AMORES DE NAÚN BRIONES

 Leyendas y tradiciones andinas, Loja - Ecuador

Mi efusivo saludo en sus fiestas de cantonización, al pueblo de Catacocha, Patrimonio Cultural del Ecuador.

RELATO:


Imaginémoslo a Naún Briones paseando en el parque central de Catacocha.


Contaba mi mamá que cuando era pequeña, allá en Catacocha, en una casa en donde ahora se encuentra el Banco de Fomento, tenía una tienda la señora Leticia, cuyo apellido no recuerdo.   Vendía miel de abeja, aguardiente, colas y más productos.   Le gustaba fumar mucho.    La gente rumoraba que ella era amante de Naún Briones.   De niño, yo sí la conocí a la señora Leticia -dice don Manuel Díaz-.   Tenía la voz gruesa.   Era una anciana de pelo claro, piel blanca con arrugas, no muy alta ni tampoco gorda; fumaba chamicos bien gruesos envueltos en papel de despacho.   Nos vendía miel de abeja en vasitos.   Doña Leticia hasta sus años maduros, fajaba su buen revólver en la cintura, de repente hasta hacía disparos al aire.  Tenía la prosa de hombre.

Contaban que Naún, en las fiestas llegaba a Catacocha y se hospedaba en la casa de ella, y para salir a pasear, se disfrazaba de mujer y caminaban por el parque y otros lugares muy serenas, sin que nadie sospeche ni se percate de su presencia.   A pesar de que la policía lo buscaba, él se cruzaba coqueteándoles en sus propias barbas.   ¡Naún era bastante astuto!   Después que pasaba la fiesta, se iba a El Carmen, cerca de Cangonamá, en donde tenía otra enamorada.

 

"El pueblo me lo contó

y yo al pueblo se lo cuento

y pues la historia no invento

responda el pueblo y no yo"

                                     Cordobés Maure

  


Tomado del libro de leyendas y tradiciones: NAÚN BRIONES, leyenda y tradición, tomo 1, 3ra. edición, página 47 / enero 2015.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

 

 

 


sábado, 15 de mayo de 2021

JUICIO QUE DURÓ MÁS DE 50 AÑOS EN CHANTACO

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

 

Mi efusivo saludo a Chantaco, en su trigésimo quinto aniversario de parroquialización y a sus hijos que trabajan diariamente por su engrandecimiento.

Chantaco fue elevada a la categoría de parroquia el 21 de marzo de 1986, mediante registro oficial N°400; pero se conmemora este acontecimiento el 16 de mayo de cada año por decisión de sus dirigentes y pobladores.

 

RELATO


La floreciente parroquia de Chantaco se encuentra asentada a orillas del río de su mismo nombre. Tiene hermosos paisajes y un clima acogedor que no envidia a otros parajes de nuestra patria.
   Hasta 1986 fue un caserío que pertenecía a la parroquia de Chuquiribamba, poblaciones a las que les une ancestralmente características similares en sus modos de vida, costumbres, tradiciones y toda su riqueza antropológica social y cultural.

Hernán Gallado Moscoso en su libro: “Historia del Sur Ecuatoriano”, y Alfonso Anda Aguirre en el suyo: “Indios y Negros bajo el dominio español en Loja” nos proporcionan datos muy interesantes que merecen recordarlos.  Dicen que el cacique Cristóbal Lanche, en nombre de todos los indígenas de Chuquiribamba que no tenían tierras suficientes para realizar sus cultivos, solicita al Gobernador y Justicia Mayor Don Diego de Castro la “composición, venta y posesión” de los terrenos que correspondían al caserío de Chantaco.   

Encargado para este trámite, fue el Presbítero Lope de Torres y Guzmán, por ser conocedor, vecino y dueño por herencia de su padre, de la hacienda Chichaca.    Éste con mucha astucia y mala fe, les perjudicó a los naturales vendiéndoles propiedades ajenas como si hubieran sido tierras realengas; y lo que le convino se adjudicó, usurpándoles así todas las tierras del caserío de Chantaco, por el ridículo valor de cien pesos (equivalente en ese tiempo, a la compra de dos asnos).   Esto ocurrió en 1649.

