miércoles, 27 de abril de 2011

CHUQUIRIBAMBA: Las escaramuzas

FIESTAS EN CHUQUIRIBAMBA

 
LAS ESCARAMUZAS
Las escaramuzas son unas de las pocas distracciones folclóricas que se mantienen y se dan en la provincia de Loja, y que gracias a la tradición y la fe religiosa, se han popularizado en nuestro pueblo desde 1924.
Se trata de un rodeo criollo que con el pasar del tiempo ha ido tomando características tan originales y propias, que la realizan todos los años la última semana del mes de abril, los devotos de “San Vicente Ferrer”, como una “promesa de fe”.
Este singular espectáculo se inicia así: el guía principal de la escaramuza, con anticipación prepara a su gusto escenas y coreografías costumbristas, acontecimientos históricos y acrobacia sobre los caballos. Lo infaltable de todos los años es la formación de las 16 letras que componen el nombre del santo, y que los jinetes se esmeran por hacerlo mejor.
El día domingo luego de terminada la misa, con la gran bulla de cohetes y en una multitudinaria procesión encabezada por las bandas de músicos, entonando cada una canciones alegres, toda la gente del pueblo la traslada a la imagen de San Vicente Ferrer hasta la pampa de Cocheturo, y tras la procesión se enfilan más de un centenar de caballos bien aperados y adornados con atavíos diferentes, así como sus jinetes, de acuerdo a su posibilidad económica.
Los jinetes, bajo la dirección de sus guías se ubican en las cuatro esquinas de la pampa y en forma elegante y caprichosa cada uno demuestra sus destrezas en la presentación que hacen ya en trote, así como en carrera, dando colorido a la coreografía preparada.
Por otro lado están los “disfrazados”: monos, osos y negras, que con una olla de colada de harina de maíz, con la cuchara “mama” les echan o les frotan a todos los curiosos e impertinentes que cometen el desorden y los amontonamientos. Esta es una forma tan original de controlar el orden a fin de proveer el espacio adecuado por donde tienen que correr los jinetes.
Mientras se realizan las carreras que duran aproximadamente dos horas, al finalizar, comienzan los jinetes a sacar de sus alforjas: naranjas, maduros, limones dulces y manzanas que llevan para lanzar al público. Es un espectáculo maravilloso. Los niños y aún los ancianos se forcejean por coger una fruta. En algunas ocasiones lanzan al público hasta aves de corral, y ahí es más llamativo el espectáculo.
Mientras tanto los priostes de la fiesta se ubican con ollas grandes llenas de “aguado de leche” (mezcla de leche con panela y aguardiente) en algunas esquinas de las calles del pueblo y en la pampa de Cocheturo para brindar a todos los concurrentes sin distinción de clase, edad ni sexo.

ORIGEN DE LAS ESCARAMUZAS
No se conoce con precisión desde cuándo se realizan las escaramuzas en Chuquiribamba, pero de lo que se tiene datos concretos es que en 1924, el cura párroco Dr. Carlos Eguiguren R., mandó a tallar la imagen de San Vicente Ferrer, y para la celebración de la fiesta lo nombró como su síndico al señor Abelardo Puchaicela quien ocupó esta función por algunos años.
Junto a la devoción de San Vicente Ferrer en la celebración anual de sus fiestas, se popularizaron “las escaramuzas” o “carrera de caballos”; folclórica y tradicional distracción popular que se conserva hasta la actualidad, y que cada vez va tomando características muy originales. Se dice que esta distracción popular la realizaban en la parroquia de Malacatos hace unos 50 años; en la actual parroquia de Chantaco hace unos 25 años; y en Gualaceo perteneciente a la provincia del Azuay hace unos 9 años pero en todos estos lugares con características diferentes.
El síndico de la fiesta de San Vicente Ferrer, nombra un “alcalde de escaramuzas” (dignidad honorífica muy solicitada), el mismo que se encarga de la organización del evento que se realiza el último domingo del mes de abril de cada año; éste nombra a los “guías principales” y éstos con algunas semanas de anticipación comienzan a preparar el espectáculo consistente en coreografías costumbristas e históricas, para representarlas en público en la pampa de Cocheturo. El día de la presentación se suman jinetes hombres y mujeres, con sus respectivos caballos, de todas las parroquias aledañas como una “promesa de fe y devoción”. Muchos de ellos lo hacen por un determinado número de años, en tanto que otros por toda la vida.
El día de las “escaramuzas”, desde la iglesia matriz del pueblo, millares de feligreses en procesión conducen a la imagen de San Vicente Ferrer hasta la tradicional pampa de Cocheturo. Encabezan la procesión las bandas populares de músicos del lugar entonando ritmos alegres, y tras la procesión se enfilan centenares de jinetes con sus respectivos caballos para participar en las esperadas “escaramuzas”.
El evento dura de 90 a 120 minutos, y mientras se desarrolla el espectáculo, los organizadores reparten “aguado de leche” a todo el público, las bandas de músicos entonan constantemente melodías alegres, y los pirotécnicos revientan cohetes y lanzan globos al espacio, mientras que por otro lado las negras disfrazadas y los payasitos entretienen a los niños. Unos 15 minutos antes de finalizar el espectáculo, todos los jinetes mientras cabalgan sus caballos, de sus alforjas lanzan al público: naranjas, limones dulces, mandarinas y manzanas, en cantidades considerables.
Desde 1924 hasta la presente fecha se han desempeñado los siguientes “alcaldes de escaramuzas”: Luis Bautista, Rosa Agüinsaca, Aniceto Guachanamá, Martín Buri y David Tambo; y como “guías principales”: Víctor Pucha, Segundo Tene Valle, José Guachanamá, Pío Puchaicela, Manuel Puchaicela, Lauro Guachanamá, David Tambo, entre otros.

