martes, 6 de abril de 2021

LA MASACRE DEL 6 DE ABRIL EN CHUQUIRIBAMBA HACE 75 AÑOS

 

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador


UN DÍA COMO HOY

 El 6 de abril de 1946, en la plaza de Chuquiribamba fueron masacrados: Julia Medina, Manuel Reinoso, Víctor Pucha y Raúl Sinche, héroes anónimos que entregaron su vida para abolir posteriormente la conscripción vial en Chuquiribamba y otros pueblos de la provincia de Loja.

 

RELATO:

Esto sucedió hace sesenta años (2006), dijo Mama Ignacia.  Fue el seis de abril de 1946. 

Recuerdo que el domingo, después de “misa de doce”, cuando el Teniente Político llegaba montado en su caballo, para desde el pretil de la iglesia en Chuquiribamba, leer el “bando” y ordenar a la gente de los barrios para que se vayan a trabajar en la construcción de las carreteras, menos pensado, doña Inocencia Valle, de un golpe lo tumbó del caballo y en ese instante se armó el alboroto.    Toda la gente que estaba en el parque, se amontonó y luego se dividieron en grupos, unos a favor y otros en contra.   En primera instancia se terciaron a golpes, luego con la bulla de gritos y disparos se dispersaron.   Mientras eso sucedía aquí, otros intentaron tomarse el destacamento de policía y dos jóvenes recién salidos del cuartel corrieron a las inmediaciones de Chantaco para cortar la línea telegráfica.

Fue un día muy triste, porque en esa pelea, entre la gente de los barrios con los mestizos que vivían en el pueblo, los policías nos disparaban al cuerpo y sin compasión.    Después, solamente se escuchaban gritos de dolor de los heridos, y el lamento de las familias de los fallecidos.   ¡Murieron cuatro!

Después, los cadáveres, tendidos en la calle pasaron tres días, y nadie podía tocarlos hasta que lleguen las autoridades de Loja, para hacer el levantamiento y enterrarlos.

Durante esos días, reinaba el silencio y la soledad en el pequeño parque y las estrechas calles del pueblo.   Nadie salía, todos veían desde las ventanas, temerosos a que se repita un nuevo incidente.

 El motivo de este suceso fue el abuso de autoridad. Trataban de someternos. 

Nos prohibían caminar después del medio día por las calles del pueblo.   Éramos humillados, maltratados y encarcelados por cosas simples.   A nuestros maridos y también a nuestros hijos los enviaban a trabajar constantemente en las carreteras sin ninguna remuneración, y tenían que trasladarse por algunos días con su propia herramienta y comida.  

Una tarde, Polibio Pucha Gutiérrez se quedó en el pueblo, entonces lo habían encarcelado.   Al siguiente día, lo encontramos en el calabozo agonizando.   Después nos contó, que los policías le golpearon y luego a la media noche le hicieron bañar en las heladas aguas de la quebrada de Cocheturo.

Esta fue la gota que derramó el vaso y el enfrentamiento de la gente de los barrios: Pordel, Chantaco, Carmelo, Tesalia y otros, se dio ese domingo.


Francisco Pucha, indica la huella del balazo que le propinaron en la ceja, –sonriendo dice- “cuando no le llega la hora, ni con bala se muere”.   A mí no me pasó nada, pero desde el ciprés en donde estaba escondido, vi como la mataron a Julia Medina, esto fue en la cancha, frente a la escuela.    Quiso defenderla Emilio Guachanamá, pero los policías lo hicieron correr.    La fachada de la iglesia quedó agujereada de tanto disparo.    Más abajito el policía Córdoba, “tan, tan, tan” le echó tres balazos a Manuel Reinoso, quiso hablar, pero se desplomó.   Otro policía desde la esquina de la iglesia, a Víctor Pucha Gutiérrez lo hirió en el estómago, lo cogimos y corrimos llevándolo a esconderlo en la casa de Javier Sinche, vino el Padre Aurelio Abarca a confesarlo; pero el policía Riascos, un negro altote, creyéndolo culpable, en la cama le propinó un tiro en la cabeza y murió de inmediato.   En ese mismo lugar también lo mataron a Raúl Sinche.

A la Clotilde Pucha de un balazo le volaron los dedos de la mano derecha; a Teodoso Loarte le dispararon en las piernas, y a otros los hirieron gravemente.   Después supimos que treinta y dos heridos se convalecían.

Esto fue una gran novedad, por eso, temerosos de que se sumen los barrios de los pueblos vecinos, pidieron refuerzo policial a Loja.   Más de treinta policías vinieron.

Después, a todos los cabecillas nos buscaban para matar.   Los policías bajaban por Tierra Blanca a Pordel, disfrazados con sombreros y ponchos, registrando casa por casa.    Mi mujer y yo, nos escondimos en Chilpa, cerca del cerro Santo Domingo; la Inocencia Valle, debajo de una chorrera de agua que estaba frente a su casa; Polibio Pucha con la María cerca de Santa Bárbara, en la casa de don Abel Medina; Agustín Pucha con la Ignacia, en la loma de Cubilán, Lauro Pucha con la Juana, abajo en la chorrera de Torata y José Vicente Sivisaca, en Calucay.  