El presbítero, a más de haberles usurpado a los indígenas, las tierras que fueron propiedad de sus ancestros, prevalido de su investidura de religioso, no dejaba de tratarlos mal, razón por la que, el cacique Cristóbal Lanche, pidió que se siga la causa de contradicción a lo actuado por el clérigo.   Posteriormente se suman en este pedimento los Caciques Gaspar Carguay y Miguel Lema, quejándose por similares usurpaciones a las tierras cercanas a Chuquiribamba.

El trámite fue tan lento, que pasó por muchas instancias y apelaciones, a lo que los caciques que encabezaron esta lucha, murieron sin haber cumplido su objetivo.  

El juicio duró más de 50 años, hasta que la Real Audiencia de Quito percatándose de la veracidad de las denuncias de usurpación y mal trato a los naturales por el presbítero Lope de Torres y Guzmán, dictaminó sentencia, expropiándole la hacienda en favor de los indígenas de Chuquiribamba.  

En el libro citado de Alfonso Anda Aguirre, en la página 81, refiriéndose a este asunto dice:

“Este juicio se prolongó por largos años hasta que, en el mes de febrero de 1705, el corregidor de Loja don José de Saavedra Bustamante mandó a citar al Bachiller Lope de Torres y Guzmán con la sentencia.

El 2 de octubre de 1705, el capitán Don Manuel de Benavides, Alguacil Mayor de Loja, dio la posesión de las tierras de Chantaco a los indios de Chuquiribamba, representados por los caciques Andrés Ogoño y Francisco Carguay, sin perjuicio de terceros, en nombre de su Majestad.

Tal fue el fin de un “juicio tan ruidoso, que duró más de 50 años.”

Cuentan los abuelitos de Chantaco, que los caciques puesto sus oshotitas de cuero y con su alforja al hombro, viajaban a Quito a las Cortes de la Real Audiencia para agilitar el trámite de este juicio.   El viaje duraba 15 días de ida y 15 de vuelta. 

 


Referencia tomada del libro de leyendas y tradiciones: CÁNTARO DE ETERNIDAD, Tomo 1, 2da. edición, página 87 / enero 2007.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

jueves, 6 de mayo de 2021

EL TÚNEL DE CHICHACA

Leyendas y tradiciones andinas / Loja - Ecuador 


Monumental obra construida por obreros y gente de Chuquiribamba en la década de los años cuarenta y cincuenta del siglo anterior.

El túnel de Chichaca es una perforación manual realizada en roca viva, con dinamita y rudimentarias herramientas, en una extensión de 62 metros de largo, cuya construcción demoró aproximadamente 18 años.


Este trabajo lo realizaron en la década de los años cuarenta y cincuenta del siglo anterior, obreros del pueblo de Chuquiribamba, constituyéndose actualmente en el símbolo de la persistencia y trabajo denodado de los chuquiribambenses.  Es una monumental obra, herencia de nuestros ancestros, construida con esfuerzo propio y sin ningún apoyo estatal.

El túnel se encuentra ubicado en el barrio Chichaca perteneciente al  cantón Catamayo en la provincia de Loja; y, a 5 km. desde el barrio Trapichillo en Catamayo.

No hay documentos que nos informen sobre la construcción de la carretera que une a Chuquiribamba con Catamayo construida en el siglo anterior, ni la del túnel que se encuentra en esta vía; pero la memoria colectiva y la tradición oral nos recuerda que en la década de los años treinta, Loja comienza la construcción de sus carreteras para unirse con la Sierra y la Costa, por lo que la parroquia de Chuquiribamba no se queda al margen, aunque se tenga que hacer en forma manual, ya que, en esa época no se conocían aún los equipos camineros y todo se realizaba a través de mingas, forma ancestral de trabajo que aún persiste en nuestras comunidades.

La idea de construir la vía Chuquiribamba - Catamayo, nace de don Carlos Jaramillo Armijos, cuando por segunda ocasión se desempeñaba como Teniente Político, en 1934. 

Con este antecedente, en 1939 el P. Manuel Ignacio Romero, con un dinámico grupo de pobladores, organiza un “Comité de Vialidad”, curiosamente dirigido por mujeres y representados así: Presidenta, Sra. Rosa E. Jaramillo de Galarza; Vicepresidenta, Natividad Reinoso de Bastidas y Secretaria, Dolores Jaramillo E.; naturalmente que tras ellas están distinguidos caballeros quienes prestan todo su apoyo desinteresado, entre ellos los profesores: Leoncio Jaramillo, Deifilio Sinche, Pompilio Reinoso y más prestantes autoridades y personalidades.