ESCARAMUZAS LEVANTAN POLVAREDA

Estoy muy contenta observando este maravilloso espectáculo que aquí llaman “las escaramuzas”. Es hermosísimo. Esto no se ve en otros lugares. Pienso que es único. Veo también gente que está repartiendo leche en vasos grandes a todas las personas que están en la fiesta. Es maravilloso en cuanto a conservar la tradición y las costumbres del lugar” –manifestó- una de las turistas que visitaban Chuquiribamba en las fiestas del 30 de abril.
¿Qué son las escaramuzas?
Es un rodeo criollo a caballo que con sus jinetes bien ataviados, con disfraces llamativos, corren cerca de dos horas en la extensa pampa de Cocheturo representando coreografías costumbristas en honor a “San Vicente Ferrer” todos los años.
Este singular acontecimiento que se ha constituido como único en la provincia de Loja, lo hacen sus devotos como una “promesa de fe” y participan espontáneamente vecinos de las parroquias: Santiago, Taquil, Chantaco, Gualel, y los pobladores de los barrios de Chuquiribamba.
Se congregan cerca de unos doscientos jinetes entre hombres y mujeres, con sus respectivos caballos, a los que también los lucen de acuerdo a sus posibilidades económicas.
Preparativos:
Don José David Tambo Morocho, “alcalde de escaramuzas”, nos cuenta que para la realización de este evento en el presente año tiene listo 1500 litros de leche, 500 panelas, 2 libras de canela, 4 latas de aguardiente (64 litros), 90 sacos de naranjas, limones dulces, y manzanas, (en tres camionetas), una gruesa de cohetes (140 unidades), dos docenas de globos y comida suficiente para brindar a todos los participantes y allegados.
El acontecimiento
Una vez que han ingresado a la pampa, los jinetes que van adelante desenrollan una pancarta de tela de unos 10 metros de largo, con la inscripción en letras bien grandes que dice: “VIVA SAN VICENTE FERRER”. Luego de entonar el Himno Nacional inician las carreras representando diversas coreografías, hasta que en un momento forman curiosamente las 16 letras que dicen SAN VICENTE FERRER.
Aguado de leche
Desde las primeras horas de la mañana, toda la gente de la parroquia hace llegar la leche correspondiente a la ordeña de ese día, para que el “alcalde de escaramuzas” prepare el “aguado de leche” para convidar a todos los turistas y moradores del pueblo.

domingo, 27 de marzo de 2011

HASTA PRONTO... ÁNGEL

Por: Eduardo Pucha S.


“Aquellos que tú crees que han muerto, no han hecho más que adelantarse en el camino”


¿Qué es la vida?, ¡una ilusión, una sombra, una ficción! Así se interrogaba Calderón de la Barca, y en otro momento se respondía, ¡La vida es un sueño y en cenizas le convierte la muerte!