Desde ahí se abolió la conscripción vial o trabajo obligatorio en las carreteras sin remuneración, aquí y en otros pueblos de la provincia –concluyó-

 

Tomado del libro de leyendas y tradiciones: HUELLAS, página 36 / mayo 2006.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

 

N.B.- 

LEY DE LA CONSCRIPCIÓN VIAL:

Esta ley fue dictada a favor de las Municipalidades del país, el 15 de julio de 1944 por el Dr. José María Velasco Ibarra, Presidente Constitucional de la República con el “objeto de construir, mejorar y conservar los caminos que no hubieran sido declarados de carácter nacional y que estén ubicados dentro de las respectivas jurisdicciones cantonales”.

Con esta ley se obligaba a todos los ciudadanos ecuatorianos varones comprendidos entre los 21 y 50 años de edad a trabajar durante cuatro días al año en obras públicas.

A nuestros papás, cuando niños, siempre les escuchábamos recordar este episodio como: LA HUELGA DEL 6 DE ABRIL.

sábado, 27 de marzo de 2021

LOS GUIONEROS Y ALUMBRADORES DE IMBANA


 Tradiciones de Semana Santa en Zamora Chinchipe:

Costumbre sui generis de esta parroquia que, durante los cinco días de la Semana Santa, ninguna familia del pueblo de Imbana prepara sus alimentos en casa, porque cada guionero tiene asignado un día para compartir comida a toda la población sin distinción alguna.  

Desde las 12h00 de cada día, llega la gente a la casa del guionero para en una mesa grande compartir el almuerzo que muy generosamente le brindan.

RELATO   


Imbana es un pequeño pueblo con un gran porcentaje de habitantes pertenecientes al grupo étnico de los saraguros.   Geográfica y administrativamente pertenece a la provincia de Zamora Chinchipe; pero, su corazón, sus costumbres y tradiciones son auténticamente lojanas (parroquia San Lucas).   Se encuentra a doce kilómetros de distancia desde la parroquia de Jimbilla perteneciente al cantón Loja.   Según sus habitantes, fue creada en 1960.

Para llegar a esta parroquia se hace por una angosta carretera de verano, que solamente entran camionetas particulares.

Los guioneros

Los guioneros son personas que voluntariamente hacen su promesa de fe para servir a Dios y al prójimo, un día en la Semana Santa.  En total son 5 guioneros.   Para ello, con un año de anticipación se hacen anotar en la casa del Síndico, señalando el día que quieren pasar la promesa a Dios.

El ritual de los guioneros comienza el día Lunes Santo.   En el presente año (2002) le correspondió el lunes a don Fermín Chalán; el martes a don Virgilio Lozano; el miércoles a don Manuel Guayllas; el jueves a don Víctor Lozano y el viernes a don Luis León Vargas.

El Guión Santo

El Guión, es un pedacito de madera de un metro veinte centímetros de largo y unos seis centímetros de diámetro, el mismo que está cubierto por una tela negra, y que en su extremo superior está la representación de Jesús Sacramentado.   Éste es entregado cada noche en ceremonia especial en la iglesia junto al Altar Mayor por el síndico, al guionero que le corresponde.   Luego de rezar el santo rosario e invocar cánticos y oraciones, en multitudinaria procesión es acompañado desde la iglesia hasta la casa del guionero para velarlo toda noche.

Al guionero le bañan a las cinco de la mañana con agua caliente aromada de congona y otras plantas; esto según dicen los sahumadores, es para purificarlos y tengan derecho a tomar en sus manos el Santo Guión.

Siete platos de comida


Durante la Semana Santa, ninguna familia del pueblo prepara alimentos en su casa, porque cada guionero tiene un día para brindar.  

Diariamente preparan siete platos diferentes que son repartidos a la hora del almuerzo.   Las comidas que preparan son: fenezca, fréjol con guineo, fideo con papas, zambo con choclo y poroto tierno, arroz con pescado, zapallo con leche y miel con quesillo y pan.

Don Luis León Vargas, designado “Guionero del Viernes Santo”, dijo que para este día había comprado: un quintal de arroz y uno de papas, dos arrobas de fideo, cincuenta pescados, dos chimbuzos de miel, diez libras de quesillo, quinientos panes y todos los granos y productos que se dan en la zona (fréjol, zapallos, zambos, achogchas, guineos, lechugas, entre otros) para darles de almorzar, a por lo menos unas 300 personas.