Ellas, valiéndose de toda coyuntura política, se dirigen al Dr. Aurelio Mosquera Narváez, Presidente Constitucional de la República y al señor Ministro de Obras Públicas, solicitando que se realicen los estudios para la construcción de esta vía, objetivo que sin mucha demora, consiguen; y es entonces que el día 7 de agosto de 1939, en gran algarabía, más de un millar de personas portando barretas, picos y palas, desde las primeras horas de la mañana están presentes en la minga inaugural, marcando así, una  nueva etapa en el desarrollo vial de Chuquiribamba.

Acudió gente de todos los barrios y junto con ellos, los músicos de la “banda del pueblo” integrada por: Miguel Isaías Sinche, Roberto Granda, Teófilo Granda, Víctor Granda, Apolinario Sinche, José María Pucha y otros, quienes alegran el ambiente y animan al trabajo. 

 El primer día abren la trocha hasta el sitio Pucarín, más de un kilómetro de distancia desde Chuquiribamba al sur.   Posteriormente continúan las mingas cada 15 días y al cabo de algunos años el ramal de la carretera avanzó algunos kilómetros, pero, lamentablemente este sueño no se pudo cristalizar pronto.

Cuando faltan pocos kilómetros para llegar a Trapichillo en Catamayo, en el sector de Chichaca se obstaculiza el avance de la carretera por la presencia de un promontorio de roca viva muy parecido a la Nariz del Diablo en Alausí, pero la persistencia de su gente fue tal que, venciendo dificultades, rompen lentamente la peña con dinamita y luego de algunos años de duro trabajo logran perforar 62 metros de longitud y dar paso al primer vehículo en el año 1957. La construcción de la carretera y el túnel duró cerca de 18 años.

Por lo indicado, el túnel fue construido por obreros y gente de Chuquiribamba en el siglo anterior; por eso, esta obra, nos representa el símbolo del empuje, la persistencia, la unidad y el trabajo mancomunado.

Nixon Ortega Salinas, actualmente maestro jubilado, dice: mi padre, Alfredo Arnoldo Ortega Silva, trabajó algunos años en el túnel, él me contaba que no había ninguna compañía constructora a su cargo ni presupuesto estatal, todo lo hacían con colectas y esfuerzo propio del pueblo.  El sacerdote de la parroquia, el teniente político y más autoridades eran quienes buscaban los recursos económicos en todos los barrios: desde Huiñacápac hasta la hacienda Chichaca.  Organizaban cuadrillas con gente voluntaria que hacían turnos semanales para trabajar.

Algunas personas de los tantos que trabajaron en el túnel, los recuerda a: Hugo Jiménez, Polibio Curipoma, Julio Granda, Fernando Fernández, de Chuquiribamba; y de Chantaco, Alberto Salinas, Floro Salinas Ordóñez y Segundo Silva.

Para desmoronar la peña utilizaban: dinamita, mecha, barrenos, combos, barretas, picos, palas, carretillas y rastras aladas por bueyes para botar la enorme cantidad de piedra y ripio que salía de las explosiones.

Desde niño he transitado por esta carretera y he pasado por el túnel algunas ocasiones, lo curioso es que la vía se mantiene igual desde ese tiempo, angosta y unidireccional, con la dificultad para dar paso cuando otro vehículo viene en sentido contrario, por ventaja no ha habido accidentes en este sitio dominado por un despeñadero profundo que si miramos el filo de la carretera nos estremecemos observando la profundidad del abismo. 

Cuando la construcción de la carretera se terminó, don Segundo Ramón, chofer profesional lojano, pone a disposición su camión con carrocería de madera, para cada quince días llevar a los negociantes desde Chuquiribamba a Portovelo y viceversa, con productos de la zona para abastecer los mercados de Portovelo y Zaruma, entre ellos lo recuerdo a don Víctor Buri, Jhone Ortega, y a una señora que la apodaban “Ardilla”, entre otros.    Esta frecuencia de transporte se mantuvo por muchos años.

Ahora, a esta carretera le dan uso diario, especialmente los agricultores de los barrios Gonzabal y Chichaca de la parroquia Taquil y los de las parroquias Chantaco y Chuquiribamba que llevan sus productos a Catamayo o la Costa.