Qué difícil resulta entonces, entender y explicar este fenómeno que se da en el trajinar de nuestra vida; el destino del hombre, es morir, y el morir es tan natural, como lo es el nacer.

Estoy aquí, para encarnar el duelo de cuatro generaciones en la familia y el pueblo de Chuquiribamba; porque hablar de Ángel Benigno, es hablar de uno de los más representativos y decanos que aún lo hemos podido conservar en la familia Pucha, es hablar de la representación viva de la sabiduría y la experiencia, es hablar de un libro abierto a la vida. ¡Pero lamentablemente se nos fue!

Ángel era la esencia pura del trabajo, la solidaridad, y el deber; la esencia del amor sublime a su esposa e hijos. Era ese alguien de nobleza transparente.

¡Físicamente ya no lo veremos más! Vamos a extrañar sus pasos por nuestras calles y caminos que le eran cuotidianos. Vamos a extrañar su presencia en todos los lugares que le eran comunes. Queda un vacío grande en su casa y en este lugar sagrado, en donde religiosamente todos los domingos escuchaba los sermones en la misa. Se nos va quien como buen católico, por muchas ocasiones fue: regidor, gobernador y alcalde de obra de la iglesia; se nos va quien fue prioste y devoto de la virgen, el niño Dios y los santos de la iglesia. El paso por este escenario, hizo de Ángel un hombre generoso e integro. Nació hace 97 años y durante todo ese tiempo recorrió el campo, los caminos y las calles de nuestro pueblo. ¡Hoy se quedan yermas, lúgubres y vacías!, pero impregnadas de la huella imborrable de la sencillez y humildad de un hombre dedicado al amor al servicio y al trabajo.

La muerte llegó a nuestra casa; pero ésta, no es más que un descanso para el cuerpo y el inicio de una nueva vida. Tu alma está viajando a la eternidad y tu cuerpo pronto se confundirá en la mansión de los espíritus que descansan en paz; pero el recuerdo de tu vida y las virtudes que te ennoblecieron, quedarán impregnadas en nuestros corazones. Tus siete hermanos y tus tres hijos, muy regocijados te están esperando en el cielo con ramos de olivo y coronas de flores, para seguir compartiendo la felicidad que la tuviste en la tierra junto a los tuyos. “La vida nos ha sido dada para buscar a Dios, la muerte para encontrarlo y la eternidad para poseerlo”. Estamos ahora aquí, familiares y amigos, muy acongojados para despedirte en tu viaje final.

Ángel Benigno: me resisto a decirte adiós; solamente quiero despedirme: ¡hasta luego! Te adelantaste en el camino, pero de seguro, que muy pronto estaremos en donde moran las almas sinceras, puras y nobles.


Loja, 17 de febrero de 2011

martes, 15 de febrero de 2011

CATAMAYO: El museo de Ishpingo

EL MUSEO DE ISHPINGO


Por: Eduardo Pucha S.