Los alumbradores

Al igual que los guioneros se hacen anotar en la casa del síndico, y entre las funciones de ellos es el sacrificio que le dedican el día Jueves Santo, velando en la iglesia toda la noche al Santísimo Sacramento.   Para cumplir con esta penitencia son bañados en aguas aromáticas en la mañana del jueves y a partir de las 18h00 junto con su esposa y los “sahumadores” están sentados cada uno en una silla frente al Altar Mayor sin poder desde ese momento dormirse un solo instante hasta que sean las 06h00 del siguiente día.   Llevan consigo 30 velas por ellos mismos confeccionadas que tienen una dimensión aproximada de un metro de largo.   Dicen que con esta cantidad de velas les alcanza para alumbrar a la iglesia toda la noche.

Los sahumadores

Los sahumadores son niños generalmente de la misma familia, que, ya sea en la iglesia o en donde está velándose el Santo Guión, en unos braseros especiales compuestos con flores y otros adornos, no descansan toda la noche de poner carbón e incienso en los sahumerios para aromar el ambiente.

 

Tomado del libro de leyendas y tradiciones: HUELLAS, página 99 / mayo 2006.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

viernes, 12 de marzo de 2021

DOS BANDOLEROS, UN IDEAL

 

NAÚN BRIONES Y FROILÁN ALAMA

Leyendas y tradiciones andinas / Loja - Ecuador

                                                                                  


 
“Amigo, la historia de mi vida se la tendrá que contar de distintas maneras”.

                         Pancho Villa

   

¡Dos almas gemelas!, no. Dos bandoleros, salteadores de caminos, extorsionadores, si; a eso me refiero, el uno de Ecuador y el otro de Perú.

¡Lo curioso!, ambos nacieron en la misma época y sus vidas se desenvolvieron con similares características.

Se preguntarán, ¿qué han hecho estos hombres en sus respectivos países de origen? Simplemente robar. Si a cualesquier mortal le preguntamos ¿quiénes son los bandoleros?, con toda seguridad nos responderán: los bandoleros son ladrones, bandidos y delincuentes. Y claro, eso mismo es. 

 Los personajes a los que me voy a referir son bandoleros, pero con la diferencia de que ellos no son ladrones comunes, sino bandoleros sociales en busca de un solo ideal, pese a que sus actos se desenvuelven al margen de la ley.   

Vivieron en el siglo anterior y sus nombres trascendieron el uno en el sur del Ecuador y el otro en el norte del Perú, concretamente en la provincia de Loja y en el departamento de Piura.

Ellos fueron conocidos, queridos y muy apreciados en el sector rural por los campesinos y pobres de los pueblos fronterizos; pero así mismo repudiados por un reducido grupo de terratenientes y gamonales de la época. 


Los adultos que aún viven en nuestro territorio cuentan que todo el producto de las extorsiones y robos lo repartían a los pobres. Me refiero al ecuatoriano Naún Briones, y al peruano Froilán Alama, amigos que se encubrían mutuamente refugiándose Naún en Sullana (Perú) y Alama en Zapotillo y Sabiango (Ecuador) cuando eran perseguidos por la justicia.

Los testimonios de lo que afirmamos nos sobran. La señora Celia Rosa Chamba refiriéndose a Naún Briones, en la ciudad de Loja dice: “de él, unos hablan en bien, otros hablan en mal. Unos dicen que era ladrón; en cambio otros afirman que él robaba a los ricos para regalar a los pobres. ¡Eso creo más! Recuerdo, en Cangonamá había una señora llamada Melchora Guevara que cuando murió Naún, lloraba desconsolada diciendo que él fue más que un familiar, le regalaba dinero y le daba ropita”.

En el barrio El Naranjo cerca de Cangonamá, don Hortensio Balcázar dice: “A la gente pobre le regalaba plata. ¡Cómo no le van a recordar! La verdad, él ha sido bien caritativo, pero murió pobre. ¿Vea usted, ahora, quién roba para dar a los que no tienen?”

Y cuando revisamos las andanzas de Froilán Alama en el Perú, nos dicen: “Su vida fue un contraste, bandolero y benefactor a un tiempo. Robaba a los ricos para entregar el producto de sus latrocinios a los pobres. Siempre ayudó a los pobres y veló porque se castigara a los transgresores de la ley y la justicia, en la forma que él lo entendía.

También se registra una versión narrada en los cuentos regionales de Piura que dice: “Froilán nunca roba ni mata a los pobres, más bien a los ricos sí… y a los bandidos que abusan de los pobres y de las mujeres”.

Con estos actos y hazañas creció la imagen de ellos, que con el pasar del tiempo se han convertido en personajes de leyenda que perduran en el imaginario colectivo.

No tienen ninguna preparación académica; de lo que se sabe, no terminaron ni la instrucción primaria, vivieron y actuaron a su manera.   Rechazaron la injusticia, la mala distribución de la riqueza y el dominio del poder.  

Sin conocer doctrina ideológica alguna, sin saber que Marx y Engels existieron, aplicaron a su manera en sus comarcas el socialismo.  

Fueron hombres que, sintiéndose desplazados de la sociedad, por la necesidad y el hambre se dedicaron a delinquir.

Estos hechos nos invitan a revisar el desenvolvimiento sociológico e histórico de nuestros pueblos por lo que sin duda alguna el bandolerismo en esa época, era una válvula de escape para protestar en contra de los pudientes, terratenientes y gamonales. 