Don Glauco Cortés dice: de niño conocí el túnel.  Aún lo estaban construyendo.  Pasé acompañándole a mi madre porque era profesora en Chuquiribamba.  Entonces subíamos desde Trapichillo y pasábamos por encima de la peña para coger el camión de la curia en el otro lado.

En tanto que doña Elvita Reinoso manifiesta: qué bello es recordar.  Yo, cuando era niña pasaba por el túnel. Con mi burrito bajaba desde Carmelo a la Toma.

El túnel en la actualidad, constituye un atractivo turístico más, que los lojanos poseemos y pocos lo conocen.

 

Loja, 24 de abril de 2021

Eduardo Pucha Sivisaca.

 

lunes, 3 de mayo de 2021

LA CRUZ DE TIURA, EN LA PARROQUIA SANTIAGO

 3 de mayo, día de Las Cruces

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

En el mundo católico, el tres de mayo se celebra el Día de la Santa Cruz, también se la conoce como Fiesta de las Cruces
porque en el año 326 d. C. en Jerusalén, al excavar el Monte Calvario, encontraron la cruz en donde murió Jesús de Nazareth.

Con la llegada de los españoles a nuestro continente, el sincretismo cultural y religioso que se produce en todas las comunidades andinas, hace que nuestros ancestros combinen los ritos que nos traían con los ya existentes.   Es por eso que en la actualidad no es extraño encontrar colocada una Cruz en la cima de un cerro o en una capilla como símbolo de fe y protección.


A poca distancia de la
parroquia Santiago perteneciente al cantón Loja en la provincia de Loja, se encuentra el cerro Tiura y dicen que en el año 1954 colocaron una Cruz para protegerse de los desastres.  El lugar, a más de ser un atractivo turístico ecológico es un punto de encuentro religioso para celebrar la Fiesta de la Cruz el tres de mayo, con la concurrencia de cientos de pobladores y peregrinos de otros lugares.

En la década de los años del noventa del siglo anterior, de la tradición oral se recogió esta curiosa leyenda y tradición sobre la colocación de la Cruz en la cima del cerro Tiura.

 NARRACIÓN

Se aproximaba el cambio de siglo.   El temor y la desesperación cundió en toda la población de Santiago y barrios aledaños.

Según unos –decían- que se aproximaba el fin del mundo,  porque así estaba escrito en las Sagradas Escrituras; otros que habrán grandes tempestades  y que por  efecto de las mismas se producirán deslaves con los que se unirán los cerros de Tiura, Borma, Sayo y Santa Bárbara; en tanto que unos terceros aseguraban que Santiago iba  a desaparecer, porque la laguna que se encuentra en la cima del cerro de Tiura, enfurecida se derramará y bajará arrasando con todo lo que encuentre a su paso por efecto de la tempestad invernal.   Además, se aseguraba que por los lados circundantes del cerro habían fallas geológicas y ya se observaban grandes grietas.

¿Cómo prevenir de lo que suceda?   Este anuncio lo habían hecho nuestros antepasados y la psicosis colectiva crecía cada día.

La laguna en la cima del cerro efectivamente existía, y cuentan que los curanderos de las


zonas de Santiago, Zenén, Salapa, Las Pitas, El Carigán y en ocasiones hasta los de Chulucana (Perú), acudían a ella con enfermos de espanto, mal de ojo, aire de agua, vientos grandes, torceduras, etc. llevándole ofrendas, para luego de realizar ritos y ceremonias, bañarse en sus frías aguas, ya que le atribuían poderes curativos.

El temor cada instante era más poderoso.   Los años para cambiar el siglo se acercaban y toda la población no sabía si esperar hasta el final o emigrar a otro lugar para evitar ser víctima de la catástrofe.

Cuentan que don Tobías Villamagua, dueño de la estancia en donde está el cerro, junto con sus familiares y amistades construyeron una cruz grande de madera y acudieron a la cima de Tiura a colocarla, porque creían que a través de este acto de fe evitarían lo que les sobrevenía.


Desde entonces se comenzó a celebrar la fiesta de la Cruz, cada tres de mayo, a donde acuden muchos devotos y en un gesto de agradecimiento a Dios, cada año realizan la romería a la cima.

Ha pasado el tiempo; se terminó el siglo XIX, luego el XX y estamos comenzando el XXI.   Los temores se han calmado, la población está tranquila, y de la laguna en el cerro de Tiura, solamente queda la huella y el recuerdo.

Loja, 2 de mayo de 2021

Eduardo Pucha Sivisaca