Esto de coleccionar antigüedades es mi entretenimiento, por eso cuando me muera, quiero que me pongan en el ataúd, las piezas arqueológicas y los billetes de mi colección. ¡Feliz me voy a la tumba!
Duermo y sueño coleccionando. Por eso estoy adecuando este pequeño museo que se llama “Camino del Inca”.
¡Amigo!, vea usted, vienen los gringos y se llevan todas las piezas arqueológicas que encuentran; por eso me decidí a coleccionar las piezas antiguas que aún se quedan aquí. Quiero que se conserven en nuestro país. Este entretenimiento de coleccionar antigüedades empezó hace unos 15 años, al inicio no lo tomé en serio, pero poco a poco fui encariñándome y cuando salí a Loja conocí a don Julio Palacios, Celso Palacios, Benjamín Hidalgo, Tulio Bustos y otros, y a través de sus conversaciones me di cuenta del valor que había tenido el trabajo en que emprendí.
¡Mire!, lo que tengo en estos estantes: imágenes religiosas talladas en madera del tiempo de la colonia, monedas antiguas que las utilizaron los españoles cuando vinieron a colonizarnos, monedas y billetes de todos los países del mundo, piedras múchicas de nuestros aborígenes, las hachas de piedra de los Paltas, el yugo, el arado, las árguenas de cuero, bateas de madera, lámparas petromax, reverberos, relojes con péndulo, planchas, cuadros, teléfonos, escopetas, cerámica primitiva, etc.
En una esquina están unas piedras largas y puntiagudas de regular tamaño, cuenta que las trajo de Quilluzara. En una esquina de su casa observo una piedra grande casi cuadrada que en uno de sus costados se ve en líneas color rojizo la silueta de la virgen. ¡Sorprendido le digo!, esta piedra estaba colocada en la cerca del camino que colinda con los terrenos de la señora María Sinche, allá en Chantaco. La gente de ese lugar la conocía como “La virgen de la Piedra”; Ishpingo un poco titubeando me responde, efectivamente, es la misma. Yo me la traje de ahí hace cinco años.
-Continúa- ¡Verá! Yo soy de Chantaco. Ahora tengo 46 años de los cuales 10 viví en mi tierra, 5 aquí en Catamayo, 7 en el barrio Cera, 7 años en Loja, y ahora estoy aquí en el Guayabal.
Volviendo a lo de la piedra, ésta la conocí de niño. Cuando tenía 7 años recuerdo que mi mamá le adornaba con flores del jardín y silvestres. Toda la gente del barrio la veneraba. Cuando tenía 40, mi mamá rompiendo el silencio de su secreto me confesó que la señora María Sinche es mi abuela. Entonces sabiendo eso, con más confianza fui donde ella con un agrado, y le pedí que me regale la piedra, a un inicio no quiso, pero al fin cedió y dijo ¡llévatela pues!
Entonces, fui un día a Chantaco llevando un camión “dos cincuenta” con el propósito de traerla a la piedra. Solicité a la gente de allá que me gane en calidad de peones, pero no querían, porque decían que la Piedra es del barrio. Tuve que ofrecerles trago y guarapo, buena comida y pagarles 10 dólares a cada uno para que acepten. Entonces nos fuimos hasta el camino en donde estaba la piedra, movimos la cerca y luego haciéndola rodar la cargamos al camión. ¡El hecho es que me la traje!, y cuando ya la subí al carro, los moradores del lugar me decían: ¿quién te la dio a la piedra?, ¿por qué te la llevas? entonces yo respondía, ¡mi abuelita me la regaló!
La gente parece que tenía resentimiento por lo que había hecho. Pero, bueno, a la Virgen de la Piedra” ahora la tengo aquí y pienso hacerle un pedestal para colocarla en un lugar vistoso a que los peregrinos que van a visitar a la “Churonita” en El Cisne, también la vayan mirando a mi “Virgen de la Piedra”.
¿Qué peso tiene la piedra?, le pregunto, y él sonriendo me responde, ¡Ave María!, debe tener cerca de una tonelada, es recontra pesada, para sacarla a la carretera fue bien difícil, la hacíamos rodar cuatro metros y descansábamos, continuábamos empujándola con palancas y barretas. Pasé un día con la gente, dándoles fresquito, colas, sánduches, con la finalidad de traérmela.
Don Juan Agüinsaca, alias “Ishpingo”, ahora vive en El Guayabal, tiene una pequeña casita cerca del puente, y se dedica comprar chatarra y a vender guarapo, rompenucas y leche de tigre.
Termina contándome que mucha gente que viene a visitar su museo, presume de su condición social, los títulos que poseen y cargos que ocupan. Es ahí es cuando me emputo y les digo: soy PHD, tengo dos masterados y soy ishpingólogo. Sorprendidos preguntan, ¿en dónde estudió?, entonces respondo, en la Universidad de La Calle.
Efectivamente, nos graduamos en esa Universidad quienes hemos sufrido, hemos sentido en carne propia el dolor, la pobreza, la explotación. Mi niñez fue eso: lustrabotas, vendedor de helados, gelatinas, mesero, en fin. Recuerdo que cuando trabajaba en un restaurant, cogía los huesos del cuarto de pollo que dejaban los ricos, los chupaba y ¡qué sabrosos los sentía! ¡Fue la pobreza y el hambre!, pero eso ahora me fortalece, me da fuerza. Lo importante es salir adelante.
Loja, 12 de febrero de 2011

sábado, 22 de enero de 2011

CHANTACO: ¿Y la piedra de la Virgen?

¿Y LA PIEDRA DE LA VIRGEN?


Por: Eduardo Pucha S.