Naún y Froilán, nacieron en pueblos diferentes, pero con sistemas de explotación similares, por eso tienen características comunes. Palparon en carne propia el sufrimiento, la injusticia y la explotación en sus comunidades. Actuaron en la misma época, en la década de los años veinte y treinta del siglo anterior, fueron hombres de carne y hueso que delinquieron por una sola causa: justicia.

De Froilán Alama se conoce muy poco, se cree que nació en el caserío Tejedores, cerca de Curbán, distrito de Tambogrande en la provincia de Piura. Aseguran que nació en 1893.Muere acribillado a balazos el 25 de septiembre de 1936, en Garbanzal, perteneciente al distrito de Olmos, a los 43 años de edad.

En tanto que, Naún Briones nace en Cangonamá, perteneciente al cantón Paltas en la provincia de Loja el 26 de noviembre de 1902 y muere en Sozoranga el 13 de enero de 1935,  un año antes que Froilán, a la edad de 33 años. 

Tanto sus vidas como sus acciones marcaron la diferencia frente a los demás.

La imagen de Froilán y Naún, a diferencia de los bandoleros comunes, creció mucho más después de su muerte. Son bandoleros sociales que la gente pobre los añora y reclama.

Con el pasar del tiempo, ellos se han convertido en personajes para la creación literaria.

A Naún Briones lo inmortalizó Eliécer Cárdenas en su novela Polvo y ceniza; en tanto que a Froilán Alama en el Perú lo hizo Enrique López Albújar en su obra Los caballeros del delito.

                                           Puerto Iguazú­ - Argentina, 4 de agosto de 2016


 Conferencia:

XXIV Encuentro Internacional de Artistas y Escritores del Consejo Internacional Todas las Sangres. 

 

lunes, 1 de marzo de 2021

ALFAREROS DE TAQUIL

 

SOY FELIZ, HACIENDO OLLAS



Cera y Cachipamba son barrios de la parroquia Taquil en la provincia de Loja eminentemente alfareros, cuyas técnicas ancestrales para elaborar las ollas de barro las heredaron de sus ancestros y las transfieren de generación en generación.    Las mujeres particularmente, son quienes con sus hábiles manos dan forma a la arcilla para convertirlos en maravillosas artesanías que son comercializadas a nivel local y nacional.

 

Llevo cincuenta y siete años haciendo ollas de barro.  No me canso, al contrario, este trabajo me llena de felicidad –dice- la señora Lida Uzho Robalino, a quien la encontramos en su modesto local de exhibición de artesanías de arcilla, ubicado en el barrio Cera, en la vía Loja – Chuquiribamba a 24 km. aproximadamente desde la cabecera provincial.

Tiene sesenta y cuatro años de edad y nos cuenta que esta actividad de elaborar las ollas de barro inició desde temprana edad. Cuando estuve en segundo grado de la escuela me retiré.   Ya no quise irme. Entonces mi mamá enojada dijo: como no quieres estudiar, cuida la guagua y cocina, ¡pero como, no me gustó!, mejor me dediqué a hacer ollas. 

¿Quién le enseñó a hacer las ollas?, le pregunto, y entonces ella responde: una parte mi mamá y otra mi abuelita. La abuelita me componía el barro y yo hacía unas ollas chiquitas, lo que las adultas no podían, porque sus manos eran grandes y les dificultaba golpear. En un principio me salían toscas y gruesas, entonces la abuelita las arreglaba y me enseñaba a enderezar la boca. Cuando pude, me sentí satisfecha y feliz, porque las vendía.  Había una señora que tenía tienda, entonces me compraba para revender.   Yo las negociaba y el dinero que obtenía lo compartía con mi mamá y mis hermanos.   A las fiestas de Chantaco, Chuquiribamba y Gualel también nos íbamos, pero en esos lugares no se vendía, se cambiaba con productos del lugar, entonces haciendo el trueque regresábamos con bastante grano, cuyes, pollos, y más.

¿Desde cuándo hacen ollas en este lugar, continúa mi pregunta? ¡No sabemos desde cuando!, mi abuelita decía que a ella también le enseñaron sus abuelitos. ¡Creo que este oficio viene desde el tiempo de los gentiles! (ríe), porque aquí en Cera y Cachipamba hemos hecho ollas toda la vida. Estos sitios han sido lugares privilegiados, porque tenemos la mina de tierra para este oficio.  El Dr. Vicente Burneo cuando la parceló a la hacienda, nos dejó una hectárea de terreno con la mina para uso comunal.  Por eso en las escrituras consta que los de Cera tienen derecho a la leña y los de Cachipamba al barro. 

Somos muchas familias que nos dedicamos a esta tarea, aunque algunas están dejando de hacer.

Utilizando la suela, los golpeadores y los mates, hacemos las ollas para el arroz, la sopa,  la carne, cántaros para el agua, jarras de todo tamaño y bajilla; ahora tenemos cuatro modelos, pero a mí me gusta ser original, realizo nuevos y hago lo que me piden los clientes.

Desde 1988 comenzamos a renovar los modelos, y en esa transición yo hice objetos de barro fuera de lo común.   Elaboré cien piezas diferentes, pero no había quien compre.  Mi esposo decía, porqué haces cosas que no se vende; pero yo tenía esperanza y confianza en Dios, que alguien me ha de comprar.

Un día, mi esposo se fue a trabajar en el campo y yo me quede en casa para lavar la ropa, vino una gringa buscando ollas.   Mi mamá y yo vendimos todas las ollas, pero no me acordé de las figuras pequeñas que tenía. Mientras miraba las ollas nos preguntó, ¿todo esto hacen mano?, nosotras le respondimos que sí, entonces dijo, por qué no hacen algo más, ah, cierto, dije, yo si tengo y enseguida le mostré mis figuras, las miró, le gustó y sin regatear el precio me compró todas. ¿Sabe cuánto me pagó?, me parece que cien sucres por cada pieza, pero en total recibí cuarenta mil sucres.

Con ese dinero enseguida compré un burrito para traer leña, la tierra y arena de la quebrada, porque la gringa me contrató que haga más y las lleve a Cuenca en dónde ella había tenido su negocio.


Para entregar en Cuenca llevé más de ciento veinte piezas y la gringa me pagó ciento veinte mil sucres.  ¡Dios mío!, con ese dinerito compré el lotecito que tengo ahora y otras cositas para la casa.

Así se promocionó el barrio Cera, pero los turistas que venían a visitarnos no identificaban el lugar por


lo que le propuse al presidente del barrio levantar un monumento colocando una olla bien grande, más él me tildó de loca.  No quería, no sé por qué.  Pero, no desmayé en el proyecto y junto a un grupo de dieciséis mujeres del lugar, conseguimos el permiso del I. Municipio de Loja y solas comenzamos la obra. Cuando el presidente del barrio nos quiso mezquinar, no pudo.

En febrero del año 2000, fundimos el piso y en la noche nos amanecimos cuidando para que la gente mal intencionada no la destruya.  Como estábamos en la temporada de invierno y el mes de febrero llueve mucho, no podíamos elaborar la olla con barro, entonces la hicimos de cemento y la forramos con tiestos. ¡Mire, quedó muy bien! 

Termina nuestra conversación contándome que en el año 2012 junto a Mónica Uzho, Marlene Lituma,  Yenny Guamán y Celso Veliz, viajaron al Perú para aprender nuevas técnicas, terminados, modelos y renovación de arcillas en la elaboración de las ollas

Durante quince días estuvimos intercambiando experiencias con los alfareros de los pueblos de Chulucana y La Encantada.  Viajamos allá, con el apoyo de la fundación Sol dirigida por un Suizo.

 

Loja, 1 de marzo de 2021

sábado, 13 de febrero de 2021

CUADRAGÉSIMO ANIVERSARIO DE CANTONIZACIÓN DE YANZATZA

 


Datos que escribimos hace 35 años sobre Yanzatza en Zamora Chinchipe

 (…)  Por su densidad poblacional y el continuo desarrollo socio – económico, esta ubérrima región se sitúa como el segundo cantón de la provincia de Zamora Chinchipe, el mismo que con el esfuerzo mancomunado de sus hijos, día a día prospera más.

Los pobladores en su mayor parte son provenientes de las provincias de Loja, El Oro y Azuay; gente humilde cuyo origen social es fácil identificar: comerciantes y agricultores que no poseían tierras; en otros casos, la sequía  que azotó los campos del Puyango en los años 1950, 1951 y 1952 y en todo el cordón fronterizo de la provincia de Loja en el año de 1964 y más acentuado en 1968, hizo que los valles del Zamora y Nangaritza reciban en su seno a centenares de emigrantes que hoy constituyen las fronteras vivas de nuestra soberanía nacional.

 

PRIMEROS COLONOS EN YANZATZA

Conversaciones personales realizadas con antiguos colonos que aún viven en esta zona, han hecho posible recoger algunos datos y nombres de personas, que a no dudarlo constituyen el cimiento de la historia de nuestra patria chica.

Manifiestan que, venciendo las dificultades e inclemencias del tiempo, navegando el río Zamora aguas arriba, llegan hasta las inmediaciones de Yanzatza y Chimbutza, antiguo dominio de los jíbaros Martín Ayuya, Carlos Shakay y Andrés Inkasuy.

Los primeros colonos que se ubicaron en estas hermosas e incomparables tierras son, entre otros, los siguientes: José Arcentales, Jacinto Quezada, Aurelio Quezada, Honorio Arias, Ángel Sarango, Ramón Sarango, Juan Merino, Segundo Loja, Albino Romero, José Carrión, Antonio Torres, Edmundo Lañón, Julio Arias, Luis Fajardo, Agenor Aliaga, Ramón Briceño, Vicente Caillagua, Luz Escaleras, Adolfo Pinto, Celso Torres, Francisco Sandoval, Zoila González, Leonilo Apolo, Claudio León, Armando Arias, Wilson Arias, Roberto Carrión, Víctor Barba, Germán Morocho, Pablo Luna, Porfirio Tene, Amable Tene, Frainuma Tene, entre otros, cuya omisión resulta involuntaria.