Vino el Ishpingo, desbarató la cerca y se la llevó la “Piedra de la Virgen”, así comenta apenado Lizardo Buri. En el libro “Cántaro de Eternidad” editado en el año 2004, publicamos el relato bajo el título “La virgen de la Piedra”, que en una de sus partes decía lo siguiente: “En el camino de herradura que conduce desde Chantaco al barrio Cañaro, curiosamente en un cerco construido no se sabe cuándo ni por quién, en la parte posterior de una piedra de regular tamaño, está dibujada la figura de la Virgen, y que según sus vecinos y moradores dicen que es la del Cisne. El cerco se encuentra en los terrenos de la señora María Sinche. Ella tiene más de cien años de edad y cuando le preguntamos que desde cuándo la conoce a esta piedra, ella dice: “desde que era niña recuerdo que ya había el camino, el cerco y la piedra en donde está la Virgen. (…) De lo que podemos deducir, la figura de la Virgen dibujada en la piedra a la que nos referimos está en el mismo sitio más de cien años.” Después de diez años, regresamos al mismo lugar y ya no la encontramos a doña María Sinche. Su hijo Lizardo, dice, ella murió hace dos. ¿Y la piedra?, responde: ¡Caramba!, vino Juan Agüinsaca apodado El Ishpingo, hizo desbaratar la cerca y se la llevó ¿Por qué se la llevó?, insisto. Es que mi mamá le regaló. Como él venía siempre con agrados, con trago, y como ¡almas benditas!, a mi mamá le gustaba el traguito y la comida, aceptó. Ishpingo dijo, como ustedes no tienen platita para hacer una capilla, yo voy a construir en Loja, entonces se la llevó. Esto ya va para cinco años y desde ahí no ha vuelto. ¡No sabemos nada de él! Mi mamá le dijo: ¡Ishpingo!, te la regalo a la piedra para cuando me muera, reses por mí y quizá la Virgen me ayude a salir del purgatorio. ¡Creo que más por eso, le regaló! Además, cómo le podía negar, si era su nieto. ¡Oiga!, la piedra fue pesadísima, la llevaron dando vueltas entre unas veinte personas. Yo las conté. La sacaron a la carretera, bien arriba, para luego ponerla en un carro grande. Patalearon durísimo, pasaron casi un día en ese trabajo. Era linda y planchita, en la parte que estaba dibujada la imagen de Mama Virgencita, era bien licita. Cuando estaba chico, el finado Andrés Sinche y Mama Bernarda Agüinsaca, me dijeron: ¡José ¡ este camino que ves, lo dejamos bien ancho para que descansen los romeriantes cuando pasan con Mamita Virgen del Cisne. La Virgencita del Cisne, “la propia” venía desde El Cisne, por Guayllas, Chuquiribamba, Chantaco, y pasaba por aquí a Gonzabal, Chichaca y luego a la Toma, supongo. Los mayores decían que en una ocasión cuando pasaban los romeriantes, al medio día se habían sentado a comer en este camino, y de repente observaron en la piedra dibujada la imagen de la virgencita, ¡ahí en la piedra! Así conversaba Andrés Sinche con Mama Bernarda. Yo recuerdo que a la Virgen de la Piedra, al pie del cerco la gente le ponía bastantes flores en unas botellitas y en unos jarritos. Le rezaban y cantaban unos tonos bien bonitos. Era un novedón, siempre venían con quipes de flores, don: Ignacio Caraguay, Dioselina Pucha, Isauro Agüinsaca, mama Juana Tene y otros de Cumbe y Calucay. Ellos ya murieron . Todavía recuerdo cuando pasaba la virgencita por aquí, tres bandas de músicos tocaban, había danzantes y más disfraces. Los danzantes con cascabeles amarrados en los tobillos hacían sonar: chilín, chilín, chilín, mientras bailaban. Termina lamentándose don Lizardo Buri, como dueños de la piedra, ni una misita le hicimos pasar a la virgencita, ¡eso debíamos hacer! ¡Qué descuidados! No hicimos nada.