COLONOS EN LOS BARRIOS ALEDAÑOS

Piedra Liza.- 1960: Ángel Sarango, Francisco Tinitana, Salustino Padilla, Luis Rubén Vicente,  Mercedes Chuquimarca.

Los Hachos.- 1960: Celso Guayllas, Lino Guayllas, Vicente Placencia, y los shuar Joaquín Tiwi y Anduasha.

Chimbutza.- 1963: Agustín Medina, Juan Alulima, Segundo Bautista, Ismael Romero, José Zúñiga y los shuar Carlos Shacay y José Jimbit.

Montalvo.- 1964: Moisés Ojeda, Avilio Tene, Manuel Vanegas y otros.

La Floresta.- 1969: Segundo Pullaguari, Luis Villavicencio, José Carrillo, José Morocho,  y las familias Caillagua, Pullaguari, Jumbo y Ramón Wachapa (shuar).

La Florida.- 1970: Víctor Lima, Floro Morocho, Secundino Merino y Porciano Cañar.

Pitá.- 1971: Heriberto Castro, Juan Chalán, Lizardo Montaño, Joaquín Faicán, Elías González, Efraín León y Vicente Zamareño (shuar).

CANTONIZACIÓN


Dada la extensión territorial que posee, como el progreso socio-económico y cultural, los líderes y máximas autoridades parroquiales de Yanzatza, en coordinación con el I. Municipio de Zamora, en 1974 elaboran el primer proyecto de cantonización.   Para comprometer al gobierno de ese entonces, proponen que se denomine cantón “General Guillermo Rodríguez Lara”.

El segundo proyecto es elaborado en mayo de 1979; pero ambos fracasaron por la oposición realizada por el cantón Gualaquiza de la vecina provincia de Morona Santiago, quienes aducían que los límites provinciales de Zamora Chinchipe no eran el río Chuchumbletza, sino el río Chicaña.

Una vez superada esta controversia limítrofe entre las dos provincias, en el mismo año 1979 es preparado el tercer proyecto, al que en recordación al primer Mandatario que visitó e impulsó el desarrollo de Zamora Chinchipe, mocionan que debe llamarse cantón “Dr. Carlos Julio Arosemena Monrroy”.  Las copias de este documento fueron entregadas al Ab. Jaime Roldó Aguilera, Presidente Constitucional electo en ese año; al Dr. Carlos Julio Arosemena, ex Presidente de la República y en ese entonces Representante Nacional; y, al Prof. Gustavo Valdivieso Egas, representante de nuestra provincia.

Con una modificación al proyecto, realizada por el Prof. Gustavo Valdivieso en lo que concierne al nombre del cantón, es decir en vez de “Dr. Carlos Julio Arosemena” por el nombre autóctono de “Yanzatza”, es presentado a la Cámara Nacional de Representantes en el mes de octubre de 1979 para su respectivo estudio y aprobación.

En el mes de febrero de 1981, haciendo un homenaje a la Amazonía Ecuatoriana y reafirmando más nuestra soberanía nacional frente a los últimos acontecimientos  que vivió nuestra patria, con la pretendida invasión de los destacamentos de Paquisha, Mayaycu y Machinaza por parte de nuestro secular enemigo del sur, el Plenario de la Comisión Legislativa Permanente, aprobó la creación del cantón Yanzatza y el 20 de febrero del mismo año firmó el ejecútese el Ab. Jaime Roldós Aguilera, Presidente Constitucional de la República.

 


Referencias tomadas del libro: EL VALLE DE LAS LUCIÉRNAGAS, publicado en 1986, página 27, 28, 53 y 54.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

martes, 26 de enero de 2021

EL ABUELITO TEODOSO

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador

Mi efusivo saludo a la parroquia Santiago en su Fiesta del 30 de enero.


En 1993, en el folleto “Cuentos folclóricos de Santiago”, publicamos una tradición correspondiente a la parroquia del mismo nombre en el cantón Loja, con el título: La Banda de músicos “San Vicente”.   Como es lógico, mencionábamos los nombres de algunos músicos de esta parroquia, y entre ellos se hablaba de la valía de don Teodoso Montoya, quien, a más de ser maestro de capilla, director de la banda de músicos de Santiago, fue el propulsor de la adquisición del melodio para la iglesia.   En la actualidad el indicado instrumento musical constituye una reliquia cultural no solamente de Loja, sino del Ecuador, ya que son pocos los existentes en el país.  

Han transcurrido 17 años y con gran sorpresa nos visita don Luis Lozano Montoya, profesor del Instituto Nacional Mejía en la ciudad de Quito y nieto del personaje en referencia.   Dice que se siente muy alagado que hayamos mencionado el nombre de su abuelo en ese relato y que además quiere aportar más datos.  

Mi abuelo era alto, blanco y de contextura delgada, murió joven aún –dice-.   Fue músico, autor y compositor.   Escribía música popular y sacra.   Era maestro de capilla, por esta razón él sugirió al sacerdote de ese entonces que adquiera el melodio para la iglesia de Santiago.   Cuentan que en ese entonces no había carreteras, por lo que lo trajeron a lomo de mula desde la ciudad de Cuenca en 1915.   El melodio es de fabricación francesa.   Instrumentos como ese ya no hay en ninguna parte.


 La Banda de Santiago –continúa– con la dirección de mi abuelo llegó a su máximo apogeo, porque los arreglos musicales los hacía él y luego distribuía las partituras a los músicos para ejecutar sus instrumentos en las diferentes fiestas de los pueblos donde eran invitados.  

De niño recuerdo haber hojeado un libro de música sacra y popular escrito por él; era un manuscrito de unas trescientas hojas de partituras; pero allí había un dato curioso, constaban las notas musicales de su última canción que había escrito en la parroquia de Guanazán, provincia de El Oro.   Con esa obra cerraba las páginas del libro.  

Mi abuelo fue multifacético y autodidacta, ejecutaba algunos instrumentos.   Él les enseñó música a algunos paisanos.   Conocí a muchos de ellos, por ejemplo: a don Julio Viñamagua, Carlos Villavicencio que tocaba trompeta; y a Juan Medina quien tocaba el bombo y no sabía leer ni escribir (en nuestro idioma), pero tenía la habilidad de leer partituras musicales y con ello podía ejecutar su instrumento en cualquier banda de músicos del mundo.

Vea usted, la música en Santiago es una herencia cultural que viene junto a determinadas familias, entre las que más han sobresalido son los Montoya, por ejemplo: Francisco Montoya; Benito Montoya, Abel Montoya; Rosendo Montoya; Julián Montoya, Delfín Montoya, Deifilio Montoya, Daniel Montoya y en la actualidad: Wilson Montoya, director de la Banda “Los Latinos” y entre los integrantes constan sus hijos: Omar, Héctor, Wilson y Alibar.

¡Antes de que se despida, me queda una curiosidad, le digo a don Luis Lozano!, ¿de dónde vienen los Montoya?, y él, muy seguro me responde: ellos vinieron de Colombia en calidad de soldados en los ejércitos de Sucre y seguramente se casaron con las nativas de Santiago y se quedaron aquí.   Desde allí fue creciendo la familia.    ¡Los Lozano y los Montoya tenemos ascendencia colombiana!, termina sonriendo.

 

Tomado del libro de leyendas y tradiciones: CÁNTARO DE ETERNIDAD Tomo 2, publicado en el 2013, página 61.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.

 

domingo, 10 de enero de 2021

YO LO CONOCÍ A NAÚN BRIONES, dice don Eloy Efraín Rivilla

Leyendas y tradiciones andinas / Loja – Ecuador


 





Nací en San Antonio de Catacocha, crecí en Cangonamá, y actualmente vivo en Santa Rufina, manifiesta muy sonriente don Eloy Efraín Rivilla, un anciano que dice haber nacido el 5 de abril de 1905.   Don Eloy, pese a sus años de edad, con mucha lucidez nos proporciona algunos datos inéditos de Naún Briones.

Fuimos compañeros en la escuela de Cangonamá  –dice-    Haya sido por 1912.  Nos sentábamos en la misma banca.   Nuestro profesor fue don Antonio Córdoba.   En ese tiempo no éramos más de veinte alumnos en toda la escuela.   Estuve hasta el tercer grado.   Naún no sé si terminó.   Nuestros compañeros fueron: Carlos Bustos, Amadeo Bustos, Emilio Bustos, Aparicio Loayza, Manuel Chamba, Segundo Campoverde, Lautaro Briones, entre otros.   La escuela era una casa de bahareque, con una pieza bastante grande en donde entrábamos todos los alumnos.  Había una sola mesa para el profesor, algunas bancas largas de madera y un pizarrón bastante tosco, hecho por los mismos padres de familia.   La “casa de escuela” como la llamábamos en ese tiempo, ya no existe.

Naún era buen compañero, se llevaba con todos.   La mamá se llamaba Etelvina Briones, ella tenía dos hijos más: Gilberto y Honorina; decía la gente que eran hijos de don Horacio Bustos.   La Honorina se casó con su primo Manuel María Bustos, y Naún supe que se casó en Sozoranga y tuvo un hijo.   Honorina falleció antes que Naún; Gilberto después.

Como la mamacita de Naún era bastante pobre, vivía con sus padres, don Daniel Briones y la señora Betzabé Salcedo, quienes solamente tenían un pequeño terrenito en la población.