Loja, 27 de diciembre de 2010

sábado, 4 de diciembre de 2010

SANTIAGO: El abuelito Teodoso

EL ABUELITO TEODOSO

Iglesia de Santiago

En 1993, en el folleto “Cuentos folclóricos de Santiago”, publicamos una tradición correspondiente a la parroquia del mismo nombre en el cantón Loja, con el título: La Banda de músicos “San Vicente”. Como es lógico, mencionábamos los nombres de algunos músicos de esta parroquia, y entre ellos se hablaba de la valía de don Teodoso Montoya, quien a más de ser maestro de capilla, director de la Banda de músicos de Santiago, fue el propulsor para la adquisición del melodio para la iglesia. En la actualidad el indicado instrumento musical se constituye en una reliquia cultural no solamente de Loja, sino del Ecuador, ya que son pocos los existentes en el país.
Han transcurrido 17 años y con gran sorpresa nos visita don Luis Lozano Montoya, profesor del Instituto Nacional Mejía en la ciudad de Quito y nieto del personaje en mención. –Dice- que se siente muy alagado que hayamos mencionado el nombre de su abuelo en ese relato, y que además quiere aportar con más datos.
Mi abuelo era alto, blanco y de contextura delgada, murió joven aún –dice-. Fue músico, autor y compositor. Escribía música popular y sacra. Era maestro de capilla, por esta razón, él sugirió al sacerdote de ese entonces para que adquiera un melodio para la iglesia de Santiago. Cuentan que en ese entonces no había carreteras, por lo que lo trajeron a lomo de mula desde la ciudad de Cuenca en 1915. El melodio es de fabricación francesa. Instrumentos como ese, ya no hay en ninguna parte.
La Banda de Santiago –continúa- bajo la dirección de mi abuelo llegó a su máximo apogeo, porque los arreglos musicales los hacía él y luego distribuía las partituras a los músicos para ejecutar sus instrumentos en las diferentes fiestas de los pueblos a donde eran invitados.
De niño recuerdo haber hojeado un libro de música sacra y popular escrito por él; era un manuscrito de unas trescientas hojas de partituras; pero allí había un dato curioso, constaba las notas musicales de su última canción que la había escrito en la parroquia de Guanazán, provincia de El Oro. Con esa obra cerraba las páginas del libro.
Mi abuelo fue multifacético y autodidacta, ejecutaba algunos instrumentos. Él les enseñó la música a algunos paisanos. Conocí a muchos de ellos, por ejemplo: a don Julio Viñamagua, Carlos Villavicencio que tocaba trompeta; y a Juan Medina quien tocaba el bombo y no sabía leer ni escribir en nuestro idioma, pero tenía la habilidad de leer partituras musicales que con ello podía ejecutar su instrumento en cualquier banda de músicos del mundo.
Vea usted, la música en Santiago es una herencia cultural que viene junto a determinadas familias, entre las que más han sobresalido son los Montoya, por ejemplo: Francisco Montoya; Benito Montoya, Abel Montoya; Rosendo Montoya; Julián Montoya, Delfín Montoya, Deifilio Montoya, Daniel Montoya y en la actualidad: Wilson Montoya, director de la Banda “Los Latinos” y entre los integrantes constan sus hijos: Omar, Héctor, Wilson y Alibar.¡Antes de que se despida, me queda una curiosidad, le digo a don Luis Lozano!, ¿de dónde vienen los Montoya?, y él, muy seguro me responde: ellos vinieron de Colombia en calidad de soldados en los ejércitos de la Gran Colombia y seguramente se casaron con las nativas de Santiago y se quedaron aquí. Desde allí fue creciendo la familia. ¡Los Lozano y los Montoya tenemos ascendencia colombiana, termina sonriendo!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

SAN PEDRO DE VILCABAMBA: El Señor de la Caída

EL SEÑOR DE LA CAÍDA, ÚNICO EN EL ECUADOR

 

(Tomado del Libro Huellas, de la autoría de Eduardo Pucha)


Por el año de 1938, don Raúl Toledo había colocado una cruz a la orilla del camino, muy cerca de la población de San Pedro de Vilcabamba. Esta cruz permaneció por algún tiempo, hasta que por la acción de la intemperie se había destruido el brazo y que al final se cayó. Entonces la cruz ya no era cruz, era solamente un puntal, al que era una irreverencia rendirle culto. Dice don Segundo Erazo.
Al mirar esto, creí que en este lugar debía permanecer algo mejor. Entonces, en un viaje que realicé a la ciudad de Quito por el año de 1960, cuando pasaba por la “Veinticuatro” (Barrio Veinticuatro de Mayo) lugar en donde acostumbraban a presentar exposiciones, encontré una estampa de regular tamaño, cuya imagen representaba a Cristo caído.
La estampa me gustó y la compré para traerla a mi pueblo. Aquí le hicimos una urna para recaudar limosnas, con la finalidad de posteriormente hacer tallar su imagen.
No pasó mucho tiempo, con lo que recaudamos, nos fuimos a la ciudad de Loja donde un escultor llamado Ramón Febres (creo que aún vive) y convenimos en el precio. Nos cobró un sucre por cada centímetro tallado. ¡Como la imagen tenía 70 centímetros, entonces nos costó setenta sucres! Esto fue por el año de 1965.
Luego le construimos una capilla similar a la actual, en el mismo lugar en donde estuvo la cruz sin el brazo. Esta capilla era bien llamativa, tenía techo de teja y ventanas con vidrio catedral. Los romeriantes que pasaban a Yangana a la fiesta del “Señor de la Agonía” se quedaban a dormir ahí, para al siguiente día madrugar. Posteriormente, el I. Municipio de Loja construyó la actual.
La imagen que la veneramos en la capilla actual se llama “Señor de la Caída”, en recordación a la cruz que se le cayó el brazo y se quedó como un poste común y corriente.
Esta imagen con la que se identifica nuestro pueblo, llegó a tener mucha trascendencia por los milagros concedidos a sus devotos. Desde ese tiempo venían desde Santo Domingo de los Colorados y otros lugares del país, a pasarle la fiesta. De lo que conozco, El “Señor de la Caída” es venerado solamente en San Pedro de Vilcabamba, no hay otra imagen similar en todo el Ecuador.

jueves, 18 de noviembre de 2010

SAN PEDRO DE VILCABAMBA: Su iglesia tiene más de cien años

IGLESIA EN PIE MÁS DE CIEN AÑOS 

(Tomado del Libro Huellas, de la autoría de Eduardo Pucha)


Pocas referencias tenemos sobre la construcción de la iglesia de la parroquia de San Pedro de Vilcabamba, perteneciente al cantón Loja; sin embargo, de la conversación con personas de algunos años de edad, nos cuentan que a ellos también les contaron sus abuelos, que en un inicio construyeron una pequeña iglesia de bareque con techo de paja. Al transcurrir el tiempo ésta se destruyó y construyeron otra de similares características pero con techo de teja, ¡hace dos o tres siglos!, suponemos. Sus pobladores no satisfechos con ésta, sintieron la necesidad de construir otra en el mismo lugar, con más capacidad y de otros materiales, esto es: paredes de tapia y techo de teja, la misma que se mantiene en pie hasta ahora.
Cuentan que hubo discusión para la construcción de la iglesia; unos querían que fuera en el barrio El Panecillo; en tanto que otros alegaban para que se la construya en donde está hoy, en razón de que la edificación quedaría frente a frente sus puertas con la iglesia de Vilcabamba.
No recuerdan cuando, pero en ceremonia especial colocaron la primera piedra, cuya comisión estuvo integrada por la señorita Margarita Ojeda, Adriano Ojeda y el Dr. Julio Ojeda. La piedra, objeto de la ceremonia, la trajeron de los terrenos de don Teófilo Toledo en una yunta que la proporcionó don Segundo Guamán. Dicen que está colocada en el lado derecho donde se encuentra el altar mayor.
Una vez iniciada la obra, hombres, mujeres y niños en continuas mingas transportaban el material. La piedra acarrearon en yuntas desde el río Uchima; la madera desde los sitios, El Dudal y Cucharillos; y la tierra para los tapiales desde una loma que había en donde ahora vive don Máximo Lanche.
Así mismo recuerdan que la teja la transportaban desde el barrio El Chaupi; luego construyeron un horno propio para elaborarla ellos mismos, este lo ubicaron en donde actualmente es el convento parroquial.
Don Tiberio Ordóñez construyó la iglesia de Vilcabamba, y a este mismo albañil lo contrataron para que inicie los trabajos aquí. No sabemos cuando concluyeron la obra; pero sí se conoce que don Claudio González la terminó.
Se supone que comenzó su construcción a inicios del siglo XIX; fue remodelada en 1988, con la ayuda económica de don Julián Guamán, Segundo Erazo, Segundo Guamán, Luis Ochoa, entre otros, y la colaboración de los moradores del pueblo.
El día 23 de junio de 2006, con don Emilio León subimos a la torre de la iglesia. Ahí pudimos observar que de una viga cuelgan tres campanas y en la del centro existe una inscripción fechada con el año de 1890.