 

Naún le robó unos aperos a su tío

 

El primer robo que hizo en Cangonamá, fue a su mismo tío, don Abel Salcedo.   Se sustrajo unos aperos, la montura, los estribos y los frenos de una mula, para ensillar la suya, que también se había robado.    Haciendo esto desapareció, y cuando venía a visitarle a su mamá, lo hacía a escondidas.

En una ocasión, yo con un sobrino que ya era joven, estábamos dándonos una vuelta en la calle a eso de las ocho y media de la noche, cuando de pronto nos enteramos que a Naún lo iban a capturar, en la casa de su abuelo.

Llegamos a la casa, y de la puerta lo vimos a Naún dentro de una pieza, muy tranquilo conversando y puesto un poncho guanaco.   ¡Nos saludamos!   Entraba uno, entraba otro.   En eso alguien dijo, ¡llamen a don Baltasar Carrión!, para que lo capture, entiendo que en ese entonces en Cangonamá no había policía, y él era la única autoridad.    En eso llegó don Ezequiel Espinosa, lo cogió del brazo a Naún y salieron a la tienda de su propiedad.   Vino don Baltasar Carrión acompañado de dos más y preguntó ¿En dónde está Naún?   Ezequiel le dijo, conmigo caminó hasta la tienda, le regalé una cajetilla de cigarrillos y se fue.   ¡Eso dijo don Ezequiel!   Esto fue en 1927, recuerdo.   Desde esa fecha, volvimos a encontrarnos en Sullana.

 

Lo mató a su primo Adalid

 

No pasó mucho tiempo, se enteraron que Naún estaba en el barrio Utumine, cerca de Cangonamá.   Las autoridades organizaron un buen grupo de personas para ir a capturarlo, y entre ellos iba su primo Adalid, hijo de don Abel Salcedo.

Contaban los que fueron en ese grupo, que lo encontraron bebiendo en la casa de un amigo y entonces le dijeron: ¡Naún, te rindes o te llevamos preso!  Querían entrar y Naún con mucho aplomo les dijo:  ¡Carajo, no se metan!   ¡El que entra aquí, sale muerto!   Adalid, hijo de don Abel Salcedo, como se sentía perjudicado por el robo de los aperos de su padre, y confiando que su primo Naún no le iba a hacer nada, comienza a entrarle de filo por la puerta.   ¡Adalid, no te metas! Dizque le dijo.   A las tres veces, como no escuchó, le descargó un tiro.   ¡Lo mató!   Esa fue la primera muerte que hizo.   Lo cogieron preso, pero él se salió de la cárcel de Loja me parece.

 

Naún me regaló cinco soles

 

En enero de 1929, Naún me encontró en Sullana y apenas me vio me dijo: ¡hola Eloy! ¡Qué haces por aquí! ¿Qué te pasó?  Le contesté ¡nada!   Él bien incrédulo continuó: ¡no, algo te ha pasado! Por eso vienes por aquí.   ¡Me vine a trabajar y conocer el Perú!, le dije.  Estoy trabajando donde don Martínez, en talabartería.   Anda el sábado al hotel Chunguá para conversar -me dijo- ahí estoy hospedado.

Llegó el sábado y me fui al hotel.   Ahí lo encontré.   Conversamos bastante, pero me aconsejó que no me quedara más tiempo en Sullana.   Sacó del bolsillo de su pantalón cinco soles y me regaló.   Yo contento porque en ese entonces un sol valía tres sucres.   ¡Era bastante plata!   Entonces con ese dinero y lo que había ganado trabajando, me fui a conocer algunos lugares: Lagunita, Negritos, Talara, Piura, Chulucana y Moropó.

Yo también le pregunté ¡qué es lo que hacía en Sullana!, y él me contestó, vine por aquí, porque me escapé de la cárcel.  Voy a estar unos días y lo más pronto ya me voy.

Desde ahí no lo he vuelto a ver.

 

Deifilio Morocho lo hirió

 

Posteriormente a Naún lo atacaron en un sitio llamado la Merced, perteneciente a Buena Vista.   Ahí lo emboscaron.   En Cangonamá le escuché al Mayor Deifilio que dijo: “Naún logró esconderse en un bordo alto.  Yo le disparé detrás de un árbol.   La Divina Providencia lo salvó, se quedó herido solamente en una pierna”.   Esto debió haber sido en 1930.

De los compañeros de la banda de Naún, solamente lo conocí a un señor Ochoa, era conocido, pero no muy amigo de mí.

 

Las familias de Cangonamá en 1920

Las familias que vivían en ese entonces en Cangonamá, eran: Loayza, Bustos, Carrión, Briones, Espinosa, Hidalgo, Ríos, Morillo, Castillo, Aguirre, Guevara y otras.

 

 

P.D.

Se cumplen 86 años de la muerte de Naún Briones.   Falleció a la edad de 33 años, el día 13 de enero de 1935, en el sitio Piedra Liza, cerca de la ciudad de Sozoranga en la provincia de Loja.

 Tomado del libro de leyendas y tradiciones: NAÚN BRIONES, 3ra. Edición, 2015, página 25.

Autor del libro: Eduardo Pucha Sivisaca.